El talibanismo no ha nacido en Afganistán, sino en Pakistán ideado por Fazlur Rehman, líder de un partido fundamentalista Jamat-e-Ulema Islam que reclutaba a sus partidarios entre los estudiantes de las madras (talib quiere decir estudiante). Pero era un movimiento pacífico, hasta tal punto que sostenía al gobierno de Benazir Bhutto. Se volverá armado en Afganistán para luchar contra los “señores de la guerra”, los legendarios comandantes que habían derrotado al coloso soviético, Massud, Ismail Khan, Heckmatyar, Dostum, pero que, ocupados en una lucha interna feroz por el poder, se habían transformado junto a sus subordinados en bandas de usurpadores, violadores, asesinos que actuaban con el más completo albedrío vejando a la población en todos los modos posibles. El Mullah Omar y sus jovencísimos “guerreros de Allah”, con el apoyo de la población que ya no soportaba más, en solo dos años derrotarán a los “señores de la guerra”, les echarán más allá de las fronteras y tomarán el poder. Después del 11 de septiembre los americanos invaden Afganistán con el pretexto de capturar a Bin Laden. Pero la verdad los talibanes se habían encontrado a Osama en casa, estaba ahí incluso antes de que naciera su  movimiento, le había llevado el noble Massud para que le ayudara a derrotar a su eterno enemigo Heckmatyar. Pero esto a los americanos les importaba poco. Y ganada fácilmente la guerra (los talibanes se encuentran en una situación militarmente insostenibile: en el terreno tenían en frente a hombres igual de valientes guerreros, los mujaheddin de la Alianza del Norte, pero sus lineas son constantemente barridas por las bombas de los inalcanzables B52) ocupan Afganistán. Pero después de escapar solo en moto, el Mullah Omar logra organizar una resistencia que se revela, año tras año, cada vez más resistente. Con tal de doblegarla los americanos atacan las zonas tribales en territorio pakistaní donde sospechan, con razón, que se esconden los líderes de la guerrilla. Pero de esta forma despiertan el talibanismo pakistaní, que hasta ese momento era pacifico, y terminarán encendiendo a Pakistán. Bajo la presión de los Estados Unidos los ataques del ejército pakistaní a las zonas tribales del Baluschistan y del Waziristan, empiezan en el 2007. A veces son los aviones norteamericanos mismos, sobrepasando las fronteras de Afganistán, los que bombardean directamente. Pero la gota que hace rebosar definitivamente el vaso, que ya está lleno, es la ofensiva de inaudita violencia que el ejército pakistaní, con la dirección oculta del general David Petraeus, desata el 5 de mayo del 2009 en el pobladísimo valle de Swat (con la tranquilidad de quien afirma que Pakistán apoya a los talibanes).
Después de la primera semana de bombardeos, no se cuentan los muertos. Se pueden contar sin embargo los prófugos. Son un millón. En los días siguientes llegarán a dos. En los campos de prófugos cientos de jóvenes pakistaníes, a quienes nunca antes se les había pasado por la mente, se declaran listos para ser kamikazes. Desde entonces Pakistán está en llamas. No es todavía Afganistán, pero pudiera llegar a serlo. Solo que hay una diferencia substancial entre Afganistán y Pakistán. Afganistán, armado como está de manera antediluviana, no constituye un peligro para nadie, aunque volviesen al poder los talibanes. Pakistán tiene la bomba atómica. Si los integralistas pakistaníes que, a diferencia de los talibanes afganos cuyo horizonte termina en Kabul, tienen, por su historia de ser potencia regional de su país, una visual geopolitica que va más allá de sus fronteras, conquistaran un día Islamabad, habría problemas muy serios. Para todos.

IL FATTO QUOTIDIANO, 5 DE MARZO 2011

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