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OCASOSOBRE LA TUMBA DE EMILIO EDUARDO MASSERA, REPRESOR DE LOS ARGENTINOS
Por  Jean Georges Almendras
{JATHUMBNAIL OFF}
“Sobre su tumba caerán los salivazos de la indignación pública como lluvia intermitente”
fue la profética expresión de años atrás del escritor argentino Osvaldo Bayer refiriéndose a Emilio Eduardo Massera, integrante de la Junta Militar que dio el golpe de Estado en Argentina, el 24 de marzo de 1976. Este militar de la Marina argentina, símbolo de la represión y del horror de la dictadura, dejó de existir a la edad de 85 años, en el Hospital Naval   “Cirujano Mayor Dr. Pedro Mallo”, frente al Parque Centenario de la ciudad de Buenos Aires, a las cuatro de la tarde del día 8 de noviembre de 2010.

Foto_Massera_de_viejo_y_de_civilEl triste halo y la infeliz fama de represor hizo que su desaparición física, debido a “un accidente cerebro vascular no traumático como consecuencia de sus secuelas neurológicas”,  fuera noticia para el ojo periodístico. Una noticia que recorrió el mundo.

Lamentablemente, la muerte de  miles de argentinos, por aquellos tenebrosos días del 76, no fueron noticia, y en consecuencia no hubo familias que se enteraran de la suerte de sus seres queridos. Pero la familia del represor Massera sí que estuvo enterada y –obviamente- pudo estar junto a él. Lo que no pudo ser para las familias de los miles de hombres y mujeres de diferentes edades –y hasta menores de corta edad-   que alojados –contra su voluntad; diríase secuestrados por la maquinaria del terrorismo de Estado, de la década Foto_edificio_ESMAdel setenta- en las instalaciones de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), perdieran sus vidas, en la más absoluta soledad, presas del pánico y literalmente violentados ,mental y físicamente por personal militar naval, siguiendo directivas precisas  justamente de quien 34 años después, también se le apagara su vida, pero no en soledad y sin ser torturado o doblegado por otros conciudadanos, a excepción de la madre naturaleza –de sabiduría eterna- que lo llegó a postrar en una cama, con sus capacidades mentales y físicas totalmente disminuidas, hasta el instante mismo de su deceso.

“Sobre su tumba caerán los salivazos de la indignación pública como lluvia intermitente”…

Foto_Massera_uniformado_con_cartel_de_asesinoEmilio Eduardo Massera, quien desde diferentes tiendas de la comunidad argentina y desde las entrañas mismas de los pueblos sudamericanos oprimidos y reprimidos por su lucha social y por su grito de libertad, ha sido considerado como uno de los más siniestros cerebros del plan represor montado por las Fuerzas Armadas argentinas, entre los años 1976 y 1983, nació en la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, el día 19 de octubre del año 1925. A los 17 años ingresó como cadete al Cuerpo de Comando de la Escuela Naval, egresando como guardiamarina cuatro años después; más tarde continuó su carrera en la Armada y en el año 1974 –dos antes del golpe de Estado- fue ascendido al grado de Almirante, integrando más tarde la Junta Militar que destituyera a Isabel Martínez de Perón.

Según se ha consignado en los despachos noticiosos del mundo entero, el ex Jefe de la Armada argentina, quien previo a su fallecimiento estuvo internado por última vez en el Hospital por el mes de abril del corriente año, tras el retorno a la democracia en la Argentina había sido condenado a reclusión perpetua en 1985 –por violaciones a los derechos humanos- pero en el año 1990 fue indultado por el entonces presidente Carlos Menen, pero lapso después –en el 2005- perdió el beneficio cuando la Corte Suprema de Justicia  declaró esa resolución inconstitucional, aunque ese mismo año la Justicia  declaró demente a Massera razón por la cual se suspendieron los juicios en su contra.

Foto_Massera_de_civil_dentro_de_autoEmilio Eduardo Massera  era un anciano enfermo que caminaba muy lentamente, pero treinta y cuatro años antes, había sido un militar calculador y frívolo, siendo apodado “El Almirante Cero”: un siniestro esbirro de ideologías fascistas y uno de los principales ideólogos del exterminio de al menos 30.000 militantes de  los grupos de izquierda y de opositores del régimen militar de aquellas épocas. Cientos de sobrevivientes a ese genocidio, en ocasión del juicio a las Juntas Militares, en el año 1985, dieron sobrado y dramático testimonio de las atrocidades que Massera propicio, alentó, maquinó y apadrinó, en ejercicio de su poder, en  todo el tiempo que demandó el período dictatorial, en complicidad con otros de su misma laya. Por las instalaciones de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (la temible ESMA) pasaron unos 5.000 detenidos, siendo sobrevivientes menos de la mitad.

En el juicio a la Juntas Militares, ante el Tribunal y ante el Fiscal Julio Strassera, los sobrevivientes relataron que en ese edificio se torturaba con un  inusitado salvajismo: se aplicaba la picana eléctrica, el submarino seco (al detenido se le colocaba una bolsa en la cabeza hasta casi asfixiarlo) , el submarino mojado (al detenido se le sumergía la cabeza en un balde con agua o materias fecales y orina), realizándose además –como una tortura más- simulacros de fusilamiento. Todo con el cometido de obtener información. Después –siempre  por testimonios de las víctimas; testimonios que constan en los expedientes judiciales- los detenidos –de acuerdo a lo obtenido de ellos o no, o bien eran fusilados o arrojados al mar vivos desde aviones. Eran los tristemente famosos “vuelos de la muerte”.

Emilio Eduardo Massera , en el marco de esa cruel y demencial represión tuvo el cinismo de montar –en uno de los pisos del siniestro edificio de la ESMA-  un centro de documentación periodística  , que fue conocido como “la Pecera”, en el que obligaban a trabajar a algunos detenidos que previamente eran seleccionados por sus potenciales intelectuales. El cometido  era confeccionar análisis sobre temas de política nacional e internacional, economía y cuestiones sociales que sirvieran al proyecto político de Massera, quien tenía como meta llegar a la Casa Rosada e instalarse en la silla presidencial. Pero ese su sueño, esa su meta, esa su razón de “tanta muerte y tormento” no se cumplió.

osvaldo_bayer“Notife”, diario digital de la Provincia de Santa Fe , tituló:”Murió el argentino más siniestro”. Y la entrega periodística agregó: “en ese calificativo coincidieron Celina Koffman y Osvaldo Bayer. La Madre de Plaza de Mayo y el historiador describieron la figura del dictador. Por su parte la vicegobernadora Griselda Tessio dijo de Massera que  fue uno de los hombres más terroríficos del plan de aniquilación”

Celina Koffman se lamentó que se haya muerto sin ser juzgado ya que Massera siempre aducía  razones de salud, y por ese motivo se le iba postergando el proceso; de todas maneras fue igualmente juzgado y condenado por  las Juntas Militares. Dijo además que este represor “fue uno de los personajes más siniestros y maquiavélicos de la dictadura” haciendo hincapié en la necesidad y la urgencia de condenar  a quienes estuvieron involucrados y tienen responsabilidad por delitos de lesa humanidad , teniendo en cuenta que “la edad que ellos tienen y la cierta posibilidad y la cierta posibilidad de que la vida de todos se extinga sin que hayan pagado sus culpas. Se trabaja con mucha lentitud por la edad que tienen los represores”.

Foto_Masserade_uniformeOsvaldo Bayer, autor del libro “Massera el genocida”, dijo del ex marino  “es, tal vez, uno de los personajes más siniestros de la historia. Videla era un poco más medido pero Massera era el que quería todo: dinero, amantes y llegar al poder de cualquier manera”

La Justicia –el 18 de setiembre de 1985-  lo acusó formalmente de 83 homicidios calificados, 623 privaciones ilegales de la libertad, 267 aplicaciones de tormentos, 102 robos agravados, 201 falsedades ideológicas de documentos públicos, cuatro usurpaciones, 23 reducciones a servidumbre, una extorsión, dos secuestros extorsivos, una supresión de documentos, 11 sustracciones de menores y siete tormentos seguidos de muerte.

Entonces, oportunamente se condenó a Massera a prisión perpetua;  no obstante, gracias al beneficio del indulto el represor sólo cumplió cinco años de condena. Y el día 29 de noviembre del año 1990 quedó en libertad al ser indultado por el entonces presidente Carlos Menen. Siete años después el juez español Baltasar Garzón ordenaba su captura por la desaparición de ciudadanos españoles en la Argentina , durante el Proceso; el 24 de noviembre de 1998 fue detenido por orden de la jueza María Romilda Servini de Cubría en una causa por robo de bebés. Fue cuando Massera debió ser internado por una disritmia cardíaca. El día 3 de diciembre de ese mismo año lo beneficiaron con el arresto domiciliario, a la edad de 73 años. Cuatro días más tarde fue detenido  en el marco de otra causa, también relacionada con el secuestro de bebés, esta vez, por expreso pedido del juez Adolfo Bagnasco; el día 15 de agosto de 2001el juez federal Claudio Bonadio ordenó una nueva detención por una causa relacionada con la apropiación de propiedades de desaparecidos, y en diciembre del año siguiente sufrió un derrame cerebral debiendo ser internado en el Hospital Naval, que él  mismo había inaugurado el día 22 de mayo del año 1981.

A los episodios de su vida, físicamente  malograda, se sumaron acontecimientos en la sociedad argentina que causaron preocupación en filas castrenses, en especial  entre militares cuyas manos se tiñeron de sangre durante la dictadura. Foto_Massera-VidelaEn efecto, en el año 2003 el Congreso Nacional anuló las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y la Cámara Federal reabrió centenares de causas en contra de los represores del período más negro y más tenebroso de la historia argentina.

Dos años después la Corte Suprema  declaró la inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, anuladas por el Parlamento. Un solo fallo dictó la Justicia a su favor: Massera fue declarado “demente” suspendiéndose así todos los juicios en su contra, como así también los pedidos de extradición de países como Italia, Alemania, España y Francia, que estaban interesados en juzgarlo por el asesinato de ciudadanos de esos países. Finalmente en el año 2007 la Cámara Federal resolvió que los ex comandantes debían volver a cumplir con las condenas que ese mismo tribunal –con otros integrantes- les había impuesto en la llamada “Causa 13” donde se juzgó la actuación de las Juntas Militares, en 1985.

Tres años después, sobrevenía el deceso del dictador. Alguien dijo por ahí y fue buen dicho: “al estar internado en el Hospital Naval, la muerte le ganó a la Justicia” .

Un periodista de la agencia de noticias AP redactaba tras su muerte: “a su tumba se lleva el reconocimiento de unos pocos seguidores anónimos que lo reivindicaban como el salvador de la patria”.

El argentino Claudio Uriarte, en un reciente ensayo titulado “El creador de la ESMA”, publicado por  Perfil, ha dicho, en un tono muy informativo y muy contundente que: ”A pocos días  de consumado el golpe,Licio Gelli llegó a Buenos Aires con un regalo de 100 mil dólares en efectivo para Massera. Se trataba de una donación del empresario anticomunista para el equipamiento militar del Grupo de Tareas 3.3.2, ya que la mayoría de las armas a disposición de éste eran equipos pesados de guerra clásica que resultaban inadecuados para la guerra clandestina contra el terrorismo urbano. También en esos días, Massera se dirigió a la ESMA para “inaugurar” el grupo y exhortar a sus integrantes, dirigidos en ese momento por el capitán  Salvio A. Menéndez, subdirector de la ESMA, a “responder al enemigo con la máxima violencia, sin trepidar en los medios”. Sin embargo, el no era hombre de dar órdenes in también intentar imbuir una mística de subordinación, de liderazgo y de coraje entre sus subordinados. A los pocos días del inicio de las operaciones del Grupo de Tareas, Massera pidió a Menéndez salir en uno de los Ford Falcon del grupo, sin chapa identificatoria, a “marcar” gente. El “marcaje” consistía en llevar a detenidos de recorrida por las calles de la ciudad para que señalaran y reconocierana eventuales  subversivos. Algo después, pidió participar de las operaciones, que generalmente consistían en la  irrupción de los marinos en las viviendas y bases enemigas clandestinas y el arresto o ejecución de quienes estuvieran adentro. En esas operaciones insistía en estar en vanguardia del grupo y en ser el primero que entrara ametralladora en mano en el lugar después de tirar la puerta abajo. También insistió en aplicar personalmente la picana eléctrica a los primeros detenidos, en actitud de dar el ejemplo a los integrantes del Grupo de Tareas: El  arma aquí se juega entera –solía decir- y yo no les voy a pedir a ustedes nada que yo mismo no esté dispuesto  a hacer”

Dagman_HagelinEn el caso de la sueco-argentina Dagmar Hagelin, la jovencita de 17 años dada  como desaparecida después de haber sido secuestrada el 27 de enero de 1977 y recluida  en la ESMA, el “Almirante Cero”, es decir el represor  Emilio Eduardo Massera,  no tuvo participación durante la acción del grupo de tareas que llevó a la joven a transitar por un sendero tortuoso,  oscuro y de desolación hasta su muerte; en cambio sí participó personalmente uno de sus más fieles discípulos, el tristemente célebre teniente Alfredo Astiz,alias “El Angel de la Muerte”, otro siniestro represor de quien seguramente también se podrán aplicar los sentimiento s de rechazo que predominaron hacia su mentor y maestro , hasta  el día en que su vida se apague y después.

“Sobre su tumba caerán salivazos de la indignación pública como lluvia intermitente” fueron las expresiones del escritor argentino Osvaldo Bayer, que también hacemos nuestras, confidenciándole al lector, que también la deberían hacer suyas  todos aquellos militares que en ambas márgenes del Río de la Plata –y allende los andes chilenos-  se precien de ser hombres defensores de la paz, del uniforme que visten o vistieron, y del sentido y la esencia de su profesión de servidores de la patria, porque ninguna patria se custodia y se protege con el genocidio, el terror del Estado y lo que es más grave aún,  con la impunidad de los culpables. Me parece que ya es hora de que la milicia –de ambas orillas- no actúe ciega o fanáticamente, y que discierna muy bien que no todos los uniformados son o fueron de la laya de Massera, hasta  pensar finalmente que éste represor, no solo deshonró al pueblo sino además a su propia Fuerza y a su investidura, y a sus pares.

“Sobre su tumba caerán salivazos de la indignación pública como lluvia intermitente…” no hubo ni habrá mejor expresión para  el ya fallecido Emilio Eduardo Massera. Fuiste  muy oportuno Osvaldo Bayer.

 

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