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riinasalvatore01RIINA DESDE LA CARCEL: “CIANCIMINO ES UN INFAME”
DESPUES DE 14 AÑOS EL JEFE DE LOS CORLEONESES EN COLOQUIO CON SU HIJO GIOVANNI
Por Giorgio Bongiovanni y Lorenzo Baldo – 16 de septiembre 2010

Totò Riina habla como Jefe de los Jefes y desde la cárcel Opera de Milán hace público su pensamiento sobre las últimas delicadas investigaciones relativas a la “negociación” y al atentado de Via D’Amelio.

Totò Riina tuvo una conversación con su hijo Giovanni en la cárcel, también él detenido, con quien no se veía desde hacía 14 años. El jefe de Cosa Nostra, el hombre que más que nadie ha ensangrentado Italia, sometiéndola a la violencia mafiosa, ha alternado recomendaciones de carácter familiar con consejos y proclamas, dando peligrosas advertencias a Massimo Ciancimino, el único testigo directo de la negociación entre Estado y Mafia que está declarando a los magistrados los entretelones de la involucración de los servicios secretos, describiendo todos los claroscuros de la traición de su paisano Bernardo Provenzano. Y es precisamente ésto lo que Riina no acepta y se encarga de dejarlo bien claro de frente a su hijo que le mira con reverencia. “He defendido a Provenzano”, comenta. “He dicho a los jueces: ese Provenzano que vosotros decís que estaba de acuerdo con hacerme arrestar... Provenzano no ha hecho arrestar nunca a nadie”. Y, refiriéndose a Vito y Massimo Ciancimino continua: “Ellos se encontraban con los servicios secretos, padre e hijo. Provenzano no. Los jueces, durante el interrogatorio no nos creían y les dije: “¡Y desgraciadamente...! ¡Provenzano no!” Así Riina se separa claramente de las declaraciones del hijo de Don Vito, le acusa de ser un infame, uno que miente. Y éste es uno de los mensajes más peligrosos que envía fuera de la cárcel, a quien de sus palabras sabrá captar órdenes y ejecutar sentencias. Con referencia a la relación estrecha que Provenzano y Don Vito han mantenido siempre, el jefe de Cosa Nostra increpa la poca sagacidad de su compadre, pero exonerándole de la culpa de ser un traidor: “A veces es necesario mirar a la gente de arriba  -dice- y evaluar si vale la pena frecuentar ciertas personas. Cuando yo le hablaba de éstos a Provenzano, le decía que no valía la pena, pero él me decía: “¡No!”, y yo: “Pero termina de una vez, basta, mira que no vale la pena”. Ahora, con el paso del tiempo éste es el regalo que le he hecho”. El hijo asiente: “Papá, siempre has tenido un sexto sentido para... Siempre has tenido un sexto sentido”. “Giovà, -contesta él- pero sabes porque, ¿qué es? El cerebro despierto, es porque estoy más adelante que otro, más despierto, ¿has entendido porqué?”. Y añade: “Los jueces me han dicho que soy demasiado inteligente y he contestado que no es así. No sabía que tenía un paisano escritor (Provenzano, ndr.). Mi paisano es escritor, pero no se sentaba con los esbirros para hacer que me arresten. El paisano no hace estas cosas”. Después Riina ratifica nuevamente el concepto sobre la imposibilidad de que Binnu (Provenzano, ndr.) se haya “vendido”: “Sinceramente –dice- los hechos son éstos, no quiero sobreseer. Pero hacerle pasar por uno que arresta a las personas, no es alguien que haga estas cosas. Los sinvergüenzas son los otros que le quieren hacer entrar. Porque Giovà debes ser honesto con él: para mi tiene un cerebro fenomenal por el amor de Dios, tiene un cerebro propio cuando hace de escritor y escribe... por lo tanto solo el escritor puede hacer estas cosas. ¿Sabías que papá defiende al escritor? Le dije el otro día que no sabía que tenía un escritor en mi pueblo, yo se que hay un escritor que se llama Provenzano, pero incapaz de hacerme arrestar cristianos (mafiosos ndr.)”. Después Riina vuelve a acusar a los dos Ciancimino: “Aquí los grandes infames son padre e hijo y todas estas personas porque deben hacer pasar...”.

“Con estos servicios secretos no he hablado nunca”
La conversación continúa recordando la discrepancia que tuvo lugar en la cárcel entre el joven Riina y Provenzano, al día siguiente del arresto del “superboss”. En todos los periódicos salió publicada la noticia de que Riina junior había definido a Provenzano como un “esbirro”. Una noticia falsa de la cual sólo se supo la verdad después de la lectura de las primeras actas del interrogatorio de Massimo Ciancimino, el cual había referido a los fiscales que había confiado la noticia a un periodista del diario la “Repubblica”, después de haberla sabido de un hombre de los servicios secretos. “No es verdad que tu te veías con él en la cárcel... –afirma Riina- ¿Como podías encontrarte con Provenzano? Me lo tienes que decir”, pregunta el boss al hijo. -“Una payasada, una vergüenza... Lo sabes papá, no me permito ni siquiera de decirlo a los que deberían merecer determinadas cosas, imagínate si me pongo a decírselo a alguien que no lo merece”. Y por enésima vez Riina manifiesta su indignación con Massimo Ciancimino: “He querido decirlo a los magistrados que con estos servicios secretos de los que él habla (Ciancimino jr, ndr), yo nunca he hablado, no les conozco, incluso porque si yo me hubiese encontrado con uno de estos servicios secretos dejaría de llamarme Riina...”. Y termina diciendo: “Me han preguntado si conozco a alguien (hombres de los servicios, ndr). No conozco a nadie y si me hubiese encontrado con estas personas no me llamaría Riina. Joder el abogado estaba muriendo, se me estaba cayendo al suelo...”

De Borsellino “no se nada”.
Entre los temas tratados por Riina y el hijo también está el asesinato del juez Paolo Borsellino.
“He dicho al magistrado que yo a lo de Borsellino lo supe por la televisión y no se nada”, son las palabras del padrino de Corleone, que con el hijo critica al arrepentido Giovanni Brusca, quien fuera su persona más fiel y que revelara todos los detalles del atentado de Capaci*, pero que no ha sabido dar indicaciones sobre el del Via D’Amelio*.
“He dicho –continúa el boss- que Riina es capaz de todo y de nada. Pero tu padre es increíble, cuanto tu crees que sepa todo no sabe nada, pero como él muchos de estos señores terminaron así. Un poco casi todos. ¿Por qué casi todos un poco? Porque la última palabra era seguramente la mía y por lo tanto la última palabra no se sabrá nunca”.
Después añade: “Hay que saber arreglárselas en la vida. Cuando tienes una posibilidad si las sabes aprovechar, a la última palabra no la dices; te la guardas para ti y puedes jugártelo todo sobre esta última palabra: los demás no saben nada y tu incluso tienes un poco en ventaja. Esta es la vida, hijo mío: por desgracia es necesario hacer sacrificios, he tenido la suerte, en la desgracia, de estar allí y he seguido adelante, ciertamente... si. ¿No todos la tienen, eh?”. “Porque también ellos se equivocan y se dan la cabeza contra la pared, no saben... no saben, éstos se dan la cabeza contra la pared porque no saben adonde ir. Este no es un secreto de la vida...”.

El papello “no es escritura mía”.
En el famoso “papello” –lista de peticiones de Cosa Nostra al Estado en el ámbito de la así llamada negociación- el boss explica al hijo que “no es escritura mía...”, pero no desmiente la existencia. “Giovà –dice después- en la historia, cuando yo ya no esté, vosotros debéis decir y debéis saber que tenéis un padre de los que no hay en la Tierra, no creáis que encontraréis, otro no hay porque yo soy de una honestidad y de una coherencia que no es común”.

Al magistrado “no respondo”
El jefe de los corleoneses confirma después su completa negación a la colaboración con la Justicia. “He cerrado con todos –son sus palabras- porque no tengo nada que ver con nadie. El magistrado quería hacerme una pregunta y enseguida le dije: “No me haga preguntas porque no contesto”. Y él no ha hablado, se ha quedado en silencio, porque yo se dejar knock out un poco a todos porque tengo experiencia, Giovà, tengo experiencia”.
El juicio sobre los arrepentidos, que ha expresado en otro momento de la conversación, es durísimo. “Gente desgraciada, gente infame”, dice, descargando sobre los colaboradores de justicia que le acusan “todos los sufrimientos” padecidos por su familia. Y en particular de su mujer que ha estado siempre a su lado.
“¿Hay gente miserable –sigue diciendo el boss- ha hecho ésto sobre amenazas y sobre todo? ¿Por que han nacido entre los carabinieros? ¿Han nacido entre los infames? ¿Han nacido los soplones?”.
Giovanni responde: -“Eh, cada uno si... aprovechadores... aprovechadores”.
Y el viejo corleonés continúa: “Ahí me paro, lo que he podido hacer, doy gracias incluso a mi mismo. Lo he hecho... he intentado incluso...”.
Giovanni comprende el discurso que ha dejado pendiente: “Pero –interviene- no es que uno puede siempre...” Y el padre susurra: “Este Brusca...”.

Negocios de familia
“Giovanni, déjalo, saluda de mi parte al tío cuando le escribas”. Es con esta frase que Totò Riina, agotados otros temas, empieza a hablar de temas familiares pidiendo al hijo que salude a Leoluca Bagarella, el boss ideólogo de atentados, hermano de su mujer “Ninetta”.
“Respetadlo siempre –intima el viejo corleonés al joven- que queréis pobre hombre desafortunado; también él en la vida ha sido desafortunado por lo que le ha sucedido. Por desgracia esta es la vida y debemos seguir adelante”. Después le recomienda al hijo que mantenga unida a la familia y que piense en el futuro de su hermano Salvo, el otro hijo del boss, actualmente detenido por asociación mafiosa, pero que terminará de descontar la pena en el 2011.
Y en el discurso queda lugar también para la pasión común de los dos interlocutores por el ciclismo. “La vuelta ciclista de Italia... dice Totò Riina haciendo referencia a Petacchi –yo lo sigo siempre”. “Yo tengo esperanzas siempre en Basso, pero está también este Contador, es muy bueno, ¡es demasiado bueno!” Y cuando Riina pregunta a Giovanni si lee siempre el periódico “La Gazzetta dello Sport” el joven contesta: “Si, si, sigo todo a nivel deportivo...”.
En otro pasaje de la conversación Totò habla nuevamente de su hijo Salvo, que el boss quiere que vaya a trabajar a Florencia cuando salga de la cárcel, porque a Corleone “no puede volver”.
Dice también “Querido Giovanni, en la vida tenéis que entender que somos de Corleone, no somos palermitanos, así que, si tenéis determinación, pensad en encontrar una chica allí en Corleone, porque bien o mal, bien o mal, es siempre una corleonesa”.
Giovanni no está de acuerdo: “Pero debo decir una cosa que el razonamiento 'mujeres y bueyes mejor de los pueblos tuyos' eran útiles en un tiempo; ahora lamentablemente tampoco es así”. Y el padre responde: “Eh si, pero vale siempre el dicho de que sea de tu pueblo... Dice: 'Corleone ya no es más como en tus tiempos', pero a papá siempre una paisana bien o mal sabemos quien es la madre, quien es la abuela, quien era el abuelo, quien es el padre, sin embargo a veces...”.
Después vuelve sobre la necesidad de ser fuertes: “Vivo solo y no tengo contactos con nadie. Me querían eliminar así. Han experimentado este hecho: 'Le metemos solo y le eliminamos, le destruimos, terminamos con él'. Deben saber en cambio... que a mi no me destruís”. “Nos hacemos la prisión... Yo con ochenta años no se cuanto puedo vivir todavía, estate tranquilo que intento seguir adelante. Yo estoy aquí, como me ves, tranquilo y sereno como quizás ni siquiera os podéis imaginar”.

“Papá es fenomenal”
En un breve pasaje ambos jefes mafiosos mencionan también a Berlusconi, en el ámbito de un discurso sobre la alimentación. “Porque yo he engordado dos kg... – es la voz del padre - Giovà, la vida que hago yo con este señor... Berlusconi, que creo poco y nada, la vida que hago con éste... yo como como un loco y engordo”.
El joven dice después que se encuentra bien en la cárcel y que ha comenzado a estudiar, pero el padre replica: “Intenta no reñir con nadie, compórtate siempre bien, como siempre me he comportado yo”.
Giovanni interviene: “Hace falta un poco de paciencia en la vida”. Se oye responder: “Y nosotros la tenemos”. “Reconozco que la cárcel es difícil, pero si uno se mete en la cabeza no hacer daño a los demás, resulta fácil, hay que tener un poco de paciencia”.
El hijo está de acuerdo: “La tenemos. Lamentablemente hace ya 14 años que estoy aquí dentro...”.
Y Totò subraya: “Giovanni, aquí me llevan en brazos. Me llevan sobre la palma de las manos... Me respetan todos. Me respetan Giovà, saben que soy alemán, saben que hay perfume, alguien que... porque yo no hablo. Yo no le contesto, saben que no hablo. Tengo ochenta años y conozco la vida que hay afuera, el mundo que está afuera, por lo que evalúo todo y a todos. Y se arreglármelas con todos”.
Poco antes había tranquilizado al hijo: “Quédate tranquilo que me las arreglo. Tú sabes que papá sale adelante. Tú piensa siempre que papá es fenomenal. Es un fenómeno. Tu sabes que yo no soy normal, no formo parte de las personas que son iguales a todas, yo soy extranjero”. Y más aún: “Te tengo que decir la verdad, yo soy autosuficiente todavía... No tienes que preocuparte, porque tú sabes que papá se las arregla demasiado bien. Puedes decir a tus compañeros que tienes un padre que es una joya”.

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