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poroshenkoPOROSHENKO EN EL TANQUE DE GUERRA
Por Giulietto Chiesa – 28 de Mayo de 2014
El Ministro de defensa de Eltsin dijo: “Liquidaremos la revuelta de Chechenia
en 24 horas”. Hicieron falta dos años y una segunda guerra que aún no ha terminado


El otro día Nikita Mikhalkov en un programa televisivo ruso leyó la carta de un escritor ruso, que se podría llamar así: “Los rusos no vendrán”. Una carta cruda que quería decir dos cosas. La primera: Putin no intervendrá militarmente para defender a los rusos de Ucrania. La segunda era la siguiente: “No vendrán, los rusos, los rusos de Rusia, porque los rusos ya están allí. Son los Novorrusos”. Están allí desde hace siglos. Y son demasiados, ya sea para poder ser vencidos, que para poder ser exterminados. Un mensaje que Piotr Poroshenko parece no haber comprendido. La ofensiva de Kiev en contra de Donetsk, la más sangrienta hasta este momento, es absolutamente suya. Llegó inmediatamente después de una victoria que tanto Europa como los Estados Unidos se han apresurado a reconocer como válida por más que existan muchas buenas razones para definirla trucada. Llegó después de que él mismo, incluso antes de ser investido como Presidente, declaró que el final de la revuelta del Sureste “no será cuestión de meses, sino de semanas, o hasta incluso de horas”.
Me hizo recordar la frase del entonces Ministro de Defensa de Eltsin, Pavel Graciov, quien había previsto liquidar la revuelta chechena en 24 horas. Era Noviembre de 1994. Fueron necesarios dos años para mandar al general Lebed a firmar la rendición rusa a Khasavyurt. Y una segunda guerra chechena, cuatro años más tarde, que ni siquiera hoy ha terminado.
Por lo tanto Piotr Poroshenko se equivoca. Todavía no ha comprendido que ha sido elegido presidente de un País que, si bien se seguirá llamando Ucrania, ya no será el mismo que ha sido hasta el 22 de Febrero, es decir, hasta la llegada del golpe que derrocó a Yanukovich. Cualquier cosa que haga Poroshenko, el este del País está perdido. Es más, cuanta más sangre se siga derramando, más concreto será el riesgo de una nueva deflagración de Ucrania. Luego de lo ocurrido en Crimea no solo los rusos de Ucrania se han reconocido nuevamente como nación; lo mismo ha ocurrido además a millones de rusos de Rusia. No es casualidad que en las pantallas de las televisiones rusas aparezcan nuevamente las solemnes palabras de Aleksandr Solzhenitsyn sobre la hermandad entre el pueblo ruso y el ucraniano, aunque también sobre su diversidad.
Y, si hoy los rusos se sienten “rusos”, queda claro que Vladimir Putin es uno de ellos y los interpreta perfectamente. No intervendrá en el Sureste ucraniano, con sus fuerzas armadas, pero el partido no se juega solo con armas. También está el gas ruso, que todavía hay que pagarlo. Y, sin el dinero occidental no hay forma de pagarlo. Hay una Ucrania a punto del colapso económico, a la que hay que remontar. Poroshenko declara que quiere volver a entablar relaciones con Moscú, pero se ilude de poder dialogar con Rusia mientras sigue matando a los rusos del Donbass y del Lugansk.
Es así que surge una pregunta: ¿cuál es su espacio de maniobra? ¿Quién decide detrás suyo? ¿Acaso es posible realmente que la ofensiva en contra de Donetsk se esté haciendo sin el consentimiento, ni el consejo, del Departamento de Estado de los Estados Unidos?
Y – la segunda pregunta - ¿podrá Piotr Poroshenko dar vida a un Gobierno carente de triunfadores nazis de la primera hora de Maidán? Si no lo hiciera la demediada Ucrania actual muy pronto será indigesta para una parte, no pequeña, de los Gobiernos europeos. Una Europa que no agrada a la gran mayoría de los europeos, donde ni siquiera la derecha de Le Pen aprueba la línea de Bruselas con respecto a Kiev. Si lo hiciera, es decir, si para complacer a la opinión pública europea, se munirá de ministros que tengan las manos un poco menos sucias de la sangre de Odesa y de la Novorossiya, entonces tendrá que afrontar la revuelta de los fanáticos nacionalistas que quieren ir, a toda costa, en contra de los “moscales”.
Y entonces no se excluye que las barricadas de Maidán, de que eran “euro”, pasen a ser demasiado negras y amenazantes incluso para él.
Pero lo primero que Poroshenko tendrá que hacer será medir sus fuerzas militares. Harán falta muchos mercenarios, ucranianos y extranjeros, para liquidar la Novorossiya. Y el ejército no está. Y, de todos modos, cada muerto ruso de Ucrania parece producir dos combatientes vivos. Piotr Poroshenko, el rey del chocolate, tendría que comprender que su presidencia no será dulce.
Fuente: “Il manifesto”, 28 de Mayo de 2014, pag. 9.
Extraído de: megachip.globalist.it 

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