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JUEGO CRIMINAL

02La crisis de las bolsas quema billones de dólares en todo el mundo.
La economía internacional está de rodillas, pero el mercado de armas no.
Las propuestas de solución gravan sobre los sacrificios de los trabajadores y sobre la piel de los más débiles.

De Giorgio Bongiovanni

Estamos en la catástrofe. Ahora ya está claro, a pesar de las fallidas tentativas de esconder por enésima vez la verdad a la opinión pública mundial.

La inyección de 700 billones de dólares a los bancos americanos no salvará al Occidente del colapso económico, como Bush en cambio, ha intentado asegurar. Al contrario, será solo un sedante, ni siquiera muy eficaz, y cuando termine su acción benéfica momentánea se volverá a presentar la infección con un cuadro clínico todavía más grave.

No es difícil prever lo que sucederá después. Dado que será la única salida que se juzgará posible, como siempre en estos casos y nunca más que ahora, con el objetivo de intentar con afán salir de la gravísima crisis económica que está arrastrando inexorablemente toda la economía mundial a una ruina como jamás nuestra historia recuerde desde los años ’30 hasta hoy.
Y esa única salida es la guerra. La única capaz de llenar las cajas de los gobiernos con entradas, literalmente de escalofrío. Sobre este punto los datos hablan claro. Según un reciente artículo del New York Times los Estados Unidos han triplicado, ya desde hace tiempo, las ventas de armas en el mundo, bajo el enérgico empuje de la Casa Blanca, principalmente a compradores del así llamado “eje del mal” como Irak y Afganistán. Con una absurda y patética lógica expresada por el vice secretario de la Defensa Bruce Lemkin, según el cual uno de los objetivos principales de la venta de armas por parte de los EEUU es intentar ayudar a los países cercanos a protegerse de la posible amenaza armada de Irán y Corea del Norte.
En cambio, el reciente informe de Amnesty International dice que China, Rusia y Estados Unidos, que están divididos en todo, están perfectamente de acuerdo en como manejar el comercio de las armas. Pero en declarado contraste, unidos a Egipto, India y Pakistán, ante las solicitudes de Amnesty International de impedir hacer llegar armamentos allí donde exista “el riesgo substancial” de que puedan ser usados “para cumplir graves violaciones del Derecho internacional de los derechos humanos y del Derecho internacional humanitario”.
Brian Wood, responsable de la ONG, ha declarado: “A pesar del macizo semáforo verde de la mayor parte de los países, una pequeña minoría de escépticos desea mantener la actual masacre y seguir cerrando un ojo sobre los traslados de armas claramente irresponsables, que vuelven débiles e ineficaces los controles nacionales y los embargos de la ONU en lo que se refiere a armas”. Y así, mientras China y Rusia son aún los principales proveedores de armas convencionales a Sudán, que el ejército utiliza para perpetrar gravísimas violaciones de los derechos humanos en Darfur, donde se cuentan más de 400 mil muertos entre los civiles, los Estados Unidos, desde el 2003, han financiado la mayor parte del suministro de más de un millón de fusiles, pistolas y armas de infantería para los 531.000 miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes. Suministro que ha contribuido a la proliferación de armas y a que perdurase ese sistema de violencia y de represión que estaba ya en acto en los tiempos de Saddam Hussein.
También en Birmania, protagonista recientemente de la protesta no violenta de los monjes, que fue reprimida con la sangre, las bien conocidas violaciones de los derechos humanos no han impedido a China, Serbia, Rusia, Ucrania e India de suministrar medios blindados, camiones, fusiles y municiones. Lo mismo vale para Colombia, Guatemala, Guinea, Somalia y Uganda.
¿Y nuestra Italia? ¿Dónde se coloca en este cuadro internacional criminal?
Nuestro pequeño país, cuna del cristianismo, sede del Estado Pontificio, ha gastado en un solo año 33,1 billones de dólares en el comercio de armas, está en los primeros puestos de la clasificación de ventas y gracias a la industria BERETTA ocupa el primer lugar en la producción internacional pistolas.
Millones de minas fabricadas en Italia están listas para explotar en el Sureste asiático y en los Balcanes, hemos armado a decenas de países que violan los derechos humanos y los presidentes de las más importantes realidades armamentísticas europeas son siempre nuestros compatriotas. Y más aún. En la época de las grandes privatizaciones, por intermedio de FINMECCANICA (grupo italiano activo en la defensa y en el espacio aéreo), la máxima producción de armas queda en las manos del Estado, mientras a partir de 1945 hasta hoy nuestro país se ha colocado, de año en año, entre los primeros diez productores de armas de todo el planeta.
En Italia, como en el resto del mundo, la industria bélica permanece por lo tanto en los primeros puestos en lo que se refiere a la facturación, por detrás está solo la droga. Y para tener solo una idea de la solidez económica de este mercado, basta pensar que mientras todas las empresas se desploman en la bolsa, las acciones de las industrias de las armas son las únicas que suben en las cotizaciones.
Solo en el 2008, (son siempre los datos los que nos lo dicen), la facturación mundial de la venta de armas alcanzará los 1.500 billones de dólares. Una cifra inimaginable que corresponde a más del doble de la que serviría para hacer recuperar el entero sistema económico mundial.
¿Pero entonces, por qué quieren hacernos creer que la economía no se puede sanar?
¿Qué es lo que se esconde detrás de esta fachada?
¿Quién es el que maneja verdaderamente el poder en el mundo?
¿Quién mantiene vivo este sistema económico?
Asesinos, criminales, a quienes no les roza para nada esta crisis gravísima, por el contrario, se enriquecen con la sangre de los inocentes. Una mafia peor, si se puede decir, de la violenta y sanguinaria de Totó Riina, que se sienta en los salones mundanos de nuestras ciudades y planifica en la mesa la muerte de millones de personas per un mero interés personal.
Una mafia cínica que nosotros, dentro de nuestros límites, seguiremos denunciando.Giorgio Bongiovanni
16 de octubre 2008.

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