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fot1-150.2014CONDENADO A MUERTE POR LA MAFIA (¿Y POR EL ESTADO?)
Por Giorgio Bongiovanni y Anna Petrozzi - 5 de marzo de 2014
Amenazado, condenado, calumniado, bajo procedimiento disciplinario, atacado por todas partes y acusado incluso de haberse arquitectado él mismo la orden de muerte. Nino Di Matteo, así como Giovanni Falcone, en la trituradora de un ‘juego grande’ que ha movido sus peones según el clásico procedimiento de la deslegitimación. ¿Pero por qué este magistrado se encuentra bajo la mira? ¿Quién es?

Vistió la toga por primera vez cuando pidió ser uno de los voluntarios que velaron el ataud semi-vacío del juez Paolo Borsellino que estaba colocado en el pasillo de la Fiscalía de Palermo. El destino quiso que su primer encargo se desarrollara en Caltanissetta, donde se ocupó del homicidio del juez Saetta y de su hijo, logrando obtener la primera cadena perpetua de una larga serie para Totò Riina. Después le fue encomendado el proceso contra el juez Giuseppe Prinzivalli, condenado a 10 años de prisión por haber favorecido a la mafia y que falleció antes de que se concluyera el segundo proceso de apelación reenviado por la Casación después de la absolución en el juicio de segundo grado.
Sobre la base de nuevos indicios Di Matteo hace reabrir las investigaciones sobre el cruel atentado que provocó la muerte, en el verano del 1983, del juez instructor Rocco Chinnici, padre del histórico pool antimafia de Palermo. La condena obtenida en este caso no concierne solo a los ejecutores, sino también a los ideólogos: los primos Nino e Ignazio Salvo, muy poderosos, no sólo porque eran exponentes políticos de la DC (Democracia Cristiana), relacionados con Giulio Andreotti, sino también porque ellos mismos eran hombres de honor.
Posteriormente, estamos a finales del 1995, recibe el encargo de conducir junto a los colegas Anna Maria Palma y Carmelo Petralia las investigaciones sobre el atentado de Via D’Amelio. Son años de mucha concitación por el resultado de este proceso. En enero del 1996 llega la sentencia de primer grado que prevé durísimas condenas basadas en buena parte en las declaraciones de Vincenzo Scarantino. Capturado el 29 de septiembre del 1992 comenzó a relatar su falsa verdad hacia finales del mes de junio 1994.
Fue interrogado bastante tiempo por distintos magistrados y unas 17 veces por la fiscal Ilda Boccassini la cual, antes de irse de Caltanissetta, había dejado por escrito sus perplejidades al entonces jefe de la Fiscalía Giovanni Tinebra, sin dudar nunca de la policía judicial que se ha ocupado del caso.
Al “pupo vestito” (títere siciliano), como él mismo se ha definido, le habrían obligado a mentir los hombres de Arnaldo La Barbera, el super policía, colaborador de los Servicios Secretos con el nombre en código de Rutilius, que tenía el cometido de guiar la escuadra especial Falcone y Borsellino. Como se sabe, la Fiscalía de Caltanissetta ha investigado por mucho tiempo con la intención de desenredar el misterio que se esconde detrás de este “arrepentido fantoche”. Y la hazaña no es poca cosa . Si en efecto es verdad que Scarantino mintió es verdad también que refirió particulares que después fueron confirmados por Spatuzza mismo, su gran acusador. Es un ejemplo evidente el escondite donde tuvieron escondido el coche Fiat 126 que después llenaron de trotil. Scarantino se autoacusa de haberlo llevado él mismo, pero fue desmentido posteriormente por Spatuzza, que fue el verdadero ladrón del coche.
Pero la pregunta es: ¿Cómo Scarantino sabía que el vehículo había sido llevado hasta allí por un tal Orofino, que es realmente lo que sucedió? Si le dieron todo con la manina, le guiaron palabra por palabra, le instruyeron para que aprendiera a memoria informaciones falsas ¿quien le sugirió las verdaderas? Si es correcta la hipótesis según la cual fueron los policías a las órdenes de Arnaldo La Barbera los que organizaron el ‘despistaje’ ¿cómo hacían para saber los detalles exactos? Se ha planteado la hipótesis de que una de las posibles razones de esta colosal falsificación fuera la de distraer la atención de la familia mafiosa de Brancaccio de forma tal de atribuir la mayor parte de la responsabilidad ejecutiva a la familia de Santa Maria di Gesù de Pietro Aglieri, haciendo condenar a otros hombres de honor de alto rango. Debido esto a las relaciones que los Graviano, señores de Brancaccio, habrían mantenido con Marcello Dell’Utri, investigado junto a Silvio Berlusconi, en el ámbito de la búsqueda de los ideólogos de los atentados con los nombres en código Alfa y Beta (ambos fueron absueltos no obstante la archivación fuera cargada de sombras).
En realidad también en este caso las declaraciones fumógenas que le metieron en la boca a Scarantino de todas formas llevaron al arresto y a la condena definitiva de mafiosos de primer plano a las órdenes de los Graviano como Fifetto Cannella, Francesco Tagliavia, Lorenzo Tinnirello y a los mismos Giuseppe y Filippo Graviano.
La cuestión del despistaje es por lo tanto mucho más compleja de lo que parece, mucho más enredada que las simples declaraciones falsas de Scarantino que han tocado solo el ala militar mafiosa.
Los que quedaron fuera de las investigaciones efectivamente no son los mafiosos de Brancaccio, que al final han sido llamados todos a dar cuentas inclusive Giuseppe Graviano, acusado por el colaborador de justicia Fabio Tranchina de haber sido él el que apretó el botón del detonador, sino todas aquellas figuras híbridas de las que no ha sido posible profundizar el rol que tuvieron. Y sobre las cuales Di Matteo insistió en investigar desde el primer momento.
Es el caso de Gaetano Scotto, boss de Acquasanta, que primero era objeto de atención de los investigadores por los misteriosos contactos con estructuras desviadas de los servicios secretos y que en cambio actualmente ha sido condenado a cadena perpetua en la revisión del proceso.
Lo mismo vale para las declaraciones ‘chapuceras’, por usar un eufemismo, por parte de hombres de las instituciones y de las fuerzas del orden. A parte de la paréntesis vergonzosa relativa a la desaparición de la agenda roja, existe otro filón de investigaciones que se concluyó con la usual escena teatral del equívoco entre “he dicho”, “no he dicho”, sobre la presencia de Bruno Contrada* en via D’Amelio.
Di Matteo había sondeado esa hipótesis criminalizando al entonces funcionario de Policía Roberto Di Legami que habría revelado esa información a dos colegas suyos: Umberto Sinico y Raffaele Del Sole, en aquel entonces en servicio en el ROS (Reparto Operativo Especial). Fue el teniente de los Carabinieri Carmelo Canale, estrecho colaborador de Paolo Borsellino, procesado y absuelto de la acusación de concurso externo en asociación mafiosa, el que sacó a relucir toda la historia. De todos modos, la reconstrucción ofrecida por todos estos uficiales nunca coincidió y “entre no recuerdo”, retractaciones y desmentidas se puso una piedra miliar sobre el tema. Bruno Contrada siempre sostuvo que se había enterado del atentado (alrededor de un minuto después según los tabulados) mientras se encontraba en mar abierto en la nave de su amigo Gianni Valentino que siempre confirmó su declaración. La presunta confidencia de Di Legami a Sinico contaba también acerca de un informe de servicio que atestaba la presencia de Contrada en Via D’Amelio, pero que terminó destruída.
Esta vergonzosa paréntesis muy parecida a los “no sé” y a los “no recuerdo” de los hombres de La Barbera llamados a responder en el proceso que actualmente sigue en curso, el Borsellino quater, nos restituye la imagen de un Estado enrollado sobre sí mismo en el que hombres de la fuerzas del orden se rebotan las responsabilidades, mienten y obedecen al mismo tiempo, con el fin de confundir aún más las aguas. En vez de compactarse con un fiscal que está dispuesto a buscar la verdad hasta el fono, se esconden detrás del paragüas protectivo de la ley del silencio de Estado. ¡Otra que Falcone y Borsellino!
Pero Di Matteo ha seguido adelante por su camino y el así llamado Borsellino ter, conducido por él mismo, fue el primero, en contemporánea con el de Florencia, instruído por el fiscal Gabriele Chelazzi por los atentados del ’93, el que afrontó directamente el tema de los ideólogos internos y externos de Cosa Nostra. Precisamente en el ámbito de este proceso el colaborador Giovanni Brusca, estimulado por las preguntas de Di Matteo, precisará ulteriormente la cuestión de la negociación Estado-Mafia que ya emergió en Florencia.
Di Matteo nunca tuvo miedo de buscar entre las ramificaciones de la mafia en las profundidades más ocultas. Uno de los primeros casos que se encuentra a investigar una vez de vuelta a Palermo, ya estamos en el 1999, es el relativo a la desaparición y al homicidio de Emanuele Piazza. El joven policía que colaboraba con los servicios secretos en la caza de los prófugos había entablado una estrecha relación de amistad con Francesco Onorato, hombre de honor de la familia de San Lorenzo. En aquel tiempo dicho ‘mandamento’ estaba a cargo de Salvatore Biondino, hombre de honor casi desconocido hasta el momento en que le arrestaron al lado de Totó Riina en el 1993, el cual, viendo la confianza entre su soldado y Emanuele le había dicho: “¿Pero qué haces, te saludas con los esbirros?”. Como es que Biondino supiera la identidad de Piazza es aún hoy un misterio, pero Francesco Onorato, después de convertirse en colaborador de justicia, tuvo que contar que hizo caer al policía en una emboscada donde fue estrangulado y su cuerpo fue disuelto en el ácido. También por este caso el fiscal obtuvo las condenas perpetuas para los culpables.
Siguiendo esta línea, el nivel de las investigaciones se eleva progresivamente para Di Matteo que recibe el encargo de instruir el proceso contra Ignacio D’Antone, el ex jefe de la Criminalpol de Palermo, acusado y condenado, así como su colega Bruno Contrada, por haber favorecido la fuga de algunos boss del calibre de Mimmo Spadaro y de Cosimo Vernengo. Mientras está llevando a cabo una incisiva acción de contraste contra los despiadados clans de Gela le confían algunas delicadísimas investigaciones que conciernen los favorecedores y flanqueadores del boss Bernardo Provenzano que se anidan en las instituciones, en la política y en el empresariado, que administra su patrimonio con testaferros de alto nivel.
Para Nino Di Matteo empieza la enésima investigación denominada “Grande Oriente” basada sobre las declaraciones del coronel del ROS Michele Riccio, y del confidente Luigi Ilardo, asesinado el 10 de mayo del 1996, una semana después de haber expresado su voluntad de colaborar con la justicia.
Riccio relatará después al fiscal que estuvo a un paso de capturar al super prófugo (Provenzano), pero que había sido obstaculizado por parte de sus superiores en llevarlo a término. Sus reconstrucciones acompañadas por cintas audio grabadas con Ilardo y las consecuentes comprobaciones llevarán al proceso en contra de los altos oficiales del ROS Mario Mori y Mauro Obinu, que se concluyó el año pasado con una absolución para ambos en primer grado “dado que el hecho no constituye delito”. La sentencia fue apelada inmediatamente por el fiscal Di Matteo y por sus colegas de la fiscalía de Palermo.
Pasando de la vertiente institucional a la política, la investigación llamada “Ghiaccio” (Hielo), destacó en cambio la profunda conmixtión entre mafia y política al tiempo de Provenzano, y en años mucho más recientes.
Ya estamos en el 2003, cuando serán dadas a conocer las interceptaciones realizadas dentro del salón del jefe mafioso Giuseppe Guttadauro donde se reunían notables y secretarios a charlar sobre las formaciones de las listas en vista de las elecciones políticas y regionales del 2001.
En el ámbito de esta investigación los procesos instruídos por Di Matteo han visto desfilar por el banquillo de los imputados al ex asesor a la Sanidad del ayuntamiento de Palermo Mimmo Miceli, al Rey Midas de la oncología siciliana Michele Aiello, a los carabinieri Giorgio Riolo, Giuseppe Ciuro, Antonio Borzacchelli y sobre todo al presidente de la región siciliana Totò Cuffaro.
La investigación “Talpe alla Dda” (infiltrados en la Dirección Distrectual Antimafia), que derivaba de la operación “Ghiaccio) había efectivamente revelado un sistema de monitorización de las investigaciones de la fiscalía al fin de proteger a los hombres de Provenzano y sobre todo sus negocios. También en lo que concierne al ex presidente Cuffaro fue demostrado un rol de favorecimiento, motivo por el cual está descontando su condena definitiva a siete años de cárcel.
De la operación “Gotha” derivó el proceso contra Giovanni Mercandante, el primario de radiología del “Maurizio Ascoli” de Palermo que fue indicado por el colaborador de la justicia Antonino Giuffrè como “una criatura de Provenzano”. Después de haber solicitado y obtenido la condena en primer grado Nino Di Matteo declaró: “Por primera vez tenemos delante un político condenado por haber formado parte de la organización mafiosa, no obstante no era formalmente “combinato” (rito de iniciación mafiosa, ndr.). Hoy Mercadante está esperando el resultado del segundo proceso de apelación después de que la Casación anulara la absolución de segundo grado.
Las investigaciones conducidas por Di Matteo se han desarrollado desde siempre en la insidiosa y pantanosa ‘zona gris’, aquella en la que Cosa Nostra está insertada desde su origen, aquella que con la complejidad y la decadencia del mundo moderno se ha evolucionado en los así llamados “sistemas criminales”. Un término acuñado por los magistrados de la Fiscalía de Palermo (en particular por Roberto Scarpinato y Antonio Ingroia) para referirse al network que comparte los mismo objetivos criminales de enriquecimiento por medio de la violencia, pero sobre todo de subversión y de gestión del poder por encima de las normas constitucionales.
La investigación “sistemas criminales” dividida en dos fases nuncá llegó a desembocar en un proceso, pero algunos elementos que han podido ser comprobados fueron englobados por Antonio Ingroia mismo en el planteo acusatorio del proceso ya conocido como el de la negociación Estado y Mafia del cual el fiscal fue el titular hasta cuando dejó la magistratura.
En este contexto Nino Di Matteo, fiel únicamente a aquel juramiento que había hecho muchos años antes sobre nuestra Constitución y sobre el sagrado principio de que la “ley es igual para todos”, heredó el proceso de los procesos, aquél por el cual Totò Riina, inexplicablemente más molesto por este último que por las 5 condenas perpetuas que Di Matteo obtuvo en su contra, ha ordenado que le hagan “terminar como a un atún”.
En el debate, en curso en Palermo desde hace ya varios meses, se sientan en el banquillo de los imputados, ante el juez Alfredo Montalto, al juez a latere Stefania Brambille y al juzgado popular, mafiosos de primer nivel, pero también oficiales y políticos de primer nivel. Entre los testigos, además de los colaboradores de justicia de larga historia y que por ello son considerados atendibles, desfilarán ex ministros, senadores, diputados... y arriba, arriba hasta el jefe del Estado. (Entre ellos el habitual Marcello Dell’Utri, entre los pocos con una carrera aún activa al lado de Silvio Berlusconi).
Pero no es sólo el proceso el que suscita tanto escándalo. Ya se sabe ya que las investigaciones prosiguen sobre otros filones de la negociación bis y se mueven, como se puede presumir, a un nivel muy elevado y, en un momento tan delicado de nuestro País, podrían involucrar a hombres que todavía hoy ocupan altos cargos del poder.
Por lo tanto ¿es lógico pensar que quien ha convivido y tratado desde siempre con la mafia pueda considerar a Nino Di Matteo y a sus colegas como un obstáculo, como elementos de ruptura para el buen curso de los negocios del sistema criminal actual?
Si lo es. Totó Riina, por lo tanto, está mandando mensajes bien precisos desde la cárcel. Antes que nada se siente óptimamente y si mañana terminara como Provenzano en coma no sería por una enfermedad. Los manda también a los viejos aliados para decirles que se ha cansado, que no tiene nada que perder en este proceso, pero que se recuerda de todo. Y después también a su Cosa Nostra (que hoy está en manos de uno que él considera débil, Matteo Messina Denaro) para testear si hay todavía alguien que tiene el valor de volver a llevar a la mafia al poder por medio de la violencia.
El procurador adjunto de Reggio Calabria, Nicola Gratteri, ha dado en este sentido una clave de lectura muy importante: “Riina no es sólo el jefe de Cosa Nostra, sino un personaje carismático y respetado por toda la criminalidad organizada, por la ‘Ndrangueta, por la Sacra Corona Unita y por la Camorra”. Y seguramente le escuchan “porque es fiel al silencio, respeta las reglas y si bien está sometido al 41bis (cárcel dura) desde hace 21 años, no habla”.
Hace algunos días salió la noticia de que Riina habría recibido una amenaza firmada por Falange Armata, la sigla de una fantomática estructura terrorísta que habían utilizado los mafiosos para reivindicar el proyectil dejado en el jardín de los Boboli en Florencia antes del atentado del ’93 y como sello de muchos otros atentados.
La respuesta a todo este hablar de Riina sería: “cierra la boca, nos ocupamos nosotros”. ¿Pero nosotros quien? Un relato como éste podría ser la traza de una novela. Sin embargo es la historia verdadera de un magistrado que ha luchado de verdad contra Cosa Nostra en su concepto más amplio de las relaciones que le consienten aún hoy de estar viva y coleando después de doscientos años.
Las narraciones a veces asumen el cariz del pasado, como si Di Matteo ya no estuviera más. Gracias a Dios esta vez no es este el caso. Pedimos a todos sus amigos, que aumentan cada día más en Italia, que estén siempre alerta, que sean solidarios y que apoyen también a los demás magistrados como él.
A los falsos amigos, a los hipócritas, dentro de la magistratura, en la política, en las instituciones, a menudo colegas, si la envidia, la celosía, la carrera u otros motivos más despreciables os inducen a aislar a este hombre, haced por lo menos el favor de callaros. Porque otro juez, Giovanni Falcone, Maestro de Di Matteo y de todos dijo: “La cultura de la sospecha no es la anticámara de la verdad, es la anticámara del jomeinismo”.
Notas:
* Bruno Contrada: ex jefe de la policía de Palermo y ex número tres del servicio secreto civil italiano (Sisde).
Foto originale © Stefanini/Imagoeconomica
ARTÍCULO RELACIONADO (en italiano)
http://www.antimafiaduemila.com/2014030548236/giorgio-bongiovanni/la-vera-storia-del-giudice-di-matteo.html 

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