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georges almendrasOtra Marcha del Silencio, que por muchas razones debería extenderse durante el año

Por Jean Georges Almendras-15 de mayo de 2020

Estamos en tiempos de Coronavirus. Los irrefutables tiempos de los distanciamientos y de los barbijos. Y en medio de todo este panorama de emergencia sanitaria, Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos se vieron obligados a llevar el silencio de sus reclamos, a la más alta expresión en medio de las adversidades impuestas por el Covid 19. Las circunstancias determinaron la no realización de la “Marcha del Silencio” por la Avenida 18 de Julio en su edición número 25, pero igualmente la misma dirá presente bajo el formato del siglo XXI: una magna convocatoria virtual a nivel nacional (y también regional). Vale decir, una movilización virtual en todas sus más inimaginables variantes, o sea, redes sociales y todos aquellos dispositivos virtuales de las modernidades a nuestra disposición, que estarán al servicio de una legítima movilización social, que en “silencio” año tras año se hizo pública para resistir a la impunidad de los genocidas. Un silencio con el que nunca estuvimos de acuerdo, pero que no por ello dejamos de participar y de apoyar la Marcha desde nuestras entrañas, porque el reclamo de esos hombres y mujeres portando las fotos de sus desaparecidos significaba (y significa) derrumbar la impunidad (es decir que se haga justicia) y luchar para que las excavaciones no se detengan y para que los responsables de muertes (desapariciones) y torturas, comparezcan ante los jueces penales para que sean condenados, como correspondería en un país, en cuyo seno democrático, políticos de izquierda, de derecha y de centro, se jactan y se regocijan hablando de principios de justicia, de libertad y de respeto a los derechos humanos. Políticos que no debieron haberse olvidado nunca que por sobre sus intereses partidarios hubo y hay un enérgico (y legítimo) reclamo dirigido a los gobernantes de los tiempos de Democracia resplandeciente, como ser Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle, Tabaré Vázquez y José “Pepe” Mujica (y ahora Luis Lacalle Pou) que con su indiferencia e hipocresía (en los 25 años de Marchas del Silencio) se hicieron cómplices de los torturadores y de los asesinos que operaron en los días de dictadura cívico-militar. Una dictadura que fue parida por un presidente electo por el pueblo: Juan María Bordaberry ,del partido colorado, que además de entregar a su pueblo a los militares, fue secundado en su acción anticonstitucional y predadora de las libertades y de los derechos ( de aquellos días ) por una clase política servil, a los intereses acuñados en las ideas fascistas, y las metodologías parapoliciales y paramilitares procedentes de un solo lugar: los Estados Unidos, de aquellos días.

Hoy la cultura de la impunidad sigue siendo el divino tesoro de quienes ni por un segundo se pusieron -ni se ponen hoy- en la piel de las familias que perdieron a sus seres queridos, víctimas del Plan Cóndor. Porque el Uruguay no estuvo excluido de sus garras; porque fue uno de los países elegidos por ese siniestro plan cultivado e instrumentado en todos sus detalles por Henry Kissinger, el maestro de ceremonias del anticomunismo más recalcitrante, que en los años sesenta, setenta y ochenta hizo furor y sembró de torturados, cadáveres y desaparecidos, las tierras y los mares que van desde el Río de la Plata hasta más allá de los Andes pasando por las urbes brasileñas.

Cuando este año, el 20 de mayo, la principal avenida de la capital uruguaya se halle vacía de uruguayas y uruguayos, el tramo íntegro de la marcha que va desde el cruce de la Avenida Rivera y Jackson hasta la Plaza Cagancha (Plaza Libertad) estará ausente de tránsito vehicular (al menos así ha sido pedido a la Intendencia Municipal de Montevideo) como si verdaderamente hubiese marcha. Pero estará libre. Estará silenciosa. E irónicamente, por primera vez se podrá decir que será verdaderamente una Marcha del Silencio. Y frente a la Explanada Municipal (como todos los años) estará una pantalla gigante con los rostros de nuestros desaparecidos, cuyas familias siguen bregando para que desde tiendas del sistema político (exclusivamente) haya voluntad : primero, para recuperar los restos óseos de sus seres queridos, arrebatados por el terrorismo de Estado en los días previos a la dictadura militar, durante ella y posterior a ella; segundo, para que, los militares, policías y civiles –calculamos un medio millar de funcionarios públicos, un poco más un poco menos- partícipes (en mayor o menor grado) de todas esas desapariciones forzadas (que epilogaron en muertes de la dictadura cívico militar) sean identificados y en consecuencia sometidos a la justicia penal, para que se les dicten las condenas debidas; y tercero, para que (quizás) se pueda dar esa “vuelta de página” que tan morbosamente anhelan muchos ciudadanos, políticos, militares y policías golpistas o pro golpistas, desde el mismísimo momento en que la democracia fue reinstalada y hoy mismo, como buscando reafirmar al joven de hoy y al joven del futuro, que en el Uruguay nunca hubo dictadura militar y mucho menos desaparecidos, o peor aún, que hubo una guerra y que la represión no fue tal y que aún así, lo mejor que se podía hacer (hoy por hoy) era seguir adelante pero sin mirar atrás. ¡¡Vaya que cinismo de aquellos que hablaban en esos términos !! Los términos y los pensamientos propios de la criminalidad organizada que fue el terrorismo de Estado.

marcha del silencio 2

En cuanto al silencio de todos estos 25 años de Marchas , respetuosamente me atrevo a expresar, una vez más, que ese silencio ya tenía que haberse transformado en un grito ensordecedor, en una demostración de unidad de lucha que hiciese temblar a los tiranos (militares y civiles) que todavía caminan libres por las calles de Montevideo. Y tanto caminan libres, que les permitimos llegar al punto extremo de que hoy, de la mano del ex Gral Guido Manini Ríos (que fue muy bien recibido por Lacalle junior y que incluso, por más que no se quiera reconocer desde tiendas de la izquierda uruguaya) fueron catapultados al sitial político que hoy ocupan bajo el ala del militarista y fascista partido Cabildo Abierto. Un partido político cuyos orígenes pueden perfectamente situarse, nada más ni nada menos, que en tiempos de la presidencia de Tabaré Vázquez, a cuyo líder Manini Ríos le dio rango (de Comandante en Jefe del Ejército) y una muy extraña “cobertura” para que sus exabruptos en materia de Derechos Humanos pasaran inadvertidos, contribuyendo de esa forma a la creación de oportunidades para que la casta militar (que aún sigue sin saldar cuentas ante la Justicia) llegara a formar parte del sistema político uruguayo a partir de las últimas elecciones nacionales, en las que triunfó el candidato nacionalista Luis Lacalle Pou. Triunfo que permitió legitimar que Cabildo Abierto lograra bancas de diputados y de senadores en el Parlamento Nacional. Triunfo que permitió, que verdaderos artífices de una línea ideológica militarista y de definido corte fascista se instalen en puestos estratégicos de la vida nacional, desde donde impulsarán (como ya lo han hecho) el afianzamiento de la cultura de la impunidad, de hecho con el cometido de que los torturadores y los responsables de de delitos de lesa humanidad, sigan entre nosotros, como si nada hubiesen hecho y como si nada hubiese pasado. Pero hicieron y hubo una dictadura cívico militar. Y hubo uruguayos y uruguayas que padecieron la represión. Y hubo desaparecidos.

A las puertas mismas de esta “Marcha del Silencio” (que no será presencial) se han previsto toda suerte de demostraciones o adhesiones, especialmente después que desde el flamante gobierno del Partido Blanco se le negó a Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos la cadena nacional de radio y televisión. Y con ese marco, ya en los días previos al momento en es que escribimos estas líneas, las redes sociales divulgaron mensajes, fotos de los desaparecidos, opiniones, consignas, pañuelos y toda suerte de expresión virtual posible para hacer énfasis en la sociedad uruguaya todo lo inherente a la memoria del pasado reciente y a los motivos por los cuales la “Marcha del Silencio” año tras año tiene como consignas: el castigo de los culpables, el no a la impunidad de esos culpables y la eterna pregunta sobre el paradero de los desaparecidos, que son cerca de 200. No en vano este 2020, en medio de esta emergencia sanitaria la consigna es la siguiente: “Son Memoria. Son Presente-¿Dónde Están?”.

A propósito del 20 de mayo consignamos que esa fecha tiene un punto de origen: En esa jornada, pero del año 1976, se hallaron los cuerpos torturados y acribillados a balazos en la ciudad de Buenos Aires al senador del Frente Amplio Zelmar Michelini, al Presidente de la Cámara de Diputados del Partido Nacional Héctor Gutiérrez Ruiz, y a los tupamaros Rosario Barredo y Willian Whitelaw. Uruguayos que fueron secuestrados, torturados y asesinados por militares y policías de grupos de tareas del Plan Cóndor. Vidas segadas por el terrorismo de Estado que operaba en ambas orillas del Río de la Plata. Cuatro muertes de las miles que se contabilizaron en ambos países, que dieron origen a una Marcha. Esa Marcha que en este 2020 lleva ya un cuarto de siglo. Un cuarto de siglo de silencioso grito en reclamo de justicia. Grito que insistimos, deje de serlo y mute. Pero una mutación para ganarle a la impunidad. Para homenajear a los que entregaron sus vidas (para que nosotros, que estamos vivos, sigamos con su lucha).

Particularmente en estos tiempos, los jóvenes tendrán que revertir esos silencios. Transformarlos en gritos, a las puertas mismas de los cuarteles y de las oficinas de los gobernantes, y de los despachos de los parlamentarios. Gritos (y consignas) militantes: para que tiemblen las paredes y los pisos; para que se fortalezcan las conciencias y para que los responsables de muertes y tormentos sientan la fuerza de los que lícitamente y legítimamente reclaman justicia y no venganza, como argumentan los octodontes encubridores de los asesinatos y de las desapariciones, justificándose en doctrinas obscenas, nefastas, fascistas y antidemocráticas de la A a la Zeta.

Fueron y son muchas las adhesiones y las expresiones a propósito de esta movilización. Una de ellas es la de Irma Leites, emblemática integrante de Plenaria Memoria y Justicia. Las palabras de esta incansable militante uruguaya de los años de la dura represión (y que fue presa política y que sufrió la tortura) fueron las siguientes: “Este 20 de mayo es un 20 muy especial donde en todo el mundo se está propugnando el confinamiento. Nosotros creemos que tener memoria de nuestras compañeras y compañeros desaparecidos va por el lado de reivindicar sus sueños, sus proyectos sociales de justicia. Creemos que las calles son nuestras, las calles tienen que estar pobladas con los compañeros y las compañeras. Se están haciendo cientos de actividades por todo el país. Es muy importante recordarlos con memoria viva, con sus ideas, con sus sueños, compromiso y entrega. Es una manera de ser coherentes con la lucha que tanta sangre y dolor contiene. Una lucha inclaudicable que debe proteger a los jóvenes hoy. La memoria no acata cuarentena. La impunidad de ayer y hoy hay que quebrarla y la desaparición de personas es el mayor crimen de Estado”.

Otra de las adhesiones, es la de María Victoria Moyano, nieta recuperada que naciera en el Pozo de Banfield, en Argentina, cuyos padres María Asunción y Alfredo Moyano son desaparecidos. En un reciente artículo de La Izquierda Diario se divulgó en un breve video, un sincero y muy militante mensaje suyo, relatando su historia y puntualizando a la opinión pública (enérgicamente) que su lucha y la lucha de los familiares de los desaparecidos en Uruguay y Argentina, es para que se haga justicia por ellos y para que se tenga memoria, sobre el pasado.

marcha del silencio 3

Sus palabras me recordaron un episodio del año pasado: al finalizar la “Marcha del Silencio” Victoria se acercó a nosotros en la Plaza Libertad, donde estábamos entre la inmensa muchedumbre. Llovía copiosamente. Estábamos juntos, redactores de Antimafia Dos Mil y los jóvenes del Movimiento Our Voice, que llevaron adelante una performance artística de ribetes extraordinarios, que concitó la atención de camarógrafos y fotógrafos. Llevábamos una pancarta gigante en la que exhibíamos las fotos de todos y cada uno de los presidentes en Democracia ( gobernantes de la derecha y gobernantes de la izquierda) y sobre sus cabezas una sola consigna: los responsables de la impunidad.

María Victoria Moyano se acercó a nosotros y nos trasmitió la necesidad de sacarse una foto con nuestra pancarta y con las fotos de sus padres desaparecidos. Bajo la lluvia se hizo la fotografía, que en horas siguientes fue publicada por La izquierda Diario y por Antimafia Dos Mil. Hace pocos días la foto se publicó nuevamente en La Izquierda Diario.

En estos tiempos de Coronavirus, el sentimiento de la lucha de esa mujer se visibilizó una vez más. Nosotros compartimos su lucha y la lucha de Madres y Familiares de Detenidos Uruguayos Desaparecidos, aún con nuestras discrepancias por esos silencios que deberían transformarse en gritos y en presencias militantes, cada mes durante todo el año, frente a las poltronas de los potentes que siguen restregándonos ante nuestros rostros las ideas que pisotean cínicamente nuestros sentimientos de justicia y una ética revolucionaria (que ellos carecen) pero que les sobró a nuestros desaparecidos, lo que nunca renegaron, ni de sus ideas, ni de sus reivindicaciones, aún a costa de sus vidas, en esos años de horrendas represiones.

Ahora que estamos en Democracia (digamos más bien, una democracia a medias) que esta Marcha del Silencio “Virtual” y superada en barbijos, nos sirva para reflexionar sobre cómo llevaremos adelante en el futuro inmediato las luchas por nuestros desaparecidos, para honrarlos, pero no para defraudarlos. Porque si seguimos así, “en silencio” verdaderamente correremos el riesgo de hacernos trampa al solitario. E insisto, corremos el riesgo de ser insensibles frente a la sangre que ellos derramaron. Porque, hablando claro, la derramaron por nosotros, que tenemos la obligación revolucionaria de que se les haga justicia.

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*Foto de Portada: www.laizquierdadiario.com.uy / María Victoria Moyano junto a la pancarta que Antimafia Dos Mil y Our Voice exhibieron en la Marcha del Silencio del pasado año 2019.

*Foto 2: www.ecos.la /Marcha del Silencio, edición 2019.

*Foto 3: www.amtimafiadosmil.com /Jóvenes de Our Voice en Plaza Libertad, en Marcha del Silencio.

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