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SIETE AÑOS, DEMUESTRA MÁS

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SIETE AÑOS, DEMUESTRA MÁS
Así es que para la Corte de Apelación de Palermo, Marcello Dell’Utri es un mafioso. Después de cinco días de batalla para dictar sentencia , los magistrados más benévolos que él haya podido conocer han establecido lo siguiente: hasta 1992, primero en casa de Berlusconi, después en Fininvest, a continuación en Publitalia, ciertamente ha trabajado para Cosa Nostra (la vieja mafia de los Bontate y de los Teresi y la nueva mafia de los Riina y Provenzano) y al mismo tiempo para el “Cavaliere” de la construcción, financiero, editor, magnate televisivo.

Después de 1992, es decir, durante los años de los atentados político-mafiosos y del posterior nacimiento de Forza Italia (una idea suya), faltan las pruebas de que él  haya seguido haciéndolo para el Cavaliere político. Esto es lo que se puede decir, mientras se espera de conocer las motivaciones de la sentencia, dando una primera lectura del fallo.
Algunos sitios web y algún periodista (entre ellos, sorprendentemente, Sky –satelital-) se han afanado en sacar la conclusión de que “Spatuzza ha sido desmentido”: pero ésto no lo puede decir nadie hasta que no se conozcan las motivaciones. Es mucho más probable que los jueces hayan establecido, como debe de ser, que sus palabras - no confirmadas ni desmentidas – por si solas no son suficientes, sin verificaciones. Verificaciones que hubiera podido proporcionar Massimo Ciancimino, si los jueces Dell'Acqua, Barresi y La Commare se hubieran complacido de escucharlo, antes de decidir apodícticamente, sin siquiera haberle mirado a la cara, que es "poco fiable" y "contradictorio".
Verificaciones que ya existían antes de que Spatuzza y Ciancimino hablaran: además de las declaraciones más que verificadas de Nino Giuffrè y de otros colaboradores sobre el pacto de Provenzano-Dell'Utri, es precisamente sobre el período posterior a 1992 que los jueces han recogido la mayor cantidad de hechos documentados e incontrovertibles: las interceptaciones del mafioso Carmelo Amato, provenzanista de hierro, que hace votar por Dell'Utri en las elecciones europeas de 1999; las interceptaciones de los mafiosos Guttadauro y Aragona que organizan la campaña electoral para las elecciones políticas del 2001 y hablan de un pacto entre Dell'Utri y el jefe mafioso Capizzi en 1999; las agendas de Dell'Utri que registran dos reuniones en Milán con el jefe Mangano en noviembre de 1994, mientras nacía Fuerza Italia; la recomendación del joven jugador D'Agostino para una audición con el Milan, favorecido por los Graviano y propiciado por Dell'Utri; y más. Veremos en las motivaciones como los magistrados podrán pasar por encima de estas rocas.
Ahora, para Dell'Utri, la prisión se está acercando. El de ayer es el último juicio en mérito sobre su historia: queda el de la legitimidad en Casación, pero las esperanzas de salirse libre a través de una de las muchas escapatorias previstas por el ordenamiento de malla ancha de la justicia italiana son escasas. La prescripción, en lo que se refiere a un delito por colaboración en asociación mafiosa, agravado doblemente por el elemento de las armas y del dinero, entra en vigor pasados 22 años y medio desde la última fecha en que se cometió el delito: es decir, a partir de 1992. El cálculo es fácil de hacer: Si la Corte Suprema decide que el delito realmente se interrumpe en 1992, la prescripción estará en vigor en el 2014-2015, lo suficiente para que la Corte Suprema pueda confirmar definitivamente la condena a siete años. Los cuales no podrán ser descontados con el arresto domiciliario según la norma establecida por la ley ex Cirielli para los que tienen más de setenta años (Dell'Utri cumplirá 70 años en el 2011), porque no se aplica a los delitos de la mafia (de lo contrario estarían en casa, incluso Riina y Provenzano).
Si el Tribunal Supremo casase la condena sin remisión, Dell'Utri resolvería sus problemas. Pero también existe la posibilidad de que la Suprema Corte case la sentencia con reenvío, admitiendo el previsible recurso del Tribunal General contra la sentencia absolutoria por los hechos post 1992. En cuyo caso se celebraría una nueva apelación, pero para Dell'Utri: sería una amarga consolación: aplazaría solo de unos dos años el amargo caliz de la cárcel, ya que, alargando la duración del delito, se alargaría también el plazo de prescripción. Siempre que, por supuesto, no se despenalize la colaboración con asociación mafiosa.
Esta sentencia, por cuanto pueda ser cuestionable, compromisoria y también un poco astuta, ayuda un poco a entender la diferencia entre la verdad jurídica y la histórica, política, moral. Nadie en sus cabales podría creer, a la luz del fallo, que Cosa Nostra sea una mezcolanza de desequilibrados que educa un competidor externo, lo infiltra en su hogar y en las empresas de Berlusconi durante los años 70 y 80 hasta 1992 y después, justo cuando se vuelve más útil, es decir, cuando se inventa un partido que llena el vacío dejado por aquellos que habían garantizado larga vida a la mafia hasta ese momento, lo descarga o se deja descargar sin reaccionar.
Una banda de locos que durante un año y medio pone bombas y siembra el terror en toda Italia para pedir una nueva entidad política para reemplazar a los diezmados por Tangentopoli y por la crisis financiera y política de 1992, y cuando este sujeto político salta fuera del sombrero, no de uno cualquiera, sino del viejo amigo Dell'Utri, detienen las matanzas, votan en masa por Forza Italia, pero rompen las relaciones con el viejo amigo Dell'Utri, que ahora es senador y que está al lado del nuevo amo de Italia.
Los jueces más benévolos que Dell'Utri haya conocido jamás, tras cinco años de apelaciones y cinco días de deliberación, no han podido evitar confirmar que, al menos hasta 1992, hay pruebas insuperables (incluso para ellos), de la mafiosidad de Dell’Utri. Es decir, de ese hombre que se ha unido a Berlusconi en su escalada empresarial, financiera, editorial, televisiva. Y que en 1992-'93 ideó Forza Italia, en 1995 fue detenido por evasión de impuestos y en 1996 entró en el Parlamento para no salir más de él.
Entrevistado hace unos meses por Beatrice Borromeo para el “Fatto Quotidiano”, Dell'Utri ha cándidamente confesado: "A mi no me importa nada la política. Yo me he candidateado para no ir a la cárcel”. Entonces, mientras que los jueces de Palermo escriben las motivaciones, ahora la pelota pasa a la política. Una oposición decente, pero también una derecha decente, siempre que existan, deberían adoptar de inmediato dos iniciativas.
1) Detener a Silvio Berlusconi en el Parlamento con las preguntas a las cuales, ante el Tribunal de Palermo, apeló al derecho de guardar silencio. ¿Por qué en los años 70 se confió a Dell'Utri (y a Mangano)? ¿Por qué, cuando descubrió la mafiosidad de al menos uno de los dos (Mangano), no echó también al otro que se lo había metido en su casa (Dell'Utri), en cambio lo promovió a presidente de Publitalia y luego creador de Forza Italia? ¿De dónde llegaron los famosos capitales en busca de un autor de los años 70 y 80? También se podría agregar una nueva pregunta fresca fresca: el presidente del Consejo ¿es tal vez chantajeado o chantajeable también sobre estos hechos (ayer el abogado de Dell'Utri, Nino Mormino, hacía alusiones extrañas a como se prodigó su cliente hasta 1992 para "salvar a Berlusconi y sus empresas de la mafia")?
2) Exigir la renuncia inmediata de Marcello Dell'Utri del Parlamento. Lo de ayer no es un aviso de inculpación, una solicitud de encausamiento, un encausamiento, una sentencia de primera instancia: es la segunda y definitiva sentencia al respecto. ¿Qué espera la política para hacer las limpiezas de casa? ¿Que los carabinieros irrumpan en el Senado para agarrar al senador y llevarle a la cárcel del Ucciardone?

Por Marco Travaglio – 29 de junio 2010 – Il Fatto Quotidiano

 


 

 


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