malena Por Malena Sánchez, de Our Voice Paraná-15 de enero de 2020

“Arde Australia. No fueron los zombis, ni los extraterrestres, ni un villano con súper poderes. Fuimos nosotros. Y somos nosotros, todos los días”

Australia está en llamas. Diez millones de hectáreas, aproximadamente, han sido devoradas por el fuego hasta ahora. Diez millones de hectáreas que arrasaron con la vida de al menos mil millones de animales y decenas de personas. Un incendio ocurrido principalmente en la costa Este y Sur, una de las zonas más habitadas del país. Un incendio que destruyó el terreno australiano, con el koala declarado funcionalmente extinto y alrededor del 80% de su hábitat quemado; con especies en peligro de extinción, con diez mil camellos sacrificados con el argumento de que “consumen mucha agua y Australia vive la peor sequía de la historia” (cabe aclarar, sequía extrema a causa del cambio climático provocado por los seres humanos).

Fueron miles las personas que debieron ser evacuadas por el fuego que lleva ya cuatro meses y algunos días. Más de dos mil casas destruidas y decenas de personas desaparecidas. Una gran sequía, las temperaturas más altas de la historia, fuertes vientos, llamas de hasta setenta metros de altura, cielo rojo y un humo que llegó a Nueva Zelanda y comenzó a derretir los glaciares con una velocidad antes nunca vista.

Esto, señoras y señores, no fue producto de ningún villano de películas: esto es el cambio climático.

No cayó del cielo, no fue dictado por el destino ni fue una obra casual e inevitable: se aproximaba y se sabía, sobre todo los de arriba, pero nunca hicieron nada. Porque les duele tanto soltar el poder. Les dolió siempre. Y hoy se cobran las vidas de millones de seres en Australia y otros lugares del mundo. Vidas humanas e incontables animales y especies de plantas que nunca vamos a recuperar, que nunca van a volver a existir en este mundo destrozado por aquellos que no tienen otra cosa en la cabeza que el afán de ganar más y más.

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Entre todo el caos también hay personas dispuestas a luchar y enfrentar a los gobiernos y sectores de poder que todo lo destruyen. El pasado 10 de enero marcharon miles de personas en Sydney para pedir acción inmediata al gobierno australiano. Morrison, el primer ministro, mientras tanto, se tomaba unas vacaciones en Hawái en medio de los incendios. Sus palabras siempre fueron claras y firmes al defender su compromiso con la industria del carbón. Incluso, en el año 2018 declaró en el Parlamento mientras sujetaba un carbón en su mano: “Esto es carbón. No tengan miedo. No tengas miedo. Carbón”. Y acusó a la oposición de tener un “miedo patológico ideológico al carbón, una carbonofobia”. Su gobierno liberal y conservador siempre se caracterizó por ser negacionista del cambio climático y no implementar medidas para su mitigación. No obstante, la evidencia científica y las críticas hacia su inacción frente a la catástrofe australiana lo llevaron a reconocer el vínculo de los incendios y el cambio climático, pero, a pesar de ello, se niega a cambiar sus políticas medioambientales, eludiendo toda responsabilidad. ¿Se habrá olvidado que Australia es uno de los países con las emisiones de CO2 per cápita más altas del mundo? ¿Habrá olvidado su liderazgo en la minería o que su país está primero en la lista de exportaciones de carbón? ¿Se acordará que las emisiones de gases de efecto invernadero de Australia van en constante aumento? No creo que sean datos que Morrison ignore. Más bien, creo que al Primer Ministro australiano no le importa en absoluto ganar millones aumentando la extracción y venta de combustibles fósiles a costa de cualquier destrucción o daño ambiental, animal y humano, porque claro, la prioridad es proteger al lobby minero y a sus empresas mineras extractivistas en distintas partes del mundo.

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Es necesario remarcar la responsabilidad de la actividad humana frente a la crisis climática y exigir acción inmediata, sobre todo, a sus máximos responsables: los gobiernos, las multinacionales, los grandes terratenientes, los políticos, etc. Pero también es necesario el accionar individual en la medida de lo posible. Recientemente, famosos como Lewis Hamilton, Selena Gómez, Pink, Chris Hemsworth, entre otros, donaron millones de dólares para Australia. Joaquín Phoenix, ganador de un Globo de Oro al mejor actor, dio un discurso sobre el cambio climático y agradeció, igual que Leonardo Di Caprio, a la prensa extranjera de Hollywood por adoptar un menú vegano, reconociendo así la relación entre la agricultura animal y el cambio climático. "La comida que comemos, la manera en la que cultivamos y la forma en la que desechamos contribuyen de manera fundamental a la crisis climática" señaló Di Caprio. Las personas que tenemos acceso a la información tenemos la obligación moral de hablar y divulgar la crisis climática en todos los espacios posibles. Puede que no tengamos millones de dólares para donar o el poder mediático que tienen estos reconocidos actores y actrices, pero sí podemos hacer activismo, hablar con las personas, cambiar nuestros hábitos de consumo. No podemos, debemos. Por los que no tienen el acceso a saber ni a decidir, que son quienes más sufrirán -y ya están sufriendo- las consecuencias de la crisis climática que cada día se intensifica más.

Joaquin Phoenix

El cambio climático se aproximaba y lo sabíamos, sobre todo lo sabían los poderosos, los responsables que, como Morrison, nunca hicieron nada al respecto.Y a ellos me gustaría decirles que hoy tienen la culpa de lo que pasa en Australia, de los animales que murieron, de las hectáreas quemadas, de los miles evacuados y los cuerpos esparcidos en el fuego. Tienen la culpa de los hogares destruidos y las personas desaparecidas. Tienen la culpa de la sangre que se derrama, de las víctimas y de las lágrimas que caen en las familias quebradas. Tienen la culpa de habernos callado tanto tiempo, porque nos creímos sus palabras, pero ya no más.

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