LA IRRITACIÓN DEL SENADOR HACE DE CIANCIMINO UN TESTIGO PRIMORDIAL
Por Giorgio Bongiovanni y Silvia Cordella - 16 de enero de 2010

ciancimino-dellutri-webEl período podría ser parangonado con el de los grandes procesos y de las grandes colaboraciones de alto nivel, pero para Italia, es sobre todo, la oportunidad de conocer la verdad sobre un sistema de negociados y connivencias que continúa desde hace décadas.

Y es por esto que el ruido causado por las declaraciones del hijo de don Vito Ciancimino (ex-alcalde de Palermo), suscitan, por un lado admiración y por el otro una fuerte, fuertísima irritación.

La verdad de Massimo Ciancimino es el resultado de una vida vivida entre esa imperceptible línea de separación entre negocios y mafia, en una Palermo que ha recibido en sus salones a buenos políticos y a jefes mafiosos de traje y corbata. No se hacían distinciones en ese entonces y no se hacen hoy tampoco. La única diferencia está en la certeza de un proceso penal.
Si hay pruebas se procede hasta el juicio (al menos por ahora), si no las hay se archiva la investigación.
Massimo Ciancimino cuenta hechos y aporta documentos. Representan parte de la herencia de su padre, un democristiano perfecto, que hizo carrera gracias a su pertenencia al grupo de los Corleoneses de Riina y en particular de Provenzano. Criminales de la peor calaña que se metieron en los pantalones de la política, aprovechando sus alianzas con empresas de primera línea (como la empresa de construcción Calcestruzzi del grupo Ferruzzi) y llevando su banda hasta el sistema central del poder. Es una extrañeza que hombres condenados por mafia, aunque sea en primer grado, hablen de complot.
Massimo Ciancimino de hecho cuenta viejas historias, que vienen ocurriendo desde hace 30 años hasta hoy, habla con los magistrados de hechos de sangre, de delitos de alto rango y desapariciones de improviso, como la de los Maiorana padre e hijo, como el homicidio de Piersanti Mattarella, o el del General Dalla Chiesa, hasta llegar al caso Moro y al accidente de Ustica.
Habla de los contactos de su padre con Provenzano y cita a quienes solían entrar a la casa de Ciancimino.
Entonces no es una aberración escucharlo hablar. En cambio sí lo es el hecho de que a un ex diputado como Cuffaro (obligado a dejar la Región a causa de su condena), le haya sido concedido un puesto en el Senado.
Si en los relatos de Ciancimino entran por lo tanto las hazañas de personas como Cuffaro o Dell’Utri, no deberíamos sorprendernos, sino dejarlo hablar. Por ahora todos los datos disponibles están contenidos en las 23 actas de interrogatorio que la Fiscalía de Palermo ha depositado en el proceso Mori - Obinu y que contribuirán a corroborar la credibilidad del testigo que en febrero próximo será llamado a dar su testimonio sobre la Negociación mantenida entre Estado y mafia, según las fechas aportadas por él serían, en 1992, en el período entre el atentado de Capaci y el de Via D’Amelio.
Massimo Ciancimino por lo tanto no se presenta con las manos vacías, consigo trae los apuntes escritos personalmente por su viejo padre, sobre todo, los “pizzini” que Provenzano le mandaba a su padre.
Uno de los más representativos había sido entregado a Don Vito el 11 de septiembre del 2001, durante un período de estadía en una clínica romana. “Queridísimo ingeniero – decía – he leído lo que me ha dado M. pero para evitar equívocos he dicho que hablaré cuando sea posible que nos veamos. Me ha sido dicho por nuestro Sen y por el nuevo Pres que apresurarán la nueva solución para su sufrimiento. Apenas tenga noticias se las haré llegar, sé que el abogado está bien dispuesto (…)”.
En ese período Don Vito cansado y un poco desilusionado trata por todos los medios de encontrar una solución para obtener la libertad. Hace poco que está bajo arresto domiciliario y ha terminado de descontar su condena por asociación mafiosa. Le quedan todavía algunos años más para expiar la pena por delitos de corrupción. Así le pide a Provenzano que intervenga para obtener una amnistía.
“Vistos los continuos llamados de la Iglesia”, se podría aprovechar y con un indulto “mi padre quedaba libre a todo efecto”. Una solución que tenía que ser sostenida por un Senador y un Presidente, que según Massimo Ciancimino serían respectivamente Marcello Dell'Utri y Salvatore Cuffaro. Además que por un abogado, para Ciancimino referible a su defensor Mormino, quien (en esa época era vicepresidente de la comisión de justicia de la Cámara), se habría podido y debido mover para presentar un proyecto de ley que habría llevado la firma del abogado Pisapia.
¿Pero cómo hacía Provenzano para saber que el abogado estaba bien dispuesto? Pregunta el Fiscal.
“Mi padre me dijo que la relación con el abogado Mormino se mantenía a través de aquel que mi padre llamaba el “sfregiato” (cara cortada) o bien el “honorable Reina, el padre de Fulvio Reina, casado con la hija del abogado Mormino”.
Por lo que se refiere a las relaciones directas entre Binnu (Bernardo Provenzano) - Dell'Utri y Binnu - Cuffaro, Ciancimino explica: “No sé si Cuffaro tuviese relaciones directas con Provenzano, pero sé que tenía la posibilidad de contactarlo directamente y de poder disponer de favores a su placer”. Del ex Presidente de la Región se había hablado como de un sujeto que había dado una gran mano de ayuda a éste deseo de expansión de Provenzano, ya sea en el campo de la distribución de alimentos como en la Sanidad. En cambio con Dell’Utri las relaciones habrían sido directas.
El padre se lo confirmó en ocasión de la preparación del libro que quería escribir con su hijo, en el pasaje inherente a la negociación le explicó que Provenzano lo había “descargado” como político eligiendo el nuevo hombre de Forza Italia (movimiento político italiano). A pesar de que Don Vito “no estimaba a Dell’Utri” “lo creía demaisado impulsivo”.
“Sus relaciones, según lo que contaba mi padre, se remontan a la gestión de mi papá con el jefe del banco de enfrente de casa, que no recuerdo como se llamaba, del Banco de Sicilia y Banco de Roma con la operación de las libretas de ahorro al portador. El mismo Dell’Utri operaba en la zona donde él tenía jurisdicción en el banco, con éste volumen de libretas de ahorro al portador”.
Pero reafirma Ciancimino: “Mi padre no tuvo nunca relaciones directas con el doctor Dell’Utri” “se consideraba a un nivel más alto, no le daba confianza”, pero si de verdad tenía necesidad de él, se dirigía a otros canales como por ejemplo Francesco Paolo Alamia. Ese oscuro contador de Villabate, que en los años Setenta se había asociado con Filippo Alberto Rapisarda en el Inim Spa. La tercera empresa milanesa en el campo inmobiliario en la que Vito Ciancimino habría custodiado intereses económicos y qué casualidad, en la que los consejeros eran Marcello y Alberto Dell'Utri.
Ésta es una historia ya discutida en proceso por concurso externo en asociación mafiosa a cargo del ex dirigente de Publitalia (Marcello Dell’Utri), pero que hoy se completa con los relatos sobre las inversiones en la capital lombarda de los boss (jefes mafiosos ndr.) del calibre de Bontade, Buscemi y Bonura, revelados por Ciancimino junior a los magistrados.
Precisamente sobre este punto, el hijo del ex alcalde de Palermo ha entregado a los fiscales de Palermo, las cartas manuscritas de su padre, en las cuales los apellidos de los constructores palermitanos están escritos en el mismo renglón junto a Alamia, Dell'Utri y Berlusconi. Se trata de un inquietante documento todavía omitido, que forma parte de las 23 actas de interrogatorio a las que el último hijo de la casa de Ciancimino está tratando de dar respuesta. Un intrincado entrelazado de intereses financieros y de especulaciones edilicias que dirigen la atención a los fondos de Cosa Nostra, a la sombra de la virgencita, a través de los contactos que los hombres de honor cultivaban en Milán.
En particular vuelven a aparecer los que ven a Vittorio Mangano en la Villa de Arcore, contratado por el Cavaliere (Berlusconi) como caballerizo. Se vuelven a poner sobre la mesa temas que habían quedado en suspenso por mucho tiempo. Historias de las cuales se conocían fragmentos parciales de la verdad, pero que ahora pueden reencontrar una continuidad en los relatos del hijo del ex alcalde de Palermo, quien podría ser llamado a atestiguar en el proceso a Dell’Utri.
Para él el primer paso de prueba ya fijado, es el del proceso por encubrimiento a la mafia, a cargo del General Mario Mori y del Mayor Mauro Obinu. El tema es la fallida captura de Provenzano en 1995.
Los carabinieri no habrían capturado al jefe de Cosa Nostra para obedecer a un pacto perverso hecho en 1992. El año en el cual Riina entre el atentado de Capaci y el de Via D’Amelio entabló, a través de Vito Ciancimino, una negociación con los mismos carabinieri del ROS (Núcleo Operativo Especial), esta vez Mori y De Donno, para dictarle al Estado las reglas de una Cosa Nostra sanguinaria y ejecutora de atentados.
Se trata de los famosos 12 puntos que el mismo Don Vito había tratado de corregir porque fueron considerados inadmisibles y terminaron por poner al mismo Riina en una condición de desventaja: de interlocutor a objeto de intercambio de una nueva negociación que Provenzano había tomado en las manos, con los referentes de una nueva clase política que tenía que renacer de las cenizas de aquella devastada por “Tangentopolis” (investigación judicial por sobornos).
Desde aquí el relato de Massimo Ciancimino sobre el Senador de Forza Italia. El padre se había sentido sobrepasado, pero había comprendido que Provenzano había cerrado el nuevo acuerdo con una persona más creíble: el Senador de Forza Italia, justamente Marcello Dell’Utri. En el fondo queda el rol central desarrollado por el hombre de los Servicios Secretos, el señor “Franco”, en contacto con Provenzano y Vito Ciancimino y la presencia de otros elementos en la escena del asesinato del juez Borsellino y de su escolta.
Todavía no han sido dadas las respuestas a todas estas preguntas y ciertamente la actitud nerviosa del Senador Dell’Utri deja intuir que quizás las declaraciones de Massimo Ciancimino al final no sean tan abstractas. El ex presidente de la Bacigalupo (sociedad deportiva) en sus interrogatorios con los magistrados de hecho ha admitido que se ha encontrado con mafiosos (aunque no supiera que lo fuesen, ndr.) y haber almorzado con ellos (hechos que han sido confirmados incluso por otros testigos).
Además el héroe a quien Dell’Utri hace referencia y de quien ha dicho haber sido amigo es Vittorio Mangano, no un mafioso cualquiera, sino un jefe mafioso de Palermo.
Si el Senador no tuviese nada que esconder respondería con calma y linealidad a todas las acusaciones, apremiando hasta el amigo Berlusconi, quien se valió de la facultad de no responder, a explicar a los magistrados el origen del dinero de su vasto y discutido imperio. En cambio la irritación del Senador hace de Ciancimino un testigo primordial.

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