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sentenciapalermoPor Giorgio Bongiovanni – 26 de abril del 2018

Que la del proceso de la tratativa Estado-mafia es una sentencia "histórica" ni siquiera hay necesitad de repetirlo, por lo que el pronunciamiento del juez Alfredo Montalto (con el juez a latere Stefania Brambille y dos jueces populares) ha trazado una especie de divisoria de aguas, condenando por el mismo crimen a los jefes de Cosa Nostra Bagarella y Cinà (no a los jefes Riina y Provenzano, porque ya han fallecido) junto a altos funcionarios del Estado, a los oficiales del ROS (Mori, Subranni y De Donno) y a políticos (Dell'Utri).

Esto, sin embargo, sólo puede ser el comienzo de un camino de búsqueda de la verdad que respalde lo que ya ha sido "teorizado" por expertos muy respetados en el tema. Estamos hablando de un "príncipe" que siempre ha utilizado a las organizaciones criminales locales para hacer política con crímenes de Estado, para decirlo en palabras de Roberto Scarpinato en el volumen escrito junto a Saverio Lodato (Il ritorno del Principe, Chiarelettere). O de una mafia brazo armado del Estado, cuando el entonces fiscal de Palermo, Pietro Grasso (esperando que no haya cambiado de idea) informó al coautor Saverio Lodato que "Cosa Nostra, muy a menudo, era el Estado. Y siempre ha tenido la tendencia a tener funcionarios que gradualmente podrían hacerla participar en el sistema de poder" (La mafia invisible, Mondadori).

La mafia, en suma, en sus 150 años de vida nunca ha estado sola. Y la sentencia de Palermo es otra pieza que, en términos muy claros, establece que "la negociación existió". A pesar de que las condenas individuales de los acusados todavía tienen que atravesar los dos grados sucesivos del juicio, desde ya se puede comenzar a reunir  nuevamente más pistas que conduzcan directamente a los ideólogos externos de las masacres. Un trabajo que ya está en manos de las fiscalías competentes - Caltanissetta para las masacres del ‘92, Florencia para las del ‘93, Palermo para la tratativa "bis" – y que debe valerse de la coordinación de la Fiscalía Nacional Antimafia. Porque para desenmascarar a los que desde dentro del Estado querían y ordenaron las masacres, material del cual partir para buscar pruebas ulteriores no falta.

Tenemos las declaraciones de Giovanni Brusca sobre un contacto con Dell’Utri y Berlusconi a través de Vittorio Mangano. Junto a aquellas en las que el arrepentido acusa al ex ministro Nicola Mancino (absuelto del delito de falso testimonio) de ser “el último destinatario del papel de Riina”.

Tenemos el “sondeo” de Cosa Nostra hacia afuera, contada por el colaborador Nino Giuffrè, para "probar" la reacción con respecto al propósito de eliminar a Falcone; una actividad de reconocimiento que concierne no solo a las posiciones de los círculos empresariales que operan en sectores controlados por "Cosa Nostra", sino también a una parte "oculta" y "desviada" del mundo masónico.

Tenemos las declaraciones del arrepentido, ahora fallecido, Salvatore Cancemi: el primero, en el juicio Borsellino ter (acusación pública de Nino Di Matteo y Anna Maria Palma) en acusar a Silvio Berlusconi y a Marcello Dell'Utri de tener contactos directos con la cúpula de Cosa Nostra.

Tenemos a Gaspare Spatuzza, considerado aún por los fiscales más moderados como el colaborador de los colaboradores, cuya garantía de fiabilidad ha sido certificada por todos los fiscales que lo escucharon, y que dio los nombres de aquellos que, fuera de Cosa Nostra, estarían involucrados en la estrategia de los atentados. También en este caso, se repiten los nombres de Berlusconi y Dell’Utri: "Graviano dijo que con Berlusconi y Dell'Utri teníamos el país en las manos". Y son solo algunos de los nombres de los colaboradores de justicia que se han referido a los ideólogos externos.

Y aún más, tenemos las intercepciones de Riina en prisión: las manifestaciones de odio hacia los magistrados de ayer (Falcone, Borsellino, dalla Chiesa, Chinnici) y los de hoy (Di Matteo, "te voy a dar el fin del atún") tanto como para ordenar su eliminación: “Y entonces organicemos esto. Hagámoslo a lo grande y no hablemos más”. Una orden de muerte que se superpone de manera inquietante a aquella – de la cual habló el arrepentido Vito Galatolo - emanada de la "prímula roja" Matteo Messina Denaro. El Jefe de Jefes, interceptado, incluso llega a hablar, aunque sea enigmáticamente, de “tratativa”: "La cosa se detuvo ... tres o cuatro meses ... pero no es que se haya detenido ... de todos modos la nota ... (palabras incomprensibles) ... simplemente se lo dejé". ¿Y si esta "nota" fue el "papel"? Palabras sibilinas, como las pronunciadas ante los agentes de la policia penitenciaria ("fueron ellos quienes me buscaban para tratar").

Para concluir una lista que comprende solo algunas de las líneas de investigación que deben pasar por debajo de la lupa, tenemos las palabras de otro jefe de Cosa Nostra, Giuseppe Graviano quien en prisión informa al compañero de la hora de aire Adinolfi de cómo “Berlusca me pidió una cortesía” mientras en las declaraciones espontáneas del processo ‘Ndrangheta stragista, además de explicar que gracias a "algunos sicilianos" en Italia no hubo ataques terroristas de origen extranjero, el capomafia pide "obtener todas las intercepciones "que había entre Adinolfi y yo".

Son piezas de un mosaico mucho más grande que sin embargo provienen de la boca de personajes que, en esos altos niveles, lo han visto, frecuentado, a veces hasta influido. Y no es poco.

Por lo tanto, la sentencia de Palermo nos lleva a insistir con determinación en la búsqueda de los instigadores externos de las masacres. Una petición a la cual, después de la condena de la tratativa Estado-mafia, no deja de producir ecos ni siquiera en los familiares de Paolo Borsellino – los hijos junto a los hermanos, Salvatore y Rita - que claman investigar a fondo para descubrir los nombres de aquellos que querían la muerte del juez. Así como pide justicia justicia Giovanna Maggiani Chelli, presidenta de la Asociación de Familiares de las Víctimas de la Masacre en via dei Gerogofili: "Esperamos que los que hasta ayer probaron mil excusas por no cumplir con su deber, ahora procedan al reenvío a juicio de los 'cómplices de Cosa Nostra' en la masacre en via dei Georgofili y por las masacres de 1993".

Ahora es el momento de una toma de posición por parte de las fuerzas del estado, las verdaderas. Es decir, las fuerzas políticas que asumirán el gobierno y que por ahora aseguran (en palabras) que Italia cambiará para mejor, y pronto.

Ahora es el momento, empezando por el futuro ministro de justicia y el del interior, de conferir mayores atribuciones a las fiscalías, especialmente a los puestos avanzados en la lucha contra la mafia y el Estado-mafia, para que no queden aplastados por la escasez de magistrados y de los cientos de procesos ordinarios que atrasan inevitablemente la investigación de los cómplices externos.

Es hora de crear una nueva Comisión Parlamentaria que, con el fin de apoyar a los fiscales de la República, se dedique a la búsqueda de aquellos personajes que compartieron objetivos y estrategias con Cosa Nostra. Y, con una mirada más amplia, crear una Comisión Parlamentaria Antimafia que retome el hilo de los misterios no resueltos de las masacres y los crímenes de Estado cometidos por la mafia en los años ‘80 y ‘90. Es necesario que las fuerzas del Estado unan todas sus energías para terminar con los prófugos, hasta ahora protegidos por las altas esferas del poder, como Matteo Messina Denaro, posible depositario de los secretos de Riina y Provenzano que Italia debe conocer. Ahora, para este país, es hora de tener un "arrepentido del Estado" que rompa el silencio institucional y explique cómo y por qué se han dedicado a negociar con la mafia. En este punto, el primer elemento de la lista sería un análisis más detallado de las declaraciones de Claudio Martelli. El ex ministro en la Sala del Tribunal dijo que "no es la primera vez que se intercambian favores entre la mafia, asociaciones tipo la P2, servicios de inteligencia desviados, la Masonería" y que "también puede haberse dado en este caso", cuando, en realidad el colaborador del ex presidente Bettino Craxi "fue involucrado en la Conto Protezione" (cuenta bancaria investigada en el caso de la P2, ndt)", encabezada por el mismo Martelli y en la cual entre los años 1980-1981 el PSI (Partido Socialista Italiano, ndt) recibió siete millones de dólares del Banco Ambrosiano de Roberto Calvi, préstamo obtenido gracias a Gelli. Hecho por el cual Martelli logrará evitar la condena con una compensación sustancial que le garantizó al ex ministro socialista que prevalecieran las "circunstancias atenuantes" para que operara la prescripción en el delito de concurso en la quiebra fraudulenta del Banco Ambrosiano. Y de nuevo, volviendo a los años de las masacres, Martelli agregó: "Ciertamente podemos estar seguros de que se ha abierto una dialéctica de bombas y concesiones, bombas y concesiones, hablando, más que de tratativa, de una "rendición unilateral por parte del Estado". Palabras que valdría la pena volver a pasar por un cedazo, junto con las de los testimonios que se han rendido en el proceso de la tratativa en los últimos cinco años.

Estas serán las tareas del gobierno que se prepara para formarse y asumir: si no coloca en la cima de su agenda la lucha contra la mafia, la corrupción y, por lo tanto, una investigación seria sobre los instigadores externos de las masacres, no habrá paso de la segunda a la tercera República. En todo caso, nos enfrentaremos con el viejo adagio gattopardesco: "todo cambia porque nada cambia".

 

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