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Por Jean Georges Almendras-24 de noviembre de 2018

Como un vendaval de intensidad indescriptible  y en un lenguaje universal, el elenco teatral de Our Voice hizo su presentación en un escenario de la dramaturgia montevideana  al anochecer del día 23 de noviembre. La estructura del añejo edificio de la esquina de las calles Tristán Narvaja  y Mercedes de la capital uruguaya fue el marco apropiado para que el libre ejercicio del arte, en manos de una veintena de jóvenes (activos militantes de países como Italia, Argentina, Paraguay y Uruguay liderados por Sonia Bongiovanni) fuera en definitiva un inconfundible mensaje para la sociedad uruguaya, regional y mundial. ¿Un mensaje de esperanza? Ciertamente. ¿Un mensaje de resistencia? Ciertamente. ¿Un mensaje de lucha? Ciertamente.

“Limbo”, que así  se llamaba la obra de Our Voice, permitió conocer realidades de nuestros días. Realidades que son noticia de primera plana para unos y noticias que no deben ser visibilizadas para otros. Pero en concreto el elenco habló a la platea en un lenguaje significativamente directo y bajo el halo de la denuncia, lisa y llana.  De la denuncia que busca la reflexión. Que busca el compromiso. Y que busca, fundamentalmente, crear conciencia entre los jóvenes de todo el mundo.

“Limbo” es el resultado del trabajo en común del elenco. Cada uno con su talento. Y cada uno con su disponibilidad. Con el único cometido de materializar una idea en común. Una idea cuyos personajes fueron el dogma, el pueblo y la valentía. Los protagonistas de nuestro tiempo. Los protagonistas cuyo denominador común fue la condición humana, como hilo conductor, y unas muy bien definidas escenas como complemento de un texto prolijo y dinámico, y de una puesta en escena compacta y cautivante.

La crítica teatral  sobre “Limbo” ha quedado diminuta, porque se hace inocua, ante el gigantesco mensaje que encierra  cada tramo del texto presentado a través del testimonio humano.

La polémica intimista de los personajes y de los conflictos de las sociedades de nuestros días expuestos sin recatos ni restricciones hablan y abofetean al espectador, y hasta por momentos lo llevan a sucumbir en el mar de las emociones. Porque las escenas son descaradamente demoledoras; son descaradamente violentas; son descaradamente sensibles y son descaradamente los emblemas del Movimiento. Porque son escenas y palabras de denuncia.

Aquella noche Our Voice fue un Movimiento de jóvenes que no fue indiferente ni a las persecuciones de los pueblos originarios, ni a las violaciones de derechos humanos en el Uruguay bajo las fauces del Plan Cóndor, durante los días de las dictaduras, ni a las hipocresías del sistema político, entre otros males.

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Fue un espectáculo disfrutable que dejó  al espectador con la necesidad de más episodios. Fue una propuesta artística impecable. Fue un brutal llamado a la conciencia ciudadana. Una propuesta atípica. Y una arenga indiscutible.

“Limbo” fue y es la voz de los muchos jóvenes de esta sociedad moderna que no deberían mirar a un costado cuando se trata de este tipo de proyectos.

“Limbo” fue y es una idea revolucionaria que se maneja a sí misma. Que tiene su lenguaje propio y que aún así, llega a cada uno de los espectadores. Los espectadores que no tienen ni una pálida idea  de todos los esfuerzos que se hacen (detrás de bambalinas) para dejar correr escena tras escena, y para lograr el principal cometido: transmitir valores y hacer que los espectadores despierten y luchen.

El arte como tal  hace mucho más. A cada paso. En cada escenario. El arte, entonces, se torna más necesario; más indispensable. Y por lo tanto cada uno de los espectadores seguramente debe haber vivido la experiencia de ver a los actores de Our Voice, como se viven las militancias estudiantiles.

Porque en definitiva,  Our Voice, es un excelente instrumento para que las ideas de los mártires de la humanidad  y las legítimas denuncias sobre las injusticias sociales y sobre las violaciones de los DDHH no duerman más,  ni en los anaqueles del olvido ni en las mazmorras del egoísmo, sino que todo lo contrario, se divulguen a los cuatro vientos, marcando a la humanidad que los jóvenes están presentes y que solo de ellos depende el futuro de la  humanidad.

“Limbo” fue un reto. Fue un desafío. Fue (y es)  una página de la historia de Our Voice; y lo es también de la historia de los jóvenes de América Latina. Esos jóvenes que nos convocan a la resistencia y a la revolución cultural. Que nos convocan a la transparencia en nuestros actos y en nuestras responsabilidades. Que nos demuestran, con hechos y acciones,  que no debemos dejarnos seducir ni por las corrupciones ni por las impunidades, ni por las hipocresías.

Las estructuras conservadoras, de la sociedad uruguaya,  que se agarran a los silencios y a las represiones y a la cultura de la impunidad, quedan desmanteladas y señaladas por muchos dedos, cuando a las tablas de los escenarios suben jóvenes como los del movimiento Our Voice.

El guión entrecruza las ideas y pone en evidencia todos los males. El guión juega con las metáforas. Juega con la razón humana y así como la enaltece, la lapida. El guión encara a cada uno de los vericuetos de la condición humana. Y en ello radica el éxito del Movimiento. En que no deja nada librado al azar. Nada. Todo lo utiliza. Y todo lo transforma.

Fueron jóvenes militantes en favor de la justicia y de la verdad, que nos ponen de espaldas al muro.

Fueron jóvenes que a través del arte (teatro, música, danza y poesía) nos hablaron del ayer porque miran insistentemente hacia adelante. Jóvenes mirando al futuro. Jóvenes literalmente hastiados de esta sociedad.

Fueron jóvenes  sobre el escenario, con una impronta inédita, donde se advirtió empeño, perseverancia, coraje y especialmente ansias de libertad.

Y al cierre, entre la efervescente interpretación juvenil, el golpe de gracia argumental lo dio el presidente del Movimiento Our Voice, Giorgio Bongiovanni encarnando a uno de los personajes de la historia, pero en un tiempo futuro.

Un detalle no menor, por cierto.

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*Foto de Portada: Our Voice

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