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georges almendrasSe llegó al extremo de que el ex guerrillero Mujica no apoyará desafuero de Manini

Por Jean Georges Almendras-22 de marzo de 2020

No fue una noticia propiamente para el asombro, pero fue, si se quiere, para rabiarse. Para indignarse al máximo, porque el asombro fue superado, literalmente.

La noticia, que se esparció por Montevideo (y por el mundo) como reguero de pólvora, fue que el ex presidente de la República y ex guerrillero José “Pepe” Mujica Cordano, no votará el desafuero del legislador y militar retirado Guido Manini Rìos (líder del nobel partido Cabildo Abierto). Desafuero que por otra parte fue anunciado lapso antes del acto eleccionario en el que triunfó en las urnas (en el balotage) el líder del Partido Nacional Luis Alberto Lacalle. Desafuero que fue publicitado con bombos y platillos desde tiendas políticas del progresismo opositor (la “izquierda” uruguaya) después que saliera a la luz pública el caso del joven militante Roberto Gomensoso Hoffman (asesinado en la tortura en el mes de marzo del año 1973) cuyo cadáver fuera arrojado (en aquellos años) a las aguas del río Negro por el oficial del Ejército nacional, Nino Gavazzo. Desafuero que permitirá a la Justicia Penal interrogar, precisamente al ex Comandante del Ejército y hoy Senador Guido Manini Ríos sobre los motivos por los cuales se llamó al silencio, cuando en su carácter de máximo jefe militar, supo los hechos en torno al joven Gomensoro y a la responsabilidad de Gavazzo en torno a su muerte y a la desaparición de su cuerpo, como resultado de las actuaciones del Tribunal de Honor Militar al que compareció Gavazzo.

Una vez filtrada la noticia (el año pasado, en un artículo del periodista Leonardo Haberkorn, del diario matutino derechista “El Observador”) de que Gavazzo hubo declarado este hecho ante el Tribunal Militar de Honor cuando el hoy parlamentario Manini Ríos era Comandante del Ejército, el torrente de repercusiones a todo nivel se hizo sentir en la sociedad uruguaya, y en consecuencia, la idea de que el máximo jerarca castrense hubo encubierto a Gavazzo al no comunicar de inmediato (sobre lo acontecido con el joven Gomensoro) a la Justicia Penal cobró forma, inexorablemente. De ahí en más se perfiló (como efecto inminente) que Manini debería rendir cuentas a la Justicia de ese encubrimiento (de ese silencio) una vez que el nuevo Gobierno tomase las riendas del país y una vez que el Parlamento nacional decidiese su desafuero. Manini Ríos tiene hasta hoy el privilegio (otorgado por los fueros parlamentarios, por haber sido electo senador de la República) de no tener la posibilidad de ser indagado penalmente. Y en ese contexto, de la gestión parlamentaria (que ya estaría en puerta) para lograr el desafuero del hoy General retirado, el ex guerrillero del MLN Tupamaros José Mujica dio la noticia de su negativa a apoyarla.

“No preciso la decisión de la Justicia para saber. No quiero darle el cachón para que se tire y haga campaña de que lo persiguen, que es lo que quiere él. A Manini lo votó la gente y no puedo encomendarle la plana a la gente que lo votó” fueron las expresiones de Mujica cuando fue recientemente consultado por periodistas del programa periodístico “Desayunos informales” de Teledoce.

Me cae muy mal esa postura, pero -repito- no me asombra, porque en definitiva, la misma es coherente con lo que ha demostrado ser José “Pepe” Mujica, primero como legislador, luego como Ministro de Ganadería y Agricultura, y finalmente como Presidente de la República (y ahora nuevamente como legislador), en los últimos quince años. Me rechina, sencillamente, que por enésima vez, aquel guerrillero de los años setenta se haga el desentendido de su pasado y haga gala de su presente de político de una “izquierda” entre comillas, y en ese marco se “mande solo” en un tema sensible por naturaleza (el tema de los violadores de los derechos humanos en los años previos a la dictadura militar) y por la relevancia que puede tener, precisamente en estos tiempos, en los cuales las ideas derechistas están predominando (a diferentes niveles, y en diversidad de ámbitos) y los jóvenes necesitan tener referentes de la lucha de clases, y de las luchas revolucionarias, para preservar la memoria de un pasado reciente, y para reclamar justicia para quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado.

En estos tiempos no nos hacen falta mensajes complacientes (y politiqueros) de un José Mujica que con sus dichos y sus acciones, en los períodos de gobierno frenteamplista, no ha hecho otra cosa que denostar la lucha de quienes con él compartieron los difíciles días del Movimiento de Liberación Nacional (

MLN-T) Tupamaros, y la lucha de cientos de uruguayos y uruguayas que en la resistencia al imperialismo y a la represión -antes, durante y después de la dictadura en el Uruguay- no solo fueron detenidos y torturados, sino que además fueron asesinados.

El estilo de comunicación oral que tiene José Mujica (en el que el “lunfardo rioplatense” es el principal protagonista) no le da derecho alguno a ser indolente con ciertos temas que por antonomasia deberían despertarle palabras y compromisos con los sectores populares, y no con la casta militar.

Porque cuando se niega a dar su voto para el desafuero de un militar que es confeso defensor de la casta militar y ferviente defensor de la cultura de la impunidad, está contribuyendo con ella y está dando un mensaje que lejos de loarlo, lo desprestigia, como ciudadano que alguna vez empuñó las armas para combatir en la clandestinidad (formando parte de una guerrilla urbana) a un sistema opresor y represor.

Y si él, como ex guerrillero da un paso de esa naturaleza dentro del ámbito parlamentario, en estos precisos días en que la resistencia debe ser unánime, qué podemos esperar entonces, de quienes (viéndolo como un faro de militancia y algo así como una estrella del cine documental de vanguardia, que con su impronta no hace más que potenciar su ego, su rating como “presidente de vida austera” y su marketing de revolucionario estrella de los años duros) se apresten a interpretar esa negativa a dar su voto para el desafuero de Manini Ríos.

Tal parece, que la pandemia en la cual todos estamos sumergidos (sin distinción de fronteras) no ha hecho otra cosa que exaltar en algunos personajes de la vida nacional, las recalcitrantes ideas de las doctrinas de la seguridad militar, de los años setenta, enmascarándolas de una dialéctica más propia de un sistema político encorsetado, que de un mundo en el que la defensa de los Derechos Humanos debería ser en realidad uno de los principales motores de la “democracia” en la que nos encontramos. Porque cuando se trabaja y se acciona desde todos los escenarios de la vida democrática, en busca de la verdad y de la justicia, la democracia se fortalece, para poner a distancia a las impunidades que desde hace más de 50 años carcomen y socavan las luchas que hacen los pueblos para que los responsables de los delitos de lesa humanidad no transiten libres por las calles de nuestra ciudad, como si nada hubiese pasado.

Por esa y por otras razones no debo hacer a un costado la decisión de José Mujica Giordano, y a sabiendas de que él personalmente, y como parte del sistema político ya ha dado (a la luz pública) suficientes pruebas de que su camino elegido a la salida de la democracia, siempre fue el de doblegarse (o asociarse) de lleno y sin tapujos, al enemigo, tal como lo hiciera quien fuera Ministro de Defensa y ex jefe tupamaro, Eleuterio Fernández Huidobro, al punto de ser considerado por los militares uruguayos como uno de los mejores Ministros de esa cartera en la historia del país.

¿Acaso Mujica no se ha dado cuenta ya, de que en todos estos años sus pisadas han sido por demás contradictorias y que ya muchos se han ido bajando del carro de la admiración (al mito “Pepe”) para subirse al tren de los desilusionados y de los defraudados, que día tras día van entendiendo que el verdadero rostro del ex presidente no es el que todos vemos?

José Nino Gavazzo (hoy coronel retirado del ejército nacional) quien tiene sobre sí múltiples causas penales de violaciones de DDHH con sus respectivas condenas, se encuentra en prisión domiciliaria en el barrio Miramar, en las proximidades del arroyo Carrasco. Al momento de escribir estas líneas, a Gavazzo se le comunicó haber sido condenado a 25 años de prisión por el juez Nelson Dos Santos (atendiendo un pedido hecho en octubre del año 2019 por el Fiscal Ricardo Perciaballe, que entiende en casos de delitos de lesa humanidad) por la muerte del maestro y periodista Julio Castro, hecho cometido en el año 1977, habiendo sido hallados sus restos óseos el 21 de octubre del año 2011, en un terreno militar. A Gavazzo en esta su última condena se le caratuló el delito de “coautoría de homicidio muy especialmente agravado”. Cabe recordar al lector que el caso del maestro Julio Castro, que oportunamente fue llevado al escenario teatral por los integrantes del Movimiento Our Voice (como la obra “Brillo en cautiverio” del dramaturgo uruguayo Christian Almendras), causó gran impacto en el Uruguay, en particular por comprobarse tras el hallazgo de los restos óseos, que Castro, luego de haber sido secuestrado por policías y militares vistiendo ropas particulares en la zona de la Avenida Rivera y la calle Francisco Llambí, fue llevado a una casona (un centro clandestino de detención de Montevideo) de la Avenida Millán donde fue interrogado, torturado y finalmente asesinado de un tiro en la cabeza. Julio Castro, que padecía una enfermedad cardíaca y tenía en aquel entonces 68 años, fue indagado por sus secuestradores por actividades que lo relacionaban con la ayuda que él prestaba a perseguidos para hacerlos salir del país y por las denuncias que hacía en el extranjero sobre los crímenes cometidos por la represión de la dictadura uruguaya.

Guido Manini Ríos, según Mujica, barajaría la idea de capitalizar políticamente su desafuero. Quizás el ex guerrillero tenga razón, pero entiendo, que eso no lo exime a él (a Mujica, recalco) de estar cometiendo una verdadera trastada (para con las familias de los detenidos desaparecidos y para con su investidura de legislador de una fuerza política de izquierda) al hacerse el desentendido con el tema del desafuero, en términos de no apoyarlo. Un no apoyo descarado y cínico. Un no apoyo que lo visibiliza (y lo visibilizará en la historia del país y de su fuerza política) como un hombre insensible y decididamente comprometido con la casta militar.

Sí, así de simple, y así de preciso, y sin las palabras del lunfardo con las que el ex guerrillero acostumbra encubrir sus torpezas y sus actitudes descabelladas (que rayan -muchas veces- con la traición ideológica) subestimando la inteligencia humana de sus compañeros frenteamplistas y de quienes lo confrontan o lo ponen contra las cuerdas, por encontrar en sus ideas del presente, verdaderas aberraciones, que ni por asomo van de la mano con los sacrificios y las entregas de los años de la guerrilla.

Y todo eso duele y nos resulta sumamente oprobioso y lacerante para la memoria de quienes en el ayer no solo perdieron sus vidas en manos de la represión, sino que además sufrieron tortura, violaciones y humillaciones a merced de sus secuestradores: los terroristas de Estado. De Manini Ríos y de gentes de su laya podemos esperar cualquier cosa, y no nos asombra, pero no de referentes del tenor de Mujica.

Para el ex guerrillero José Alberto Mujica Cordano, todo esto no parece importarle mucho. Para el ex general Guido Manini Ríos, todo esto tampoco parece importarle mucho.

Pero a nosotros nos importa mucho, razón por la cual lo repudiamos y lo denunciamos, porque José “Pepe” Mujica, el ex guerrillero y figura mítica a nivel mundial, que hace de su persona un marketing constante sin mirar hacia atrás, con este episodio de no apoyar al desafuero superó su record de desfachatez, de cinismo y de insensibilidad.

Pero aunque esa decisión era de esperar, viniendo de Mujica, insisto, no por eso debemos callarla o pasarla por alto. En contrario: hay que destacarla, para que comencemos a darnos cuenta quien es verdaderamente José Alberto Mujica Cordano, quien estuvo (y está) (y estará) muy prendido a la línea de la casta militar, a la línea de Guido Manini Ríos, por más que sus “atuendos ideológicos” lo identifiquen con la izquierda militante, que de hecho ya se desvirtuaron hace bastante tiempo y se inclinaron (sutilmente o como ahora en el tema del desafuero de Manini Ríos, descaradamente) en favorecer la cultura de la impunidad cuando de militares represores se trata.

Las evidencias de esta triste realidad (hoy por hoy y en los 15 años de gobierno progresista) sobran, desafortunadamente, y mal que le pese a muchos.

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*Foto de Portada: www.voces.com.uy

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