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nicolas toobePor Nicolás Toobe-Our Voice Paraná – 29 de abril de 2020

Nos encontramos actualmente atravesando una crisis global por el coronavirus que suma día a día por miles sus contagios y por centenas sus muertes. Esto ha dejado en claro lo que muchos alertaban hace tiempo, y es que el rapaz sistema capitalista está dispuesto a dejar morir a muchos a cambio de defender los intereses de unos pocos. Tanto Estados Unidos como algunos países de la Unión Europea, ya han iniciado planes de salvataje para grandes empresas que están atravesando una crisis financiera nunca antes vista, interviniendo masivamente fondos públicos y en conjunción con los bancos centrales para rescatar sectores enteros de la economía y evitar un colapso económico general. Pero lo cierto es que el sistema capitalista siempre ha sido muy creativo a la hora de enfrentar “altibajos” ya sea por grandes depresiones económicas, desastres naturales, actos terroristas o guerras, y es que la industria automotriz si no podía fabricar autos, fabricaba tanques, así de sencillo.

Y esta capacidad camaleónica que ha ido mostrando el sistema a lo largo de la historia no es lo único que debería llamarnos la atención, sino también como el aparato político ha allanado el escenario para poder impulsar e instaurar medidas que favorezcan a partir de ahí y para siempre a empresas que en muchos de los casos han sido artífices de esas “crisis”.

Pero este es un contexto totalmente nuevo, en donde la vuelta de tuerca del sistema deja de ser el aprovechamiento de una crisis para sacar mayores beneficios y pasa a ser una posibilidad casi inigualable para tratar de sacar a flote algo que venía en picada y que ya se podría prever su caída y con ella la pérdida de la hegemonía mundial por parte de los Estados Unidos.

Pero ojo, nadie está diciendo que esto no vaya a suceder en un futuro cercano, porque la ventaja que ha sacado el gigante asiático y su capacidad de resiliencia y los golpes que le ha asestado Rusia han dejado casi sin posibilidades al país norteamericano de mantener esa superioridad que ostenta de larga data. Lo que sí podemos decir, casi con seguridad, es que esta pandemia le ha caído como anillo al dedo, dándole un respiro y la posibilidad de acomodar las fichas del tablero para tratar de dar un último golpe.

Capitalismo del desastre

El capitalismo salvaje se topó casi sin querer con un escenario perfecto: un shock que genera incertidumbre y miedo y la justificación para desplegar en las calles a todas las fuerzas de seguridad para controlar y dar cumplimiento del aislamiento social obligatorio y así también poder tener neutralizada a la principal amenaza de los deseos anti populares de las grandes empresas y el poder político en convivencia: la presión popular en las calles.

Esto paralizó casi por completo a todos los movimientos sociales que habían salido a manifestar su descontento y cansancio por todas las desigualdades e injusticias que promovía y protegía el sistema, principalmente en América Latina.

Estas son las condiciones ideales para que los gobiernos y la élite mundial desplieguen programas políticos que profundicen sistemáticamente las desigualdades y enriquezcan a las grandes esferas de poder económico que, de otra forma, encontrarían oposición si no fuese por esta crisis sanitaria.

Hace poco tiempo, la autora del libro “La Doctrina del Shock”, Naomi Klein, en una entrevista que brindó a Vice Us, habló sobre la pandemia y sobre cómo será explotada en términos económicos.

En la consulta del periodista sobre ¿qué es el capitalismo del desastre? y ¿qué relación tiene con la “doctrina del shock”?, Klein respondió: “Defino el capitalismo del desastre de forma muy sencilla: es la forma en que las industrias privadas dan un paso al frente para beneficiarse directamente de las crisis a gran escala. La especulación en torno a los desastres y las guerras no es un concepto nuevo, pero aumentó significativamente bajo la administración Bush tras el 11S, cuando el Gobierno declaró esta crisis de seguridad interminable y, simultáneamente, la privatizó y externalizó, incluyendo el estado de seguridad nacional y privatizado, así como la invasión y ocupación (privatizadas) de Irak y Afganistán”.

“La “doctrina del shock” es la estrategia política que utiliza las crisis a gran escala para impulsar políticas que, de forma sistemática, agravan la desigualdad, enriquecen a las élites y empobrecen a todos los demás. En momentos de crisis las personas solemos centrarnos en las emergencias diarias de sobrevivir a dicha crisis, sea cual sea, y solemos confiar demasiado en quienes ostentan el poder. En momentos de crisis perdemos un poco de vista la pelota (por así decirlo)”.

Por eso no debe de sorprendernos que en estos momentos de tanta incertidumbre y desorientación, personajes como Henry Kissinger salgan nuevamente a la luz a donarnos todas sus ideas políticas que podrían no solo mitigar la pandemia, sino hacer de este un mundo mejor, y hagan un llamamiento abierto a crear e instaurar un nuevo orden mundial.

Demás está decir que si alguna de todas sus ideas fueran llevadas a la práctica, como pasó en el pasado, y como siguen teniendo su repercusión en el presente, en comparación el coronavirus no sería más que un mal resfrío.

Capitalismo de vigilancia

Hay un factor común que se da entre casi todos los que estamos atravesando estos días de cuarentena, con las clases online, las video llamadas, las compras virtuales y los teletrabajos, etc.; los dispositivos tecnológicos sumados a este confinamiento se han convertido en una suerte de celdas virtuales, en donde la distancia social emerge como el nuevo territorio a descubrir y conquistar.

Y aquí, el capitalismo digital, que es el que se abrió paso frente al capitalismo industrial, vuelve con otras ropas a mostrarse como un mal menor inevitable, dándole lugar a algo mucho peor, pero resignificado por la pandemia y la “seguridad”, el capitalismo de vigilancia.

Ya es de público conocimiento que los gobiernos de distintos países se han servido (y se sirven) de la información personal de todos nosotros por medio de las grandes empresas de redes sociales para hacer de este “un mundo más seguro” y tenernos vigilados día y noche. No es ninguna sorpresa que búsquedas de libros como “1984” de Orwell o “Un Mundo Feliz” de Huxley se hayan disparado en las redes, como tampoco es raro que muchísima gente, manipulada por toda la sobre información con respecto al coronavirus (y con esto no quiero para nada minimizar la pandemia) a la hora de elegir entre libertad o seguridad, elija la segunda opción casi sin pensarlo, ignorando que esa seguridad no es tan así, y que sus derechos y libertades vuelven a recibir un golpe letal y probablemente no haya una marcha atrás.

La alianza entre Google y Apple, la fusión de datos personales, tendencias, el big data con softwares y algoritmos parecen nacidos de la noche a la mañana, pero son proyectos y políticas que vienen dando pasos firmes hace ya varios años y ahora puede ser la ocasión ideal para asentar su dominio definitivo con aceptación social.

Capital – ismo

En el sistema capitalista y en este proceso mundial de acumulación de capital, la salud y el presupuesto que se destina para los gastos de investigación y los gastos médicos es muy acotado. Lamentablemente hay un enorme gasto militar, hay un enorme gasto financiero, un enorme gasto que está relacionado, no con atender las necesidades de la población, sino sólo con intentar favorecer el proceso de acumulación de capital, es decir, hacer que los ricos sean más ricos y hacer permanecer la injusticia y la desigualdad crónica del capitalismo, y no atender posibilidades de riesgo como las que hoy no trae el coronavirus.

El gasto militar en Estados Unidos ronda los U$S 700.000.000.000 (Setecientos mil millones) anuales, y hace unas semanas el presidente Donald Trump, en una conferencia, dijo que iban a destinar U$S 2.000.000.000 (Dos mil millones), es decir, 350 veces menos en comparación con el presupuesto militar, para todo lo que tenga que ver con detectar el virus, controlar su propagación, etc.

El futuro llegó hace rato

La pregunta que surge casi por obligación frente a todo esto que estamos viviendo es ¿qué va a pasar mañana cuando superemos la crisis por el coronavirus? y lo cierto es que hay muchas cosas que no van a ser iguales, como se repite casi en todos los programas de radio o televisión, pero hay muchas que sí, y hay muchas otras, quizás la mayoría, que empeoren, y es que si nos fijamos solamente en el tema del cambio climático, del calentamiento global, que es casi tan malo o peor que esta pandemia, y vemos que todavía no hay acciones realmente duras para revertir esa situación, nos damos cuenta que todavía falta mucho por recorrer.

Y si la pregunta se vuelve más reflexiva y pasa por un: ¿tenía que pasar algo como esto para darnos cuenta de lo que estábamos haciendo mal?, puedo decir con certeza que frente a la enorme alienación que hay (tenemos) en la mente de las personas en la actualidad creo que tienen que pasar cosas peores para eso.

Pero por suerte, a pesar de los poderosos y todas sus herramientas sofisticadas para mantenernos esclavos sin saber que lo somos, la pelota siempre está de nuestro lado, solo que ahora la naturaleza avisa que el tiempo se está acabando y hay que decidir de una buena vez para qué equipo jugamos.

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*Imagen de portada: cybermedios.org

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