Por Jean Georges Almendras-17 de febrero de 2019

La noticia es esta: los recursos naturales han sido  privatizados.

Es una noticia que suena disonante, pero también  suena moderna; apropiada para estos tiempos. Una noticia que a muchos nos irrita y nos indigna. Una noticia con el sabor de uno de los atropellos más grandes que se están cometiendo contra el ser humano y contra la madre tierra. Esa madre tierra que se ofrece sin restricciones para el colectivo, aunque muchos interpreten que se ofrece (y existe) únicamente (o exclusivamente) para los que puedan comprarla, para los que tengan poder y capacidad financiera para explotarla, para transformarla en un objeto de negocio o de enriquecimiento, preferentemente abusivo (y muchas veces ilícito, o a espaldas del pueblo y con la complicidad de la corrupción burocrática o política).

Estamos en tiempos en los cuales vivir se torna una odisea: vivir si acaso dignamente; ya ni siquiera con lujos e extravagancias; vivir decentemente; vivir humildemente y solo con lo indispensable.

Pero este panorama dista mucho de formar parte de nuestra realidad social, porque son más lo que viven en la pobreza y pocos en la riqueza; y porque las diferencias sociales, que van de la mano de las injusticias sociales, dicen presente de una manera drástica. Diferencias sociales e injusticias sociales extendidas por nuestra América Latina y por todo el planeta, estrangulando vidas y esperanzas. Diferencias sociales e injusticias sociales bochornosas y vergonzosas en grado mayúsculo. Diferencias sociales e injusticias sociales que son un atentado a la vida, a las ideas democráticas y a la inteligencia humana. Que son una afrenta para los que se vanaglorian de la civilización moderna. Civilización moderna, la del consumismo más perverso y más cruel, que incluye (obviamente) la privatización de los recursos naturales, como estandarte de una corriente predadora de la vida misma, que tampoco contempla o respeta soberanías, causando muertes y sufrimientos, entre poblaciones originarias o comunidades de campesinos.

¿Y quienes podemos sentirnos abochornados y avergonzados ante tanto despliegue de destrucción a diferentes niveles? Pues solamente nosotros, lo que  cometemos el “delito” de suponer que la civilización en todo lo ancho de su historia debió habernos legado una humanidad moderna solidaria y respetuosa, de la vida humana y del planeta. Pero ese legado no ha sido tal, sino todo lo contrario: el legado ha sido nefasto y se ha aferrado a la propiedad privada como se aferran a la tierra las raíces de un frondoso árbol. En este caso el árbol de la autodestrucción de la humanidad.

El hombre moderno de hoy, y en particular el hombre poderoso, se mece en la cuna de la indiferencia y del egoísmo. En la cuna del mercantilismo y de una sed de dinero inimaginable. Una cuna dañina por excelencia. La cuna del capitalismo más cruel, en definitiva.

Hoy,  el dinero es el monarca que lo rige todo y que lo corrompe todo.

Hoy, el poder económico y político, es el monarca que lo rige todo y lo corrompe todo.

Y hoy, la privatización de los recursos naturales no está exenta de ese negro panorama.

Y hoy, el Uruguay, no es la excepción a esa realidad.

Recientemente,  el portal Fuentevida  divulgó la noticia de que el gobierno uruguayo autorizó el primer proyecto de riego a un fondo privado. Es decir que bajo las reglas de la nueva Ley de Riego, las autoridades ambientales autorizaron el primer proyecto de represa presentado por un fondo de capitales privados de inversión.

Fuentevida da a conocer esa noticia tomando como fuente un informe de Víctor Bacchetta del sitio Sudestada, en el que se consigna que el pasado mes de diciembre del 2018 que pasó, el Ministerio de  Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (MVOTMA), con la firma del titular interino Jorge Rucks, otorgó Autorización  Ambiental Previa (APP) a la firma TRUST Administradora de Fondos de Inversion a cargo del  Fideicomiso Financiero Campos Sustentables (FFCS) para construir una represa con fines de riego en dos padrones rurales del departamento de Durazno, dentro del territorio uruguayo.

Según el informe de Bacchetta éste sería el primer proyecto aprobado bajo la nueva Ley de Riego número 19.553, que fuera cuestionada (en el marco de una discusión parlamentaria una vez que fue sancionada en octubre del año 2017) por la Comisión Nacional en Defensa del Agua y la Vida (CNDAV) y otras organizaciones sociales que la consideran inconstitucional, bien sea por permitir la gestión del agua a inversionistas ajenos a la actividad rural como por sus graves consecuencias ambientales.

Bacchetta señala en su informe que el terraplén, el vertedero y el embalse de la represa se sitúan en los padrones N° 11277 y 10987 del establecimiento “El Repecho”  ubicado a ocho kilómetros al norte de Villa del Carmen, sobre el arroyo Rolón, afluente del arroyo Tomás Cuadra, tributario a su vez del río Yi en la cuenca del Río Negro. Se agrega además en el informe que con un terraplén de 10 metros de altura el embalse ocupa unas 133 hectáreas para regar una superficie de 765 hectáreas.

¿Quiénes son los principales accionistas de TRUST?

Pues sencillamente “son los ciudadanos argentinos Federico Huergo, Hugo y Mariano Bunge Guerrico, seguidos por Gustavo Licandro Bosc, Gonzalo Alonso y Horacio Bonavía.

Y hay algo más que Bacchetta hizo público: Huergo, Mariano Bunge y Bonavía tienen dirección registrada en San Martín 344, piso 11, en la ciudad de Buenos Aires;  Huergo y Bonavía figuran en los Panama Papers  como accionistas de Nelford Assets LTD. y Bunge aparece a su vez como accionista de Ardisia Commercial LTD., ambas con sede en las Islas Vírgenes; las firmas Nelford Assets y Ardisia Commercial están representadas en Uruguay por Konrad & Asociados, con su sede en el World Trade Center de Montevideo.

Y por si fuera poco, el informe del periodista Bacchetta consigna que el uruguayo Gustavo Licandro, propietario de ”El Repecho” y presidente de TRUST, fue ministro de Economía en el gobierno de Luis Alberto  Lacalle Herrera y asesor económico principal del gobierno de Paraguay, siendo además docente de Economía Política en las universidades Católica, UdelaR y ORT y en el Instituto Militar, y también Director Ejecutivo de la Asociación de Bancos de Uruguay y Presidente del Banco Comercial.

Esta privatización (cuya difusión no tuvo el eco suficiente en el circuito de la gran presa de Montevideo) se concreta en el preciso momento en que los uruguayos y los turistas viven la triste realidad de tener no pocas playas de la capital y del Este del país, literalmente envenenadas por cianobacterias. Panorama que se vive también, por ejemplo en zonas del río Negro y en la playa Las Cañas de Fray Bentos,

Esta privatización se concreta en el marco de la aplicación de políticas gubernamentales de indiferencia absoluta a los reclamos populares de preservar el medioambiente. En otros tiempos (no muy distantes) las mineras a cielo abierto fueron resistidas y constituyeron un grave tema nacional; y ahora el uso de químicos en la agricultura sigue siendo un grave tema que  perjudica la salud en los medios rurales y urbanos, sin considerarse desde filas del gobierno que la instalación de otra planta de UPM resulta ser un nuevo atentado a la vida de los uruguayos. Un nuevo atentado criminal que es enmascarado por falsas  ideas de progreso para la comunidad y por informes técnicos, manipulados en algunos casos. Un nuevo atentado de una multinacional que no tiene moral para desarrollarse en el nombre del progreso, en un país rico en naturaleza. Naturaleza que hoy está siendo destruida y lo que es peor, privatizada para obtenerse réditos, utilidades, ganancias.

El panorama no es nada alentador porque la privatización de los recursos naturales en el Uruguay, ya es un hecho. Ya forma parte del esquema destructivo que trae bajo el brazo la civilización moderna y en este particular el gobierno uruguayo, del presidente Tabaré Vázquez, quien además de todo es médico de profesión, lo que lo hace más éticamente responsable de toda esta contaminación, que atenta contra la población, entre ellos sus propios electores.

Civilización de la cual nos jactamos y nos pavoneamos.

Como estúpidos, porque no nos estamos dando cuenta que caminamos hacia el abismo.

Ese abismo de abusos de poder, de corrupciones, de injusticias sociales y de privatizaciones a granel.

Pero para muchos las privatizaciones son un progreso y las contaminaciones de ríos y tierras son daños colaterales que son rigurosamente controlados por técnicos, científicos y normas o reglamentaciones.

¡Estamos con los ojos vendados¡ O mejor dicho, parecería que nos gusta mucho estar así.

---------------

*Foto de Portada: www.lavozdelagro.com