Pero ciertas “series” difícilmente son totalmente casuales. La impresión es que una misma ola – de inquietud y esperanza al mismo tiempo – esté pasando sobre toda el área.
Esta impresión podría tener un origen no visible inmediatamente, pero único: estamos asistiendo a la manifestación de una gran falla en la que en un tiempo fuera la sólida muralla económica del Imperio.
Los Estados Unidos ya no parecen ser capaces de ejercer su control en escenarios que han sido prerrogativa de su dominio indiscutido en el transcurso de los últimos 50 años. El hecho de que la crisis sistémica que ha afectado al Occidente entero haya partido de los Estados Unidos, y que los Estados Unidos no logren hacerle frente desde hace ya tres años, ha dañado su prestigio en relación a los leadership europeos y asiáticos, por no hablar de los latinoamericanos.
No tendríamos que sorprendernos demasiado si imaginamos que estas sensaciones de debilitamiento hayan sido percibidas cada vez con más claridad por las masas populares que deben afrontar regímenes protegidos por Washington. Débil el Señor (Patrón), débil el Vasallo. ¡Todos contra el Vasallo!    
Wikileaks ha burlado la diplomacia americana. La guerra afgana no tiene escapatoria.
Ahmid Karzai y su hermano traficante de droga están perdiendo el control incluso de los señores de la guerra a quienes los americanos y los ingleses les han pagado para mantenerlos tranquilos. Irán no ha sido domado. El Yemen está candente. En el Líbano, el Hezbollah ha retomado el mando absoluto. Israel es prepotente con respecto al pueblo palestino. Irak se ha convertido en una farsa, pero sigue sangrando. Hu Jintao avanza impertérrito por su camino. Queda sólo para apuntalar la escena una Europa incapaz, pero que, por su lado, al tener el bordón a Wall Street, está obligada a romper los pactos sociales entre los gobiernos y los pueblos.
A Obama lo han rodeado los republicanos y ya se ha rendido sin luchar, participando también él del Tea Party. En el cual los pastelitos son bombas listas para caer en las cabezas de los reacios en todas las partes del globo en las que se levanten protestas por una situación mundial inestable y que ya no tiene guía. Una América que se prepara – ocultándose la verdad y creyéndose ser aún imperial – a reemplazar la hegemonía con la fuerza. Y ahora volvemos a Egipto. Mubarak se puede “jactar” del apoyo de Washington (especialmente del vice-presidente John Biden); del apoyo del clero gubernativo islámico; y del de Israel. Tres “jactancias”  que es improbable que le favorezcan.
Obama y el Pentágono, junto con Israel, están evaluando si pueden permitirse que la frontera entre Gaza y Egipto quede gobernada por un leadership egipcio diferente del que ha martirizado a los palestinos en todos estos años. Podrían decidirse a intervenir, juntos, para frenar la rebelión de El Cairo y de Alejandría.
Pero equivaldría, a la luz de lo que está sucediendo, no exclusivamente en el interior de Egipto, a ajustar los últimos tornillos no sólo en el ataúd de Mubarak, sino también sobre sus perspectivas de control de toda el área.
28 de Enero de 2011

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