Por Jean Georges Almendras, enviado especial a Chile-27 de agosto de 2019

La primera cita obligada de Our Voice con los jóvenes chilenos fue en el colegio y liceo Renacer del barrio Puente Alto, en Santiago de Chile. Las puertas del centro de estudios de un barrio netamente obrero: de trabajadores. Trabajadores que deben convivir, muchas veces, con la desesperanza y las carencias. Con los miedos de que sus hijos sean atrapados por el consumo de drogas o por el alcohol. Con los miedos de los hombres y las mujeres que (como padres) deben convivir con la lucha diaria para que sus seres queridos progresen, o al menos, para que subsistan, porque en esos barrios las necesidades materiales se dan la mano con las indiferencias de quienes en el poder no hacen otra cosa que enriquecerse a sí mismos, sin pensar en el colectivo. Porque los egoísmos predominan y los conflictos humanos se agudizan, y se multiplican.

La primera cita obligada de Our Voice con los jóvenes chilenos fue en ese contexto vivencial, donde la presencia de los integrantes del Movimiento, seguramente (estamos seguros) les significó una luz. Una luz de esperanza para sus vidas, para sus corazones. Una luz extendida por jóvenes como ellos. Jóvenes que también crecieron con las mismas necesidades con padres igualmente redoblados en miedos. Los miedos que se fueron pulverizando al ver que hoy sus hijos, comparten sus actividades y sus vidas, siendo parte de un movimiento que no conoce de limitaciones para llevar adelante la valerosa y comprometida tarea de despertar las conciencias de una generación, que está siendo devorada por un sistema devorador de sentimientos. Un sistema perverso que pregona, incentiva y pondera el individualismo, la indiferencia y el egoísmo.

En ese contexto vivencial, de los jóvenes latinoamericanos de hoy, cerca de 300 liceales del colegio y secundario Renacer de Puente se encontraron frente a frente con Our Voice y los logros se hicieron sentir desde el primer momento.

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En una primera etapa, un enorme patio fue el escenario. En una etapa posterior, el escenario del encuentro fue un amplio salón de una planta alta del edificio. En ambos casos las respuestas dadas por los estudiantes salieron a la luz con velocidad increíble.

Nuestros jóvenes de Our Voice les hablaron de sus orígenes y de sus metas. Y entre caras de asombro algunos de los estudiantes interactuaron con indescriptible espontaneidad. O mejor dicho, con transparencia. Un adolescente habló de la problemática de su hogar. Habló del consumo de drogas. Habló. No se quedó callado. No se quedó impávido. Todo lo contrario. Se sintió acompañado. Sintió que otros jóvenes lo escuchaban. Que lo comprendían. Y lo que es más: que hacían suya su lucha contra quienes distribuyen droga y contra quienes destruyen la sociedad desde el delito, desde la violencia.

Nuestros jóvenes de Our Voice se sinceraron con los estudiantes; les hablaron sin tapujos sobre las injusticias sociales; y además, les preguntaron ¿Qué pasos se deberían dar, como jóvenes, como sociedad, para cambiar este mundo actual, sobrado en conflictos, en guerras, en crimen organizado, en persecuciones a pueblos originarios, y en represiones?

Nuestros jóvenes de Our Voice, dieron respuestas, dieron fuerzas y recibieron enseñanzas de sus interlocutores. Hablaron con la sabiduría que emerge de la inocencia. Que emerge de la militancia por la vida.

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La segunda parte del encuentro tuvo como protagonistas a estudiantes del tercer grado en adelante. Y allí el encuentro se transformó en un debate abierto, cargado de sorpresas. Cargado de esperanzas. Esperanzas de que nada de lo que se está siendo, desde las entrañas mismas de este movimiento, ha sido (ni es) en vano.

Marcelo Valenzuela nos habló y sentenció: “Esto que hace Our Voice es valioso, porque habla de la justicia, habla de valores”.

Marcelo Valenzuela es el director del “Renacer”. Sus palabras lo dicen todo.

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Foto de Portada: Our Voice