Un bastón detrás de las piernas, a la altura de las rodillas. Te obligan a tenerlo con las manos atadas, permaneciendo doblado, pero de pie. Hasta que resistes. Luego caes, como sea: de cabeza, de lado, de costado y quedas abandonado bajo el sol – vivo o muerto – hasta la noche.
Un agujero en el cual te obligan a bajar hasta la mitad de los muslos. En esa posición y con los brazos inmovilizados, debes inevitablemente permanecer derecho de pie, porque no puedes doblarte ni si quiera si te desmayas.
O bien te doblas hacia adelante cabeza abajo, hasta que no te llevan, vivo o muerto.
Es lo que comentan frente a las cámaras de televisión de la Rai3, prisioneros sobrevivientes al tormento líbico, casi siempre con la corrupción o la fuga. Lo ha visto toda Italia, la noche del 6 de septiembre en la transmisión – denuncia “Respinti” (Rechazados) de Riccardo Iacona. Los prisioneros de esta terrible historia son los “rechazados en el mar” por los militares italianos. Espero que lo hayan visto los diputados y senadores, casi todos en el centro-derecha, casi todos en el centro-izquierda, que han votado el tratado de amistad e integración militar entre Italia y Libia, en junio del 2009. El tratado en base al cual Italia le paga a Libia para hundir las barcazas de los desesperados, para prohibir a los pescadores italianos de ayudarlos la pena acusa de ser mercaderes de esclavos) para ordenarles a la Marina Militar Italiana y a la Guardia del Ministerio de Hacienda de "socorrer" los náufragos – niños y mujeres embarazadas incluidos – para reenviarlos a Libia. En Libia los esperan, por un tiempo infinito y sin que ninguna autoridad internacional intervenga, las cárceles de Gaddafi, la tortura, la muerte. Todo votado en su totalidad por el Parlamento Italiano y ejecutado por el Ministro del Interior Maroni.
Esta espantosa serie de hechos que está sembrando miles de muertos en los mares entre África e Italia, está llevando a la muerte forzada, en Libia otros miles y miles de seres humanos “rechazados” en el mar, mientras el Ministro Maroni - frente a las protestas indignadas de Europa y de las Naciones Unidas – confirma: “No cambiaremos nuestras directivas ni siquiera por un milímetro”. Es más, incluso con una macabra sonrisa, repite: “Adelante a toda marcha”
Esta espantosa serie de hechos es una inversión. Acumula, alrededor de Italia y contra cada uno de nosotros, un vasto reservorio de odio. De hecho provoca desesperación, dolor, insoportables imágenes de seres humanos (aunque no se vean muchas porque las tienen escondidas), que se aferran inútilmente a las manos de un soldado italiano invocando piedad, suplicando no ser enviados a Libia. Imágenes de niños y mujeres embarazadas que – en base a toda ley no pueden ser rechazados – entregados a los garras de Gaddafi.
Pero todo esto ha sucedido bajo la bandera italiana de un barco que había fingido ofrecer socorro.
Ya que en la “solución final” de la inmigración según los legistas (del partido de la Lega Nord), según los libios, las cárceles son contenedores hacinados y oscuros, en un calor infernal y casi sin comida y la detención es infinita, está marcada por la tortura. El flamear al viento fresco del Mediterráneo de una bandera tricolor, queda como la última imagen, la muerte de la esperanza. El odio que Italia está sembrando entre quien sobrevive en el mundo pobre, será inmenso. Para Italia un peligro mortal, además de una espantosa vergüenza, sancionado por un voto bipartito en el Parlamento italiano.Furio Colombo
10 de septiembre de 2009
http://temi.repubblica.it/micromega-online/libia-la-soluzione-finale/

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