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Por AntimafiaDuemila-1ero de agosto de 2020

Extraído de clarisa it

De Ga.Si

Cuarenta años después, recordar la masacre de la estación de Bolonia del 2 de agosto de 1980 sólo tiene sentido si sabemos darle a este asesinato de nuestros conciudadanos inocentes un significado para Italia: pero darle un significado sólo es posible si entendemos por qué sucedió.

Verdad y memoria

El mero ejercicio de la memoria, de los que se llenan la boca en cada ocasión, no basta y es inútil, si se separa de la verdad: antes que nada, hablemos de la verdad histórica, ya que la verdad judicial nunca será suficiente, dado el tiempo transcurrido. El hecho de que no se haya llegado a tiempo a una verdad judicial completa forma parte de esa verdad histórica, que también por ello es el objetivo primordial a alcanzar.

De lo contrario, el ejercicio de la memoria se convierte en un ritual estéril, que con el tiempo ya no servirá para hacer comprender su valor a quienes no han vivido las horas de esos días y las mentiras contadas en todos estos años.

Sin verdad, la memoria se convierte en hipocresía, sobre todo cuando esta memoria es celebrada por los hombres de una clase dirigente que se mantiene en el poder desde hace mucho tiempo, más allá de los cambios de nombres y siglas de partidos: la misma clase dirigente que nunca abrió los cajones en los que se podrían haber encontrado, por lo menos, pedazos de esa verdad.

Todo cuanto han dicho los familiares de las víctimas en las últimas horas es muy instructivo: las grandes promesas del primer ministro Renzi de abrir los archivos en el 2014 fueron un engaño más, ya que los documentos surgidos hasta ahora han demostrado ser de poca utilidad.

En realidad, si trabajamos seriamente, a la manera de un Vincenzo Vinciguerra, de un Guido Salvinio de un Aldo Giannuli, por lo que sabemos, reconstruir una verdad histórica es posible: siempre que no haya partidos que defender, esqueletos en los armarios que esconder y consignas cómodas para reafirmar.

El primer engaño está escrito, lamentablemente, en la lápida erigida en Bolonia, que habla de la "masacre fascista". En otras palabras, el útil fantasma de una historia que terminó trágicamente en abril de 1945 se usa como etiqueta que lo cubre todo. Dado que a estas alturas los estudios más serios sobre la estrategia de tensión confirman, con gran cantidad de documentos y reconstrucciones precisas, que el extremismo de derecha italiano no nació para despertar ni al régimen fascista ni al fascismo republicano.

Se trataba, sin perjuicio de la buena fe de tantos jóvenes que allí militaban lealmente, de un instrumento utilizado por el mundo atlántico con dos objetivos primordiales: primero, detener la expansión del comunismo en Occidente; segundo, impedir el establecimiento de tendencias neutrales en los países incluidos en uno de los bloques.

Este es el sentido histórico de lo que, por primera vez, Vincenzo Vinciguerra ilustró en 1989 con un cúmulo de referencias, que han ido creciendo y que nunca fueron negadas con el tiempo, en “Prisión perpetua para la libertad” el concepto de "desestabilizar para estabilizar": que también podríamos traducir, con una expresión bien conocido por los círculos que cuentan del poder mundial internacional, ex Chaos Ordo, del caos al orden.

Federico Umberto D'Amato, servidor atlántico

Seguir hablando de "masacres fascistas" es, por lo tanto, el primer ataque a la verdad.

El coraje de cambiar este adjetivo pertenece a los familiares de las víctimas, especialmente ahora que de los documentos del juicio ha surgido un nombre que es suficiente para confirmar de la manera más flagrante posible la veracidad de la interpretación "del caos al orden" de la estrategia de las masacres: el de Federico Umberto D'Amato.

Por tanto, nos detendremos un poco en este personaje. Este súper policía nacido el 4 de junio de 1919 en Marsella, de padres socialistas.

Ya ingresado a la policía, el 8 de septiembre de 1943 llegó a subcomisario adjunto en Roma: "Logré penetrar en la mayor red de espionaje militar de los alemanes en Italia, de modo que ya en la madrugada del 4 de junio [1944, fecha de entrada de los Aliados en Roma] y en los días siguientes pude arrestar a decenas de espías alemanes", relata él mismo.

En abril de 1944, de hecho, había reclutado a Luigi Danese, un italiano que se unió a una organización de espías alemana en Italia, quien se convertirá en su fiel colaborador incluso después de la guerra.

En julio de 1944, D'Amato dirige una nueva operación de contraespionaje en Campania y Puglia, que conduce al arresto de Arturo Cembi, que en Nápoles operaba a favor del RSI: el mariscal Cembi decide colaborar, y proporciona a D'Amato una lista de trescientos nombres de colaboradores de laAbwehr, que permite a D'Amato eliminar la red filo-alemana en el sur de Italia.

D'Amato, sobre la base de este excelente resultado de espionaje, entra en contacto con Jesus James Angleton, una figura destacada de la OSS en Italia, probablemente en noviembre de 1944:

"Jesús James Angleton [bajo las órdenes del almirante estadounidense Stone, oficial militar de la Italia ocupada], encargó a un grupo de sus agentes de confianza (italianos y estadounidenses) que fueran en secreto a los territorios de Salò para contactar con Guido Leto, que se había convertido en el mayor ejecutivo de Ovra en el RSI. (...) Entre los hombres elegidos por Angleton para esta misión se encontraba también [además del capitán del buque Carlo Resio, de los servicios secretos de la Armada del Sur de Italia] el joven comisario llamado Federico Umberto D'Amato, desde entonces en muy estrecho contacto con los servicios americanos. (...) Leto, después del 25 de julio de 1943, se acercó en secreto a algunos oficiales estadounidenses (incluidos el coronel Bay y el capitán Baker), haciéndoles saber que estaba dispuesto a proporcionar a la OSS todo el archivo de Ovra, que consta de más de seis mil documentos que guardaba celosamente custodiados en Valdagno (sede del Departamento de Seguridad Pública de la República de Salò), así como en Venecia y Vobarno. El 26 de abril de 1945, entonces, se puso oficialmente a disposición del CLN con el que, leemos, colaboraba clandestinamente desde hacía algunos meses" (G. Pacini, El corazón oculto del poder, Nutrimenti, Roma, 2010, p. 31).”

No se trata solo del ya ávido bocado de los seis mil documentos, nunca publicados por la República democrática y antifascista: se trata del mucho más articulado y complejo Plan Ivy, una operación de espionaje político de fundamental importancia para entender lo que sucedería en Italia en la posguerra inmediata.

Es la activa participación en dicho plan lo que justifica y funda la brillante carrera de Federico Umberto D'Amato, la base de su poder, en cuanto D'Amato, como prueban algunos documentos de archivo norteamericanos, involucra en la operación, gracias a sus contactos, a numerosos jefes de la policía que están en el norte y que no tienen sentimientos republicanos.

Los méritos así adquiridos lo colocan en una posición clave justo en medio de la reorganización de los servicios secretos italianos, que se da en total dependencia a los deseos de los aliados:

"En un mensaje secreto enviado el 10 de febrero de 1949 por el embajador estadounidense en Italia al Departamento de Estado de USA, leemos que ‘Italia está instituyendo una organización de policía secreta anticomunista bajo el mando del ministro del Interior con elementos de la ex policía secreta fascista”. Uno de los primeros agentes de esta organización será Costantino Digilio”(G. Ferraro, Enciclopedia del espionaje, voz James JesusAngleton, p. 37). Ahora comprendemos mejor cuán fascistas eran estos policías, poniéndose a disposición para el doble juego requerido por el Plan Ivy.

En 1952 se da otro paso importante: D'Amato fue puesto al frente del Buró Político de la Jefatura de Policía de Roma, por lo tanto, de la capital de Italia, el corazón del poder democrático y antifascista.

En 1957, tras un conflicto con Tambroni, cuyas causas se desconocen hasta la fecha, fue trasladado a Florencia, al cuerpo de moralidad. Un capítulo por explorar, pero que denota una característica fundamental de D'Amato: saber elegir el caballo ganador. Tambroni no lo era, como pronto quedó claro.

No por casualidad, en noviembre de 1960, después de los sucesos de Génova que marcaron el fin político de Tambroni, da el salto decisivo: pasa a la Oficina de Asuntos Reservados del Viminale. Aquí, después de que Paolo Emilio Taviani se convirtiera en ministro del Interior el 22 de febrero de 1962, sigue siendo D'Amato quien, en septiembre de 1962, gestiona una misión secreta muy delicada en relación con la detención del ex primer ministro francés Georges Bidault, uno de los líderes de OAS, arrestado en Italia y luego liberado en Suiza, obviamente sin informar al poder judicial italiano.

Quienes conocen la situación internacional de ese momento, las delicadas relaciones con Francia, comprometida en la guerra de Argelia y luego en la lucha contra el terrorismo de OAS, y la importancia que tuvo esta última para influir en la extrema derecha italiana, comprenderán bien que, incluso aquí, D'Amato es la mente maestra y no la víctima de una instrumentación.

En diciembre de 1963, con el gobierno de centroizquierda del primer ministro Aldo Moro, D'Amato se convierte en jefe de la sexta sección de la Oficina de Asuntos Reservados, con la tarea de coordinar los equipos periféricos y con el centro de intercepción de Monterotondo, a la vanguardia para aquellos tiempos. Estamos hablando del control de todas las comunicaciones que le interesaban al Ministerio del Interior. Estamos en medio de la formación de la nueva centroizquierda, un paso muy delicado para la preservación del sistema, para “cambiar todo para que nada cambie”.

En 1965, por recomendación de Taviani, pilar del antifascismo demócrata cristiano y atlántico, D'Amato se convierte en el representante italiano, el único civil, en la llamada Oficina de Seguridad Interna del Pacto Atlántico (USPA), habilitado para otorgar la Autorización de Seguridad (Nulla Osta Sicurezzao NOS) en Italia. Posteriormente, en una fecha por determinar, también se convirtió en jefe de la delegación italiana en el Comité de Seguridad de la OTAN. Este es D’Amato, convertido nada menos que en el administrador de la OTAN para la seguridad en Italia.

Dado el nivel de este cargo, dado el pasado bélico de D'Amato y dado su rol en la UAR, debemos considerarlo si no el efectivo número uno, al menos el número dos de este servicio, pero sólo porque en septiembre de 1968, Elvio Catenacci, ex cuestor de Venecia, se convierte en director de la UAR, con D'Amato como suplente.

A finales de los sesenta D'Amato es el promotor de la creación del llamado Club de Berna, organismo coordinador de todas las fuerzas policiales europeas. Es él quien, por lo tanto, habla de inteligencia no sólo con la OTAN sino también con los servicios de inteligencia civil de toda Europa Occidental, y con los norteamericanos.

Habría que entender cómo, con qué motivaciones, entendimientos y apoyos políticos, D'Amato triunfa brillantemente en esta operación fundamental, que es política antes que policía, e involucra a un país del que poco se habla, pero que es fundamental para entender la dinámica de la seguridad en Europa, Suiza, el corazón palpitante del capitalismo financiero internacional, un centro de espionaje fundamental durante las dos guerras mundiales.

Por la reciente adquisición de una brillante académica suiza (Aviva Guttmann), sabemos que el Club de Berna, que opera bajo el decisivo impulso técnico y político de los servicios secretos del Estado de Israel, de hecho, ha dictado la línea, aún vigente, de la lucha contra el terrorismo europeo. D'Amato estuvo allí, en los furiosos años setenta y después.

En febrero de 1969 D'Amato escribe una nota, enteramente dedicada a la cuestión de los movimientos de la izquierda extraparlamentaria en Europa, al margen de una reunión del Club de Berna en la que los representantes alemanes han adelantado la sospecha de que su origen esté en operaciones de los servicios secretos norteamericanos (Pacini, cit., P. 86).

Esta es una prueba absoluta, que confirma el papel de D'Amato en la conocida operación "manifiestos chinos", cuya importancia fue señalada por primera vez por Vincenzo Vinciguerra. Y fundamental,en primer lugar, por las relaciones con Mario Tedeschi, a quien ahora se refieren los magistrados de Bolonia, que lo señalan entre los protagonistas de la última investigación sobre la masacre del 2 de agosto; y, en segundo lugar, por las relaciones con la extrema derecha de Nuevo Orden y Vanguardia Nacional, que aportan la mano de obra en esta operación. Nunca fue desmentido el hecho de que es D'Amato quien alimenta el delicado, muy arriesgado, pero fundamental juego de las masacres, por un lado; y, por el otro, el extra-parlamentarismo de izquierda, que luego evolucionó hasta convertirse en un "partido armado", con todo lo que de él derivó.

En junio de 1969, se dicta un decreto del Consejo de Ministros para reorganizar la UAR, que dividida se convierte en Sigop (Servicio de Información General y Orden Público), a su vez dividido en SIIG (Seguridad Interna e Información General) liderado por D'Amato, y DOPS (División de Orden Público y Ministerio de Relaciones Exteriores), encabezada por Antonio Troisi y Mauro Saviani. Estamos en plena temporada de la estrategia de tensión y D'Amato mantiene la posición clave que le permite operar globalmente en nuestro país.

En agosto de 1970, Elvio Catenacci se convierte en jefe de policía: SIGOP pasa a manos de AribertoVigevani, exjefe de la oficina política de la jefatura de policía de Milán.

En noviembre de 1971, SIGOP se disuelve y las dos divisiones se vuelven autónomas. DOPS cambia su nombre a SOPS (Servicio de Orden Público y Extranjeros); SIIG pasa a ser SIGSI (Servicio de Información General y Seguridad Interna), donde, cabe señalar, permanece D’Amato.

La pregunta surge espontáneamente: ¿por qué estos cambios en pleno período de masacres y "golpes de Estado"? ¿Alguien ha explorado esta dinámica? Mientrastanto, D'Amato sigue al mando.

El hecho de que D'Amato trabaje en ambos frentes de los extremismos opuestos, en función de la provocación, se confirma en 1975 con la propuesta que le hace, por algún motivo, a Adriano Sofri,para asesinar a miembros de los NAP. De la reunión con D'Amato en casa de Sofri, este último informará en dos artículos del 26 y 28 de mayo de 2007, en IlFoglio.

A finales de los setenta, al militante de Lucha Continua, Alberto Capriotti, se le encontró el teléfono directo de D'Amato, incluido el de su domicilio. Capriotti había sido denunciado en 1969 por haber dado refugio a Marco Pisetta, infiltrado en las Brigadas Rojas.

Ahora bien ¿por qué aburrir al lector con este breve perfil biográfico?

Porque no hay persona que, con un simple y puro sentido común y habiendo leído tal biografía, piense que el súper policía D'Amato haya sido manipulado por supuestos neofascistas. Exactamente lo contrario parece evidente: un ejercicio profesional al que todos los policías destacados de los Estados modernos, a partir de la Ochrana zarista, han tenido que dedicarse: infiltración, provocación, explotación de movimientos antagónicos con respecto al Estado al que sirven.

Este es el trabajo, si se quiere el trabajo sucio, de D'Amato, hoy como entonces. Sirve para esto en tiempos contemporáneos, como sucedió en Estados Unidos con la masacre de Haymarket (Chicago, 1 de mayo de 1886) o en Rusia con el asesinato del primer ministro Stolypin (Kiev, 18 de septiembre de 1911), para consolidar un poder amenazado por el cambio. Neutralizar a los anarquistas estadounidenses, en el caso de Haymarket; prevenir las reformas radicales de poder de los latifundios de la Rusia zarista, en el caso de Stolypin. En ambos casos, operaciones de defensa del sistema. Ese es el trabajo confiado a los D'Amato, también la base de su poder, los verdaderos pretorianos de los Estados modernos, incluidos los democráticos.

Licio Gelli, un "redimido"

También sobre Licio Gelli pensamos que es hora de valorizar datos biográficos que nos hablan alto y claro de un fascista de aquellos que, en muchos casos para salvar su pellejo, han sido llamados por algunos "los redimidos", es decir, los que oportunamente cambian de bando. Lo hizo en 1944, posibilitando con su presencia en uniforme republicano la liberación de la cárcel de un grupo de partisanos detenidos en Pistoia.

Licio Gelli habría dado más de una ayuda concreta a las formaciones partidistas: por eso, según algunos, en el verano de 1944 se vio obligado a esconderse por miedo a las represalias de los alemanes o los fascistas. Pero sigamos leyendo.

"1.Licio Gelli, en julio de 1944, se había convertido en partidario de la “Gugliano”, una pequeña formación que operaba entre Torbecchia y Vincio di Montagnana, a tiro de piedra del lugar donde mataron a Scripilliti;

2. Gelli y su formación estuvieron en contacto con algunos líderes comunistas. De hecho, Giuseppe Corsini (líder del PCI y, después de la guerra, alcalde de Pistoia y senador) declaró:

"[Descubierto] de su doble juego y cortado, se le encomendó la tarea de reclutar y organizar equipos partisanos. De hecho, Gelli operaba bajo las iniciales G.U. [la formación "Gugliano" -N.d.A] cerca de Pian di Casale-Ponte S. Giuseppe (...)

Italo Carobbi (líder comunista y presidente del Comité de Liberación Nacional de Pistoia), a su vez, el 20 de mayo de 1946 concluyó una declaración al Primer Ministro de la Sección Especial del Tribunal de lo Penal de Pistoia, Umberto Petrucci, informando que Gelli, después de la 21 de junio de 1944 (fecha de la acción en la VilleSbertoli llevada a cabo por "Silvano Fedi" con la ayuda de Gelli), descubierto y con una recompensa de 150.000 liras por su cabeza [sic]: [...] tuvo que irse y desde entonces, hacia finales de julio, pasó a tomar el mando de una formación partisana en las montañas. En la comisaría de Pistoia y demás autoridades todo esto no está claro porque los acuerdos entre nosotros siempre se han mantenido en secreto. (I. Aiardi, R. Aiardi, Emboscada en Montechiaro - Consideraciones sobre la muerte del comandante partisano Silvano Fedi, Centro de Documentación de Pistoia, 2014, passim).

Todo esto le habría valido, en primer lugar, la cobertura del Partido Comunista que, en octubre de 1944 y luego en febrero de 1945, entregó a Gelli un certificado de su activa colaboración con los partisanos, confirmado también por el diario del CLN de Pistoia en el '45.

Refugiado en Roma con los medios facilitados por la CLN, se trasladó a La Maddalena, en Cerdeña, con su hermana y su cuñado, un suboficial de la marina, bajo la vigilancia de los carabineros, el 24 de enero de 1945.

Arrestado por los carabineros en septiembre del ‘45, a raíz de una denuncia del hijo de un colaborador de los partisanos, fue detenido primero en Sassari y luego en Cagliari, y aquí, en los interrogatorios en su contra, mencionaría los nombres de los colaboradores republicanos que conocía, según dijo, para protegerlos de la furia popular.

Liberado bajo fianza, detenido de nuevo, a raíz de una denuncia de un oficial de la fuerza aérea por organizar redadas de prisioneros ingleses, durante su detención en Roma se encuentra con el príncipe Junio Valerio Borghese.

Se reducen los cargos en su contra, y en 1947 queda libre de cargos criminales y obtiene el pasaporte.

Reanudó la actividad política con orientación monárquica, de cara al referéndum, y se convirtió en secretario provincial del Partido Nacional del Trabajo. A partir de aquí, siguiendo la trayectoria de muchos ex fascistas, dio el giro final a favor de la Democracia Cristiana.

"En 1948, en vísperas de las elecciones políticas, en un clima de acalorado anticomunismo, comenzó a trabajar para RomoloDiecidue, candidato por la circunscripción de Florencia-Pistoia, en las listas de los demócratas cristianos, y tenía su base electoral en Valdinievole. Diecidue, de origen romano y director de bachillerato en la ciudad termal, había sido presidente del CLN de Montecatini: después de haber servido en la DC, habría pasado a los demo liberales promonárquicos. La colaboración entre los dos duró aproximadamente una década"(M. Francini,"El período pistoiano de Licio Gelli",Quaderni di Farestoria, Año XI, 1, enero-abril de 2009, p. 50 y siguientes).

Entonces ¿por qué seguir hablando de Gelli como un neofascista nostálgico y no clasificarlo, como se ha hecho con reconocidos intelectuales, como "redimido", ahora conquistado para la causa de la democracia, tanto es así que comenzó una brillante carrera como "arreglador", que, gracias al apoyo masónico-católico, lo llevaría a ser parte de un centro de poder como la Logia P2?

Para quien aún no lo sepa, nos limitamos a recomendar la lectura de ese Plan de Renacimiento Democrático, encontrado en 1981 cuando estalló el asunto de la P2, pero que ciertamente se remonta a finales de los setenta. Luego, hay que colocarlo junto al famoso texto de M. Crozier, S.P. Huntington, J. Watanuki, La Crisis de la Democracia, Reportes de Gobernabilidadde las Democracias en la Comisión Trilateral, New York UniversityPress, 1975. Al comparar los dos textos, cualquiera puede darse cuenta de que el documento atribuido a la P2 no es otro que la adaptación política al contexto italiano de un proyecto mucho más amplio, en marcha en el Occidente capitalista a finales de la década de 1970, en vista de la reorganización de los sistemas de democracia parlamentaria con el avance victorioso de la globalización con el signo del liberalismo económico-financiero.

¿Estos son los fascistas? ¿Son neofascistas también los de la Trilateral? Flor de demócratas, quizás de una democracia diferente a como la entendía Mazzini: pero son los hombres y las fuerzas que lucharon y ganaron la guerra contra el fascismo. Gelli y la P2 estaban de su lado.

¿Y la masacre de Bolonia?

Probablemente la masacre de Bolonia no sea una masacre como las de los años sesenta y setenta. No forma parte de la rutina sangrienta de "desestabilizar para estabilizar", ya que posiblemente no esté conectada a un intento de golpe, más o menos manejado instrumentalmente, como en el caso de los diversos golpes de Borghese y los golpes "blancos".

Creemos que incluso en este caso, Vinciguerra ha brindado, en los últimos meses, la clave de interpretación más creíble en su blog I Volti di Giano, en apoyo de la cual él, como siempre, brinda un análisis articulado de elementos hasta ahora nunca valorados en este sentido.

La masacre del 2 de agosto probablemente comenzó, por lo tanto, como una operación extrema de encubrimiento para evitar la verdad sobre la masacre de Ustica. Sobre este tema veremos qué pasará en los próximos meses, dado que algunos ya están desempolvando a palestinos y libios, como hicieron los servicios israelíes inmediatamente después de la masacre, en agosto de 1980.

Si, como pensamos, masacre cubre masacre, el motivo es lo suficientemente claro y serio como para explicar la naturaleza excepcional de Bolonia. Una verdad que, de haberse conocido en su momento, habría sacado a la luz la presencia de algo así como 21 aviones de combate en los cielos veraniegos de Italia, un escenario bélico no declarado del que nuestro país estaba y está en la oscuridad. Si todo esto hubiera salido a la luz entonces, a pesar de que el PCI se había abierto recientemente a la OTAN, la indignación popular probablemente habría abrumado a la clase dominante italiana y habría puesto en duda la presencia de Italia en la OTAN, precisamente en un momento crítico para el enfrentamiento entre los bloques, como fue el que siguió a los muchos acontecimientos trascendentales de 1979, desde la invasión de Afganistán hasta la revolución de Khomeini en Irán.

Recordemos lo que sucedió en Milán y Roma al comienzo del Mani Pulite: Craxi en fuga entre lanzamientos de monedas. Recordemos lo que pasó en Palermo en el funeral de Borsellino: un presidente de la República en fuga, perseguido por una multitud enojada.

¿Qué habría sucedido, mientras los asesinatos de las Brigadas Rojas todavía estaban en su apogeo, si se hubiera descubierto lo que nadie tiene todavía el coraje de admitir, a saber, que Italia ha estado y está en una línea de guerra, después de la pérdida de su soberanía nacional con el colapso del 8 de septiembre? No había ningún antifascismo que pudiera resistir: los políticos de la época habrían sido expulsados por aclamación popular, como se merecían.

Para esto D'Amato, y otros con él, pusieron en marcha un mecanismo bien probado, que conduce a la masacre de la estación el 2 de agosto: no por una estrategia de terror "fascista", que no se ajusta a la realidad, sino por la estrategia habitual de defensa del Estado democrático y antifascista. Usando mano de obra capturada en los viveros mantenidos vivos en la extrema derecha, a través de infiltraciones y ataques dirigidos a crear jóvenes dispuestos a todo. Un mañana siempre descargable, por lo tanto, desechable.

Jóvenes que, ahora hombres, callan porque saben que han formado parte de un juego demasiado grande para ellos, como lo han hecho los Freda, los Ventura, etc., etc. Así pagan el precio por su libertad y su supervivencia física.

Guardianes de la memoria

Italia no necesita guardianes de la memoria, que vengan a repetir viejas consignas basadas en el antifascismo y un atlantismo que la caída del Muro de Berlín debería haber enterrado.

Los secretos detrás de las masacres, incluida la de Ustica, la de Bolonia y las que siguieron, siempre han sido conocidos por la cúpula de la clase política, militar y policial italiana, incluidas las fuerzas de la llamada oposición, que más tarde también se convirtieron en fuerzas de gobierno, sin que nada haya cambiado en términos de verdad sobre los "misterios" italianos.

Como bien señaló Vinciguerra, no hay "misterios", hay "secretos": la clase dominante del país aún guarda estos secretos.

Sin embargo, ahora es en vano esperar la verdad de ellos, algo que quizás los familiares de las víctimas aún no han entendido.

Sin embargo, esta verdad, gracias al sacrificio personal de alguien, al coraje de unos pocos y a la honestidad de los demás, nunca ha estado tan cerca como ahora.

Los familiares de las víctimas entendieron la importancia del momento y, comprensiblemente, piden la cercanía del país. Esta cercanía la testimoniamos con estas pocas líneas, esperando contribuir a la verdad que las 81 víctimas, cuyos nombres están grabados en la placa de Bolonia, llevan cuarenta años esperando.

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Foto de Portada: Antimafia Duemila

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