Jóvenes a escena: “Brillo en cautiverio” obra sobre detenido-desaparecido uruguayo
Por Jean Georges Almendras-29 de octubre de 2018

Los restos del detenido-desaparecido uruguayo, Julio Castro, maestro y periodista secuestrado  por fuerzas policiales y militares de la dictadura uruguaya en Montevideo (en el cruce de la Avenida Rivera y la calle Francisco Llambí de la capital uruguaya) el 1ero de agosto de 1977, fueron hallados en un terreno militar uruguayo de la zona de Toledo, en el departamento de Canelones, el 21 de octubre de 2011. Fue uno de los únicos cuatro cuerpos hallados en el marco de las excavaciones que se hicieron en predios militares durante los tres períodos del gobierno de izquierda Frente Amplio. El martirologio de Julio Castro, recorrió el mundo. Y también fue llevado al teatro por jóvenes del elenco de “El Sótano” en el año 2012 bajo el título: “Brillo en cautiverio” siendo su autor el hoy actor y director de teatro Christian Almendras. La obra fue premiada en la Movida Joven (de la Intendencia de Montevideo) del año 2012. Seis años después de esa distinción jóvenes del Movimiento Our Voice subieron esa obra a escena, este domingo 28 de octubre, en el ciclo Teatro y Memoria, organizado por el Sindicato Uruguayo de Actores (SUA), al cumplirse los 50 años de los asesinatos de los estudiantes Liber Arce, Susana Pintos y Hugo de los Santos. Asesinatos cometidos por parte del  terrorismo de Estado en el año 1968, antes de instalarse la dictadura militar.

El texto teatral, que tiene originalmente una duración de 40 minutos, fue  llevado a escena en 15 minutos por uno de los elencos de teatro amateur del Movimiento Our Voice.  Fue literalmente una de las expresiones más destacadas del encuentro del domingo. Encuentro que incluyó otras representaciones, siempre alusivas a los 50 años de los asesinatos de estudiantes por parte de fuerzas represivas que ya actuaban en el Uruguay, mucho antes del 27 de junio de 1973.

Our Voice no escatimó despliegue ni puesta en escena, ni potencial actoral al representar “Brillo en cautiverio”. El texto claro y de parlamentos  simbólicos y contundentes, de Christian Almendras, tampoco fue obstáculo para los actores: Diego Grachot, Juan Manuel Ferreira, Facundo Faropa, y Anubis Leal.

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Cada joven supo encarar el papel asignado. Cada joven se sintió parte de un proyecto que tuvo el común denominador de la denuncia y la noble tarea de preservar la memoria, de uno de los tantos hechos criminales cometidos por el terrorismo de Estado ya instalado en el Uruguay, un año y tres mes después del día en que los militares, con la complicidad del presidente constitucional de la época (Juan María Bordaberry), dieron un golpe de  Estado, formando parte del Plan Cóndor.

Una muy buena iluminación y una interpretación prolija, que en su conjunto tuvo mucha fuerza y mucha sensibilidad, hicieron que el espectáculo brillara  cumpliéndose con el objetivo de trasladar a la platea una de las páginas más emblemáticas de la dictadura uruguaya, siendo que la víctima fue una personalidad muy reconocida de la educación y del periodismo nacional.

Diego Grachot (que es estudiante de teatro independiente) interpretó a Julio Castro, acertando en un cien por cien en cada instante de su actuación. Actuación que compartió con Juan Manuel Ferreira, quien como represor supo perfectamente qué sentido darle a su personaje, cómo interpretarlo y cómo proyectarlo a la platea. El resultado de las escenas de ambos fue altamente positivo, y dejó al descubierto un trabajo actoral sobresaliente, donde no hubo ni altos ni bajos en la expresión, ni en los tonos utilizados y ni en la dinámica de violencia que se fue transformando en una dramática página del ayer, y muy útil para no perder la memoria, y conocer muy bien lo que ocurría en aquellos años del terror.

En el otro extremo del espacio escénico, donde la ambientación fue acertada, Facundo Faropa y Anubis Leal no defraudaron al espectador. Y en contrario la escena a ellos asignada marcó genialmente la vigencia del dramatismo de aquellos años y fue el nexo necesario para comprender el profundo mensaje impuesto en el texto. Un texto que  es vigente en toda su extensión. Una vigencia que sumada a una muy buena interpretación –como ocurrió en este caso- puede ser un elemento muy útil para que el espectador tenga una idea dramática  y clara del sufrimiento que el destino deparó a un hombre mayor y con problemas de salud (pero no de conciencia) a merced de la represión: la tortura, el interrogatorio y la ejecución de un balazo en el cráneo.

“Brillo en cautiverio”  fue un oportuno texto que llegó a manos de los jóvenes del Movimiento Cultural Our Voice. Un texto que supieron aprovechar y trabajar. Fue una brillante oportunidad de ser protagonistas de la difícil tarea de crear conciencia entre los jóvenes. Los jóvenes que desconocieron los sufrimientos y los avasallamientos de los represores de las dictaduras de los años sesenta y setenta, que poco distan de las “dictaduras” de las falsas democracias de hoy.

El  trabajo de Our Voice fue aplaudido calurosamente por la platea. Una platea en su mayoría compuesta por jóvenes. Una platea que comprendió perfectamente el mensaje del autor del texto y el mensaje de los actores. Mensajes que armonizaron desde el momento en que la obra comenzó a rodar: en una muy bien lograda atmósfera de represión y de recuerdos, donde el presente hizo temblar a la platea. A una platea ( de la nueva generación, la que no vivió la dictadura)  a la que se le recordó en el parlamento final, el verdadero sentido de tanto dolor y sufrimiento, de las víctimas de aquellos días: “Solo espero que la  bala que lo mató nos enseñe a vivir con dignidad”

En el circuito de la sala teatral del SUA se vieron dos representaciones más y se cantó una canción, destacándose  la obra “Las camisas blancas: muerte y vida de Susana Pintos” de Romina Grassi, Sandra Massera y Florencia Protazonio. Bajo la dirección de Sandra Massera, las actrices Romina Grassi y Florencia Protazonio, dieron vida a la estudiante Susana Pintos, asesinada por la represión en el año 1968, bajo la presidencia de Jorge Pacheco Areco. Una actuación que fue igualmente impecable.

En momentos en los cuales la cultura de la impunidad parece estar cada día más instalada en el Uruguay (y en América Latina) buscando poner a distancia a represores militares y civiles, de los tribunales de justicia, estos espacios de la cultura y del arte teatral para preservar la memoria se tornan vitales.

Our Voice no podía estar ausente en este trabajo de compromiso militante, por la justicia y por la verdad. Our Voice no podía estar  ausente ante un texto sensible y comprometido con la denuncia de la dictadura. No podía estar asunte en un evento teatral de compromiso juvenil con los mártires estudiantiles del año 1968.

La labor teatral y la sensibilidad reflejada en cada segundo de actuación de Diego, Juan Manuel, Facundo y Anubis, no nos defraudaron.

Fue la providencial y valiosísima realización artística de un grupo de jóvenes que hacen de su vida una militancia diaria para poner freno a la cultura de la impunidad, cuando se trata de llevar a la justicia a los responsables de violaciones a los derechos humanos en los tiempos de las dictaduras militares.

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Fotos de Our Voice y Erika Pais