silencioEl silencio cómplice del Gobierno (del no cambio)

Por Giorgio Bongiovanni - 20 de septiembre del 2018

Guerra, hambre, pestilencias. Desde hace años Yemen, uno de los países más pobres del mundo ubicado en la Península Arábiga, está experimentando una de las crisis humanitarias más trágicas, en medio del ensordecedor silencio de las naciones europeas y occidentales.

Allí, a partir del 2015, se está desarrollando una guerra civil devastadora con más de 10 mil personas muertas (dos tercios de ellos civiles), decenas de miles de heridos y muchos más afectados por el hambre, el cólera y la difteria. Números despiadados, recogidos en los últimos meses, que se vuelven aún más dramáticos si se considera que, según UNICEF, hay 400 mil niños que pueden morir de desnutrición, mientras que otros 8 millones se ven privados de agua potable. Y en el conflicto que tiene por un lado al gobierno reconocido del presidente yemení, Rabbo Mansour Hadi, respaldado por una amplia coalición militar liderada por Arabia Saudita, los Estados Unidos y algunos países de Europa y, por el otro a los rebeldes hutíes de religión chiíta, apoyados por Irán, están a la orden del día los bombardeos indiscriminados de escuelas, hospitales y mercados, en los que miles de personas han perdido la vida.

Ahora bien, por qué Yemen es tan importante. El país árabe, que limita con Omán y Arabia Saudita, se encuentra en un punto crucial de conexión entre el Mar Rojo y el Golfo de Adén. No es una ruta cualquiera, sino una de las consideradas "cruciales", en particular para el tránsito de barcos petroleros.

La lucha interna que se desarrolla en estos años es precisamente la hija de estos intereses internacionales que no tienen nada que ver con la libertad de los pobres. Arabia Saudita, junto con otros ocho estados árabes sunníes, han decidido apoyar al gobierno de Hadi, lanzando una campaña constante de bombardeos mientras que Estados Unidos, el Reino Unido y Francia le han dado el necesario apoyo logístico.

También Italia juega un papel en todo esto, en particular en lo que refiere a la venta de armas. Los saudíes, según diversas investigaciones y denuncias internacionales, utilizan armamamento producido en Italia, tanto en materia de bombas como de armas ligeras.

En diciembre, el New York Times, con un informe de vídeo sobre la venta de armas a Arabia Saudita producidas en una planta de Cerdeña, publicó un artículo con un título claro y elocuente: "Bombas italianas, muertos yemeníes". Un informe completo de donde surgen serias dudas sobre el hecho de que Italia pueda violar tanto las leyes nacionales como las internacionales. En ese momento, el Ministerio de Asuntos Exteriores dijo que "Italia observa escrupulosamente la legislación nacional e internacional sobre exportación de armas y se adapta siempre e inmediatamente a los requisitos exigidos por la ONU o la UE. Arabia Saudita no está sujeta en forma alguna a embargo, sanción u otra medida restrictiva internacional o europea".

Sin embargo, hoy la pregunta vuelve al centro del debate. En los últimos días, el enésimo ataque de Riad mató a siete civiles, entre ellos dos niños, y la Ministra de Defensa, Elisabetta Trenta, pidió revisar la legalidad del contrato entre los saudíes y la RMW Italia, una filial del grupo alemán Rheinmetall Defence, con sede en Cerdeña, que ha estado suministrando bombas al país saudí durante años.

En particular, se dirigió a su colega de Asuntos Exteriores, Enzo Moavero Milanesi, para verificar el cumplimiento de la ley número 185 de 1990 que limita las exportaciones militares. Y ya se habla de una propuesta para hacer que las nuevas normas sean más estrictas.

Sin desmerecer la intervención de Trenta, que aparentemente quiere hacer que la norma sea aún más estricta, está claro que cualquiera sea la respuesta del Ministerio de Asuntos Exteriores, estamos frente al enésimo crimen. La verdad que muchos fingen no ver, escondida tras la "hoja de parra" de la burocracia legislativa, es que Italia, un país que en virtud del artículo 11 de la Constitución "rechaza la guerra", participa activamente en una de ellas vendiendo armas. Puede ser cierto que no hay embargos contra Arabia Saudita, pero la comunidad internacional debería preverlos frente al genocidio que se está llevando a cabo día tras día. ¿Cuán legítimo puede ser vender armas a un país activo en una guerra que no sólo bombardea, sino que también realiza su propio embargo en puertos yemeníes que impide la llegada de ayuda humanitaria, más que nunca indispensable en un país al borde del colapso?

En diciembre pasado, en el momento de la investigación del New York Times, el senador de M5S Roberto Cotti atacó al gobierno anterior: "La denuncia es seria, la evidencia abrumadora, la responsabilidad del gobierno italiano es muy evidente. Un Gobierno que sigue autorizando la exportación de bombas a pesar de mis denuncias, con 6 preguntas parlamentarias que no se han dignado responder para tratar de justificar lo que hacen. Un compromiso, el mío, finalmente premiado".

Casi un año después la misma protesta es tomada por Laura Boldrini, ex Presidenta de la Cámara, ahora en la oposición, quien escribe en su página de Facebook: "La Ministra Trenta solicitó información al Ministerio de Asuntos Exteriores. Pero no es suficiente, debemos actuar: el gobierno debe garantizar absolutamente que no se use ningún arma producida por compañías italianas en la masacre yemení. Sobre estas cuestiones, el Parlamento italiano intervino de nuevo con la ratificación, en la última legislatura, del Tratado de Nueva York de 2013 sobre el comercio de armas. A pesar de esto, parece que la venta de armas, especialmente bombas, de Italia a Arabia Saudita continúa. ¿Qué piensa hacer el gobierno italiano frente a todo esto? ¿Qué medidas van a tomar el Ministro Moavero y el Ministro Trenta para detener este tráfico indecente?". En honor de verdad, debe recordarse que los Gobiernos del pasado no intervinieron con fuerza en la cuestión y que Boldrini no hizo declaraciones similares cuando era Presidenta de la Cámara.

Sin embargo, las preguntas son absolutamente pertinentes. ¿Qué hacen hoy los representantes gubernamentales del (no) cambio? En lugar de detener de inmediato la venta de armas por parte de las empresas estatales y las de producción privada, ganan tiempo con la enésima gambeta burocrática.

El "Informe Final del Grupo de Expertos sobre Yemen", enviado el pasado 27 de enero al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, informa que "el conflicto ha tenido  violaciones generalizadas del derecho humanitario internacional por parte de todas las partes involucradas. El Grupo ha llevado a cabo investigaciones detalladas sobre estos eventos y tiene motivos suficientes para afirmar que la coalición liderada por Arabia Saudita no cumplió con el derecho internacional humanitario en al menos 10 ataques aéreos directos sobre viviendas, mercados, fábricas y un hospital". Estos hechos son una clara violación del artículo 1 del párrafo sexto de la ley número 185 de 1990, la cual prohíbe la venta de armas a países que están en guerra en oposición a lo establecido por la Carta de las Naciones Unidas y a la llamada "triangulación".

Steve Cockburn, vicedirector del programa "Cuestiones Globales" de Amnesty International, en referencia a la guerra en Yemen ha dicho claramente en los últimos meses que "los que venden armas a la coalición guiada por Arabia Saudita se arriesgan a ser recordados como cómplices de crímenes de guerra". Y a la luz de los hechos es imposible no darle la razón. El Tribunal de La Haya podría intervenir contra aquellos que favorecen tales crímenes.

E incluso la justicia italiana debería tomar medidas iniciando investigaciones contra los directores generales de las industrias privadas que producen armas y continúan vendiéndolas a pesar de la evidencia de que se utilizan de manera criminal. La Fiscalía de Brescia, en 2016, habría abierto una investigación sobre el suministro de bombas de aire a Arabia Saudita. También hay una cuestión a investigar sobre aquellos ministros que hasta ahora no han hecho nada permitiendo tales actos. La figura del delito es evidente y encuadra claramente en el crimen de lesa humanidad o en el concurso de masacre.

Un gobierno que realmente quiere proclamarse "de cambio" debería detener todas las entregas ya autorizadas, incluso arriesgándose a pagar multas millonarias. Se necesita el coraje para ir más allá de una carta o una publicación en las redes sociales. ¿No tiene este gobierno la fuerza para ir contra el lobby de las armas, de los bancos y de esos intereses de miles de millones de euros con que algunas empresas cimentan sus fortunas? Si no actúa, significará la enésima traición a esa confianza que tantos italianos depositaron en él.

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Foto © Ansa - Armas italianas en un aeropuerto de Cerdeña dirigidas a Arabia Saudita

dallachiesaPor Giorgio Bongiovanni - 3 de septiembre del 2018

3 de septiembre de 1982. En la calle Isidoro Carini de Palermo, un comando de Cosa Nostra mata al prefecto Carlo Alberto dalla Chiesa, a su esposa Emanuela Setti Carraro y al agente de su escolta Domenico Russo. Todos asesinados con disparos de Kalashnikovs, AK-47. Treinta y seis años han pasado desde esa noche. Algunos años después Totò Riina, en una de sus "historias" al compañero de la hora de aire, Alberto Lorusso, demostrando toda su ferocidad, dijo de los instantes en que se produjo la matanza,: "Tan pronto como salió con su esposa, lo seguimos a distancia. Podríamos haberlo hecho ahí, en el hotel, para que fuera más espectacular, pero a mí esas cosas me molestan ... Al día siguiente yo le dije: 'Pino, Pino (se refiere a Pino Greco, llamado 'Scarpuzzedda', uno de los asesinos más notorios de Cosa Nostra) ve a buscar las cosas ... preparemos las armas'. El primer disparo lo hicimos nosotros ... éramos unos siete u ocho, terribles, éramos terribles. Mientras caía muerto, a pesar que estaba muerto, le disparamos donde estaba, de pronto ... ta ... ta ..., ta ... y estaba muerto".

Esas palabras se suman a los testimonios de colaboradores de justicia como Calogero Ganci y Francesco Paolo Anzelmo que ya habían contado a los investigadores la dinámica de la emboscada, permitiendo identificar a los asesinos y a los jefes de Cosa Nostra que ordenaron la acción homicida.

Ganci y Anzelmo, por la muerte del general, tuvieron que cumplir 14 años de prisión. Por lo tanto, se sabía que el A112, en el que se desplazaban el prefecto y su esposa, estaba flanqueado y superado por un BMW 518 en el que viajaban Antonino Madonia y Calogero Ganci. El que debía abrir fuego con el fusil Kalashnikov era Madonia. Un segundo automóvil, conducido por Anzelmo, seguía al prefecto, listo para intervenir y bloquear la eventual reacción del custodio. Russo fue asesinado por Pino Greco "Scarpuzzedda", quien seguía a sus cómplices a bordo de una motocicleta.

El A112, después de ser golpeado por el fuego del Kalashnikov, se desvió, obligando al auto del asesino a girar bruscamente hacia la derecha. Los ideólogos de la masacre, hace ya más de quince años, fueron condenados en el maxiproceso a la mafia iniciado en 1986 y terminado el 17 de diciembre de 1987. Y la cadena perpetua, con sentencia que se convirtió en definitiva en el ‘92, fue impuesta a los jefes mafiosos, entre ellos Totò Riina, Bernardo Provenzano, Pippo Calò y Michele Greco, mientras que Nitto Santapaola, jefe mafioso de Catania, fue condenado en primera instancia y absuelto en la apelación. Dos de los asesinos, Vincenzo Galatolo y Nino Madonia, fueron condenados a cadena perpetua. Posteriormente, la Corte d'Assise de Palermo, presidida por Claudio Dall'Acqua, condenó también a cadena perpetua a los dos últimos miembros del grupo de ataque, Giuseppe Lucchese, jefe de Brancaccio y Raffaele Ganci, jefe de Noce.

Reconstruido el crimen muchas interrogantes permanecen sin respuesta, en particular aquellas relacionadas con los instigadores ocultos, es decir, con aquellos que "inspiraron" a Cosa Nostra. En este sentido, vale la pena mencionar la escucha ambiental en la que el jefe Giuseppe Guttadauro, hombre de confianza del super jefe fugitivo Bernardo Provenzano y en aquel momento regente del mandato de Brancaccio, mientras conversaba con Salvatore Aragona, médico y también mafioso, declaró: "Salvatore... pero comienzas a partir del ochenta y dos, en su lugar... pero ¿quién coño nos jodió para matar a dalla Chiesa... hablemos claramente...". "Y por qué tuvimos que hacer ese favor...". Los que ordenaron la escucha, en el 2001, fueron los magistrados de Palermo coordinados por el fiscal Nino Di Matteo, que investigaban al ex gobernador de Sicilia Salvatore Cuffaro, luego condenado en sentencia definitiva por ayuda agravada a la mafia.

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Al releer estas palabras, de inmediato aparece una pregunta: ¿a quién se le hizo ese favor? El mismo Francesco Paolo Anzelmo había declarado que la masacre no fue determinada por la guerra de la mafia sino que era "algo que estaba afuera de ella" y, posteriormente, también los colaboradores de justicia Tullio Cannella y Gioacchino Pennino aportaron nuevas ideas. El primero, cercano a Pino Greco Scarpuzzedda, se habría quejado con él por haber tenido que organizar el crimen ("El asesinato de dalla Chiesa no se quería ... Llevará al menos diez años recuperar el barco"); mientras que el segundo habló de la convergencia de intereses externos a Cosa Nostra. Una pista que también seguían en ese momento los jueces del primer maxi-proceso. Tanto es así que el mismo Giovanni Falcone y Paolo Borsellino hablaron precisamente de "convergencia de intereses entre Cosa Nostra y sectores políticos y económicos".

Lo cierto es que dalla Chiesa fue asesinado solo cien días después de su llegada a Palermo como prefecto y a quien el ministro Rognoni le había prometido "poderes extraordinarios". "Poderes" que nunca le fueron "concretamente" asignados. Lo que hubiera hecho con esos "poderes" dalla Chiesa se lo comunicó a Giulio Andreotti, justo antes de partir hacia Sicilia: "No tendré ningún respeto por el sector contaminado de su corriente". Una afirmación que incluso fue "blanqueada" por el siete veces primer ministro. Lo cierto es que el general, que ya había luchado contra el Terrorismo Rojo, no se hubiera detenido ante esto. Habría cumplido con su deber contra Cosa Nostra, investigando a fondo los lazos que la organización criminal tenía con otros segmentos del poder, como la política, la economía y los sectores desviados.

Por eso fue detenido. En la misma frase de condena de los jefes, también se dice que "podemos, por supuesto, estar de acuerdo con aquellos que sostienen que persisten grandes áreas de sombra con respecto a las formas en las que el general fue enviado a Sicilia para enfrentar el fenómeno de la mafia, tanto en la coexistencia de intereses específicos dentro de las propias instituciones, como en la eliminación del peligro constituido por la determinación y la capacidad del general".

Y hoy es en este frente donde se debe volver a investigar. Después de 36 años, los rostros de los instigadores de este crimen, así como los de las masacres de 1992 y 1993, aún no se han revelado y en un país que quiere ser llamado democrático esto no es aceptable. Graves son también las piezas que faltan debido a la desaparición de documentos de la caja fuerte y del maletín del general, lo cual es investigado por la Fiscalía de Palermo. Se sabe que alguien ingresó a la casa del prefecto en Villa Pajno durante la noche del 3 al 4 de septiembre de 1982, logrando vaciar la caja de seguridad que estaba allí. En la mañana del 4 de septiembre, los miembros de la familia de dalla Chiesa buscaron la clave para abrir dicha caja fuerte pero sin éxito. La llave solo reapareció en la tarde del 11 de septiembre, en el cajón de un secretario. Sin embargo, cuando la caja fue abierta, adentro no había nada excepto una caja (vacía por supuesto). ¿Y qué decir del maletín del general, encontrado en el 2013 en el sótano del Tribunal de Palermo? En su interior no había originales, ni siquiera el informe del acta de inspección de la policía forense, conservado en la investigación judicial sobre la matanza de via Carini, que certifica que poco después de las 21.30 del 3 de septiembre de 1982 Carlo Alberto dalla Chiesa (muerto desde hacía un cuarto de hora dentro de su auto) sostenía una bolsa llena de papeles sobre sus piernas.

¿Qué pasó con esos documentos? ¿Quién los tomó? ¿Quién los guarda? ¿Qué había descubierto el general Carlo Alberto dalla Chiesa? Su desaparición dejó una gran brecha dentro de nuestras instituciones. El sí puede ser llamado un verdadero Padre de la Patria.

Foto di copertina © Ansa

raulblazqueztvPor Giorgio Bongiovanni - 28 de agosto del 2018

La mafia italiana, sus contactos con la política y los sectores que detentan el verdadero poder, el enorme poderío económico de la 'Ndrangheta que alcanza, con el tráfico de estupefacientes, a América del Sur y a todo el mundo, fueron los temas abordados ayer por el activista Raúl Blázquez, nuestro colaborador en Argentina, en el especial "Las Mafias Italianas" transmitido por un canal de televisión argentino con alcance nacional. Raúl Blázquez y un sociólogo italiano experto en el tema explicaron el funcionamiento de las diferentes mafias italianas y su gran capacidad para infiltrarse en todos los sectores económicos, sociales y políticos, tanto italianos como mundiales. Comenzando por los contactos de la Democracia Cristiana en los años ‘70 y ‘80 con Cosa Nostra, y pasando luego al tema de la tratativa entre el Estado y la mafia, Raúl Blázquez ofreció una visión histórica de la evolución de la misma hasta llegar a nuestros días: al poder de la 'Ndrangheta en el negocio de la droga.

 

genovaY ahora arresten a los Benetton

Por Giorgio Bongiovanni -  20 de agosto del 2018

Felicitamos al gobierno de Conte por haber quitado la concesión de la autopista a los hermanos Benetton después del trágico colapso del puente Morandi que causó 43 muertes el pasado martes 14 de agosto.
Ahora, sin embargo, esperamos que el poder judicial investigue a fondo la responsabilidad de esta tragedia evitable y arreste a los Benetton por homicidio culposo (Art. 589 del Código Penal italiano), delito que una vez probado puede merecer hasta quince años prisión. Es difícil pensar que Benetton, el dueño de ASPI (Autopistas para Italia), no tenga ninguna responsabilidad, desde el momento que, a pesar de la advertencia y de la señalización del pilar 9 que luego se derrumbó, nunca se aseguró el puente. Una vez más, los Benetton han demostrado estar ávidos de dinero, sin prestar atención al hecho de que dejar el puente en ese estado podría llevar a la pérdida de vidas humanas. Un 'modus operandi' que a menudo parece caracterizar los negocios de esta familia empresaria del Veneto. Un ejemplo es la vergonzosa injusticia que la empresa Benetton sigue imponiendo al pueblo mapuche en Argentina, apropiándose de las tierras en las que ese pueblo nativo vive desde hace milenios. Son tierras que en los años 90 adquirió la familia Benetton a un precio irrisorio gracias al entonces presidente Carlos Menem, confinando a los mapuches a zonas marginales e improductivas o forzándolos a migrar a los centros urbanos. Pero sin embargo en el 2007, este pueblo nativo de la Patagonia, decidió recuperar sus tierras ancestrales y, si bien durante años tuvo que hacer frente a continuos y violentos intentos de desalojo, en el 2014 el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) reconoció el derecho de los mapuches sobre el territorio.
Esto bastaría para decir que el imperio de Benetton es uno de los peores ejemplos del empresariado italiano, una empresa que nos hace sentir avergonzados frente a todo el mundo debido a su falta de ética. El desastre del puente Morandi en la autopista A10, en el que murieron compatriotas de Benetton, pagada, como todas las autopistas italianas, con dinero de los italianos para garantizar un sistema vial seguro, confirma una forma empresarial concentrada en el enriquecimiento personal sin ningún interés por la seguridad de las personas. Por lo tanto, esperamos que este sistema sea bloqueado por el Gobierno y que los Benetton tengan la oportunidad de reflexionar, en la cárcel, sobre las vidas perdidas que podrían haberse preservardo con actuaciones correctas en lugar de elegir al frío dinero.
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*Foto de portada:desde la izquierda los hermanos Carlo, Giuliana, Luciano y Gilberto Benetton

 

nittoTambién en Catania el Estado-mafia

Por Giorgio Bongiovanni y Claudia Marsili – 13 de julio del 2018

Benedetto "Nitto" Santapaola es el último de los jefes mafiosos de una de las épocas más sangrientas de Cosa nostra, época que lo tuvo como protagonista junto con Totò Riina, Luciano Liggio y Bernardo Provenzano.

Descripto por todos como un hombre muy inteligente y carismático, Nitto Santapaola está en la cárcel desde el 18 de mayo de 1993, detenido bajo el régimen del 41 bis y condenado a 18 cadenas perpetuas.

Cosima D'Emanuele, madre de Nitto, y sus dos hermanas, como en un diseño macabro, dan vida a una dinastía de terror: son las tres familias más sanguinarias de la mafia de Catania, los Santapaola, los Ercolano y los Ferrera.

Nitto Santapaola nace en la calle Santa Maria delle Salette en San Cristoforo donde, en el oratorio del barrio, cursó la escuela primaria. Junto con su primo Natale D'Emanuele, asiste a la secundaria en el seminario y los dos tienen la intención de convertirse en sacerdotes. Sin embargo, el camino del seminario se detiene y Nitto continúa su formación estudiando para tipógrafo, pero dentro de él permanece para siempre un llamado muy personal de la fe cultivada en esos años de seminario: cuando es arrestado se reencuentra con una Biblia en su mesita de noche y con una capilla recién construida cerca de su habitación.

A finales de los ‘60, Nitto, después de seis años de noviazgo, se casa con Carmela "Melina" Minniti, una chica que no es de su entorno, sino que proviene de una familia burguesa. Carmela siempre ha deseado para sus tres hijos, Vincenzo, Cosima y Francesco una vida normal, fuera del crimen. De hecho, los hace estudiar en una institución privada frecuentada por la clase alta de Catania, pero su deseo no pudo realizarse: el día después del arresto del padre son detenidos también los dos hijos varones, posteriormente procesados dentro de la operación Orsa Maggiore.

Como jefe absoluto de Cosa Nostra en Catania y ligado a Provenzano, a finales de los años 70 Santapaola recibe de manos de la Comisión Regional presidida por Riina una serie de "feudos": además del distrito de Catania, todo el territorio del este de Sicilia, la familia mafiosa de Lentini (encabezada por los Nardo, desde antes leales a Santapaola), la provincia de Siracusa – en cuyo territorio está radicado el clan Bottaro de Solarino - y el control de las organizaciones criminales locales externas a Cosa Nostra, hasta llegar a Messina, repartidas entre los Santapaola, la 'Ndrangheta de los De Stefano y la Cosa Nostra barcelonesa, ligada al ala de Corleone de la cual recibe órdenes.

Por ser una figura clave dentro de Cosa Nostra Nitto Santapaola siempre estuvo entre los que conocían los secretos sobre los instigadores externos de las matanzas, además de tener vínculos con personajes que pertenecían a los entornos del poder, tales como los cuatro "Caballeros del  Apocalipsis Mafioso" - para utilizar las palabras de Pippo Fava: Francesco Finocchiaro, Gaetano Graci, Carmelo Costanzo y Mario Rendo -, con sujetos destacados de la masonería e incluso con amistades dentro del poder judicial. Santapaola es un hombre que ha disfrutado ser un fugitivo protegido desde que en el ‘82 Giovanni Falcone firma una orden de captura contra él por la matanza de via Carini, donde fueron asesinados el general Carlo Alberto Dalla Chiesa junto a su esposa Emanuela Setti Carraro y al agente Domenico Russo. En Siracusa, por ejemplo – según palabras del arrepentido siracusano Francesco Pattarino, que murió en el 2007 en extrañas circunstancias en un accidente automovilístico en Macerata – Santapaola se refugia en la casa de la amante de su brazo derecho, Francesco Mangion, cuyo hijo es precisamente el colaborador de Siracusa. Y el mismo Pattarino es quien informa que vio a Santapaola ir a visitar a su madre a su casa (que el jefe utilizaba como escondite) en un automóvil de la policía con luces intermitentes. La dorada vida de fugitivo del jefe termina diez años más tarde, en el ‘93, cuando fue arrestado, pero las sombras sobre la relación entre la Cosa Nostra de Catania y personajes de las instituciones y la masonería, que no tienen nada que envidiar a los tejidos por las familias mafiosas de Palermo, persisten.

Según algunas fuentes y declaraciones de los colaboradores de la justicia, la estrella de Santapaola comienza a disminuir cuando Riina obliga a toda Cosa Nostra – Catania incluída – a adoptar la estrategia de ataque frontal contra el Estado. Cosa que Santapaola, siempre ligado al sector "negociador" de Provenzano, es bastante reacio a apoyar. A pesar de que nunca expresó claramente una opinión contraria – fue condenado como instigador interno de Cosa Nostra por las bombas del '92 y había votado a favor de las masacres – Santapaola tiene "dudas" en la planificación de los asesinatos de policías y magistrados contrarios a Cosa Nostra. Cosa que no se le escapa al "jefe de jefes" corleonés, fuerte del ala que está a favor de los estragos, dirigida por su cuñado Leoluca Bagarella, por el hoy arrepentido Giovanni Brusca, por Salvatore Biondino y, en el lado de Trapani, por Matteo Messina Denaro. De ahí la orden de Riina de afiliar a Cosa Nostra a Santo Mazzei, llamado "el Carcagnusi", perteneciente a una organización criminal no mafiosa y que disgustaba a Santapaola. Mazzei, que también es un amigo personal de Bagarella, a partir de ese momento es parte de la familia mafiosa de Santapaola, pero su lealtad va directamente a Riina, el único al que el nuevo iniciado debe rendir cuentas de sus actividades criminales. La estrategia de las bombas corleonesas, a pesar de que Santapaola no está de acuerdo, sacude también las bases de Catania cuando, el 27 de julio de 1992, es asesinado el inspector Giovanni Lizzio por su actividad en contra de la mafia.

Y si en Cosa Cosa se vive sobre todo de señales, incluso la solicitud de Santapaola de nombrar a su hermano mayor Salvatore como jefe de Catania, manteniendo para sí la "dirección" detrás de la escena, es un síntoma de que no comparte la estrategia de las masacres que Riina, a través de Mazzei, también impone en el territorio del Etna.

Quien da otra señal de la caída de la estrella de Santapaola es un ex jefe catanés que, desde la prisión, informa que el asesinato de un momento a otro de Nitto es ahora parte de los planes de Riina: la eliminación de una pieza "incómoda" como lo es el jefe de Catania, de hecho, permitiría al "jefe de jefes" designar en ese puesto de mando al fiel Mazzei, más predispuesto a declarar la guerra a los representantes del Estado que, en la ciudad, se niegan a bajar la cabeza frente al poder de la mafia.

En 1993, Nitto Santapaola fue arrestado durante la operación "Luna llena" en la zona rural de Mazzarrone. Pero también al arresto, que cierra una etapa de fuga protegida de diez años, se llega solo con la misteriosa indicación de un jefe mafioso catanés, muy leal a Santapaola, que revela el escondite del jefe fugitivo. ¿Quizás para conjurar el peligro del asesinato que quería Riina el que, si hubiese llegado a buen puerto, podría haber sido ejecutado por intermedio de Aldo Ercolano, sobrino de Santapaola pero cercano a Riina? En cualquier caso, después del arresto, el riesgo corrido por Santapaola ya no tiene razón de ser. Y en el silencio más absoluto, sobre el jefe caen las sentencias definitivas, incluida la del asesinato del periodista Pippo Fava, en el cual Santapaola había dado la orden.

Mientras tanto, el repentino asesinato de la esposa de Nitto, Carmela Minniti, representa una verdadera anomalía. El ejecutor del mismo es Giuseppe Ferone, quien pertenece a una organización criminal de Catania pero externa a Cosa Nostra. Tras su detención, Ferone decide colaborar con la justicia, pero aquel 1º de septiembre del '95, después de haber "escapado" al control del Servicio Central de Protección para viajar a Catania – lugar prohibido por el programa de los colaboradores – vestido como policía, llama a la puerta de Minniti y la golpea en la cara con una andanada de balas. ¿Un homicidio del Estado? ¿Por qué si no un colaborador de la justicia repentinamente tira por la ventana el contrato estipulado con las instituciones? Lo cierto es que matar a la esposa del Riina de Catania – porque tal es el calibre criminal de Santapaola – puede significar dos cosas: o que la familia mafiosa ha terminado o no es un crimen de la mafia. Y, si es verdad que los Santapaola todavía hoy reinan sin oposición en Catania a pesar de que muchos de sus miembros están en prisión, la sombra de personajes externos a Cosa Nostra se hace cada vez más presente. Incluso la reacción de Santapaola resulta ser sumamente extraña. En uno de los juicios en su contra el jefe, en el momento de las declaraciones espontáneas, dice que perdona al asesino de su esposa y que quiere la paz. Según algunas fuentes hay una historia de fondo en esta "declaración de paz" por parte del jefe catanés, debido al hecho de que Santapaola habría sido contactado por una poderosa personalidad religiosa del Etna, ante el temor de la posibilidad de su colaboración y en la búsqueda de la mejor fórmula para evitar aquel "salto" que habría decretado el fin de Cosa Nostra, después de que Santapaola revelara todos los secretos de los que era depositario, escuchados de la boca de Provenzano. Empezando por los nombres de aquellos que estuvieron detrás de las masacres, los motivos que subyacen en la muerte de Falcone, Borsellino y dalla Chiesa, los diálogos entre el Estado, la mafia y el narcotráfico mundial, o por qué se les había dado autoridad a los Caballeros del Trabajo de Catania para poner sus manos en todos los contratos de Palermo. Y de nuevo, la relación entre Cosa Nostra y políticos – tanto de la Democracia Cristiana como del Partido Socialista –, y los de los servicios secretos y las familias de la 'Ndrangheta, todos ellos vínculos de los cuales Nitto Santapaola tenía pleno conocimiento.

En este contexto, también el asesinato de la esposa del jefe mafioso catanés lleva consigo un mensaje muy preciso: que la colaboración no debe prestarse. Con la oferta del perdón, el jefe responde al mensaje: "No hablaré".

Y esto sin contar que en cabeza de Nitto Santapaola también está el crimen de Luigi Ilardo, confidente asesinado el 10 de mayo de 1996. Un homicidio por el que fueron condenados a cadena perpetua como ideólogos del mismo Vincenzo Santapaola junto con Giuseppe "Piddu" Madonia, mafioso unido por un doble hilo al jefe catanés y a Provenzano. A la fuga de Nitto se vincula también la muerte del periodista barcelonés Beppe Alfano que, según una línea de investigación fue asesinado porque conocía, y por lo tanto podría haberlo escrito, la presencia de Santapaola en Barcellona Pozzo di Gotto, Messina.

Otro hecho inquietante que gira en torno a Santapaola es el de su fracasado arresto en Terme di Vigliatore, cuando el cerco contra el jefe mafioso se desvanece el 6 de abril del '93, día en que el capitán Sergio "Ultimo" De Caprio, que estaba en la zona donde se había localizado a Santapaola el día anterior, junto con el capitán Giuseppe de Donno y otros militares del ROS, identifica a un hombre que es confundido con el fugitivo Pietro Aglieri. Luego de una persecución, se comprueba que se trata de un joven sin antecedentes penales, Fortunato Giacomo Imbesi, hijo de un empresario de la zona. Según la reconstrucción de la fiscalía general los militares del ROS, sin embargo, no se encontraban por casualidad en Terme di Vigliatore, "habían recibido la orden de servicio específica para ir ese día, a ese lugar, porque se debía preparar una operación policial haciendo un reconocimiento preventivo del territorio", algunos de los cuales "habían venido incluso desde Milán y otros lugares". Y no sólo eso. Los militares que dieron inicio a la operación estacionaron "los vehículos delante de un chalet situado a 50 metros de distancia del local en el cual el día anterior había sido interceptado el supuesto Santapaola y en vez de entrar en ese local, hicieron una irrumpción armada en la casa de Imbesi". De los sucesos, los ROS no consideraron necesario informar ni a los jueces que habían interceptado al jefe fugitivo, ni al Mariscal Scibilia, de la Sección Anti Crimen de Messina.

Incluso en los informes oficiales no hay rastros de la incursión en la villa Imbesi, en cuyas actas no se indican los nombres de los militares que participaron en la búsqueda y carecen de la firma de las personas que sufrieron la persecución. Obviamente, después de la redada, Santapaola ya no volvió al lugar donde se encontraba y la policía lo arrestó recién al mes siguiente, el 18 de mayo.

Para concluir: mientras los gobiernos que se suceden en nuestro país no demuestran con hechos reales que desean derrotar al crimen organizado ningún Santapaola, Biondino, Madonia o Messina Denaro (siempre y cuando sea capturado) abrirá la boca delante del Estado. Ni revelará los secretos que poseen si no hay signos inequívocos de un gran avance, que pasa por arrestar y procesar no sólo a la cúpula mafiosa, sino también a los "intocables" que se sientan a la mesa con la mafia. Hasta entonces, el arrepentimiento de un jefe como Santapaola será solo una utopía.

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