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Antimafia Dos Mil por una fuerte contra-campaña: porque la Reforma no es la Forma

Por Jean Georges Almendras-5 de agosto de 2019

Muy lamentable y muy cínico fue lanzar desde tiendas partidarias del senador blanco Jorge Larrañaga una campaña de las características de “Vivir Sin Miedo”. Una campaña ideada exclusivamente para fortalecer la seguridad pública, fueron los términos de la propuesta. ¿Fortalecer la seguridad pública o fortalecer un muy sutil terrorismo de Estado? ¿Fortalecer la seguridad pública o fortalecer los autoritarismos necesarios para preservar las comodidades (y los beneficios) de las clases dominantes a costa de reprimir a mansalva a los uruguayos? ¿Fomentar la seguridad pública o fomentar los avasallamientos luciendo las vestimentas de las ideas democráticas, que en realidad no hacen otra cosa que servir a las infamias de quienes anhelan el desorden pisoteando derechos y libertades?

El senador Jorge Larrañaga parece adolecer de amnesia. La amnesia propia de quien mira el árbol y no mira el bosque. La amnesia propia de quien no tiene conciencia social. La amnesia propia de quien no ha sufrido en carne propia los efectos del terrorismo de Estado de los días de dictadura. La amnesia propia de los dirigentes de los partidos tradicionales del Uruguay, que salvo contadas excepciones (porque las hubo), dieron espaldarazos a los golpistas que irrumpieron en el edificio del Parlamento el 27 de junio de 1973, y aún más, siguen dando, apoyos varios, para que la cultura de la impunidad siga vigente y para que los responsables (militares, policías y civiles) de las violaciones a los derechos humanos y de los delitos de lesa humanidad (desapariciones de personas y asesinatos en sesiones de tortura) sigan caminando por nuestras calles como ni nada hubiera ocurrido hace más de 40 años.

El senador Jorge Larrañaga parece adolecer de amnesia, a un punto tal, que con el pretexto de fortalecer la seguridad pública de hoy, no tuvo mejor idea que apelar a la ya remota idea de los tiempos del ex Ministro Gianola, de dar forma a la Guardia Nacional, como si los militares de hoy (y de aquellos días) estuviesen transitado entre nosotros por los caminos del respeto a la justicia y distantes de la repudiable realidad de haber embadurnado su uniforme con el estiércol de la dictadura.

El senador Jorge Larrañaga parece adolecer de amnesia, por pensar que la casta militar de hoy tiene la moral y la ética en alto, como para intervenir “sanamente” dentro de la sociedad uruguaya, siendo que la institución castrense está hasta el cuello comprometida con los delitos de violaciones a los derechos humanos, de los años previos a la dictadura, durante ella misma, y hasta después.

Viniendo la iniciativa, de la campaña de “Vivir sin miedo”, del senador Larrañaga, con la idea bajo el brazo de pretender darle a los militares la tarea de contribuir a la seguridad pública apoyando a la Policía, además de ser un eufemismo, es una falta de respeto: primero, a quienes hasta el día de hoy no han tenido respuestas satisfactorias en la búsqueda de los restos de los detenidos desaparecidos, y segundo, a los derechos humanos en democracia. Parecería ser, que para el senador Larrañaga, la dictadura dejó cero secuelas en la sociedad uruguaya. Parecería ser, que para el senador Larrañaga, la dictadura (los militares) no cercenó vidas de uruguayos de filas del Partido Nacional, siendo una de ellas (y la más emblemática) la del ex Presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Gutierrez Ruiz, secuestrado y asesinado en Buenos Aires en mayo del año 1976 (junto al senador frenteamplista Zelmar Michelini y dos jóvenes tupamaros) por un grupo de tareas integrado por militares argentinas y por militares uruguayos.

¿Y ahora, 43 años después, el senador Jorge Larrañaga tiene el cinismo (la osadía) (la desvergüenza) de proponer a la ciudadanía uruguaya que efectivos de ese Ejército Nacional, con las manos y los uniformes tintos de sangre de compatriotas suyos, accionen en las calles del Uruguay para dar seguridad a la población, con el pretexto de que todos vivamos sin miedo? ¿Acaso los miedos pueden justificar autoritarismos?

Su iniciativa, y la de quienes la sustentaron y la apoyaron (en la etapa de juntar las firmas necesarias para que sea un hecho el plebiscito de octubre, abriendo la posibilidad de una reforma de la Constitución de la República (en puntos bien definidos en la propuesta) parecen estar enceguecidos con el tema del miedo. Ese miedo que paraliza a quienes egoístamente (y con un individualismo recalcitrante) se aferran a la mano dura y a la militarización, como la única forma de combatir el delito, desconociendo (a conciencia o involuntariamente) las verdaderas razones por las cuales el delito se viene instalando en el Uruguay, en América Latina, y en el mundo.

Y por una cuestión de clase, o de ideología –según como se quiera mirar o decir- (no hay que olvidar que el senador Larrañaga es uno de los referentes de la derecha más reaccionaria del Partido Nacional) es que surgió la campaña de “Vivir sin miedo”, que además de incluir o embanderarse con la creación de la guardia nacional (apelando al recurso de la casta militar), tiene en su haber otros ingredientes que son igualmente devastadores, no solo para nuestro estado de Derecho, sino además para la seguridad pública, porque en definitiva lo que se propone no es más que un cúmulo de modificaciones de la Constitución de la República inspiradas en corrientes ideológicas de autoritarismos incandescentes. Corrientes ideológicas disimuladas de ideas y de iniciativas tendientes a fortalecer la seguridad pública. Como si la inseguridad pública fuese un engendro único y exclusivo de los sectores más vulnerables de la sociedad, en el entendido de que el crimen debe ser confrontado y erradicado con el endurecimiento de las penas y con metodologías que se suponía ya estaban fuera de circulación, como es el caso de los allanamientos nocturnos, los que hoy por hoy no están habilitados por la Constitución de la República., porque se entendió –ajustado a Derecho, y a los valores democráticos- que por la noche , el hogar es inviolable. Y en tal sentido hay suficientes argumentaciones jurídicas que defienden a capa y espada la inviolabilidad del hogar en horas nocturnas.

Y es bueno entonces, ahora, enumerar los restantes puntos que se pretenden imponer, si es que la población (en el mes de octubre) da su consentimiento a través del voto.

Además de darse luz verde a los allanamientos nocturnos, se eliminarán las libertades anticipadas y se establecerá la cadena perpetua en delitos considerados especialmente graves como homicidio a menores y homicidio especialmente agravado a adultos.

Por cierto que cuando desde la redacción de Antimafia Dos Mil nos oponemos a esta campaña y formamos parte de los colectivos contra-reforma (porque la Reforma –de la Constitución- No es la Forma) tenemos muy claro que la instalación del delito en la sociedad moderna (uruguaya) no es un tema a pasar por alto. Y, solo por la complejidad que esa temática encierra (y que involucra a los sectores sociales más vulnerables o que están excluidos por razones económicas, sociales y culturales) no debería ser manipulado con fines políticos, como lo hace el senador Jorge Larrañaga, quien para obtener sus réditos estrictamente partidarios (y de clase) optó por elegir el camino más directo y más pérfido, porque tomó de rehén a la sociedad, embanderado con un tema sensible para la naturaleza humana: el miedo. Ese miedo a la delincuencia; ese miedo a la marginalidad, que desde los sitiales de la vida capitalista y desde la burguesía acomodada, la asocian y la estrechan férreamente con el delito, ignorando que toda la sociedad es responsable de esa criminalidad, por lo que la solución no necesariamente pasa por la puesta en práctica de los autoritarismos más recalcitrantes, que por otra parte, han sido (y siguen siendo) los aliados de corrientes serviles al capital financiero y al extremismo fascista, que obviamente no está ausente en la campaña de Larrañaga, como uno de los ingredientes medulares en su discurso y en su propaganda.

colectivos contra la reforma 2

“Vivir sin miedo” hace oídos sordos a las diferencias (injusticias) sociales que están a la orden del día, aún en un gobierno progresista. Hace oídos sordos al duro y grave (y trágico) panorama del sistema carcelario, donde la superpoblación de quienes están privados de su libertad, es un tsunami cotidiano (diario), en los diferentes establecimientos de Montevideo y del Interior del país (salvo muy contadas excepciones) en los que se supone –erróneamente- se aplican programas o planes de rehabilitación. Entonces, difícilmente podemos interpretar que con la eliminación de las libertades anticipadas, daremos solución a los males endémicos de las cárceles uruguayas. Pero así lo entiende el senador Larrañaga, quien aún siendo abogado, prefiere, no solo mirar de costado todo lo inherente a esa temática (que debería serle sensible por haber sido un hombre que tuvo la posibilidad de estudiar normas jurídicas, los derechos del hombre y los aspectos que atañen a la administración de la Justicia y a la Constitución de la República) sino que además, merced a su carrera dentro del sistema político, prefiere entender el problema carcelario como un peldaño más para su ascenso electoral, sin considerar que por lo complejo que resulta el tema carcelario, merecería más bien darle otro tratamiento y otro encare. Un tratamiento y un encare buscando soluciones profundas. Pero nada de eso se ocurrió, porque su mejor aporte fue y sigue siendo la mano dura, el autoritarismo, como un modelo único a tomar para que la sociedad pueda “Vivir sin miedo”.

La solución para el senador Jorge Larrañaga es que los hombres y las mujeres privados de su libertad sigan viviendo hacinados, sin posibilidades para la rehabilitación; es que las corrupciones a nivel del personal penitenciario sigan estando a la orden del día; es que los hombres y las mujeres que cumplen penas de más de 30 años por delitos graves, no tengan ni un solo horizonte de libertad, porque en definitiva son seres a quienes solo se les debería deparar el encierro hasta su muerte, dentro de un sistema carcelario inhumano, desprovisto de logística adecuada y fundamentalmente carente de la visión rehabilitadora, la que será reemplazada por una visión depositaria. Depositaria de hombres y de mujeres, en establecimientos óptimos. ¿Óptimos? ¿Adecuados? No me parece que existan.

El senador Larrañaga, con tamaña iniciativa, no hace otra cosa que agravar el panorama penitenciario, la vida ciudadana, y finalmente (con la idea de los allanamientos nocturnos) (y con la idea de la creación de una Guardia Nacional integrada por personal militar) también la paz ciudadana.

Señor senador Larrañaga, esa paz ciudadana (que usted tanto menciona y destaca) no se logra con la bota militar ni el rifle en mano, salvo que en realidad lo que se busque sea la implementación del terrorismo de Estado, el abuso de la autoridad, el burdo autoritarismo y el avasallamiento (y la represión), logros más propios de los regímenes dictatoriales que de los gobiernos democráticos.

Señor senador Jorge Larrañaga, quizás usted no lo supuso o no lo imaginó, pero era de esperar, que a su sola iniciativa de tanta barbaridad jurídica e ideológica, surgiría una contra campaña. Una resistencia a desandar el camino de la democracia, porque imponer la militarización, los allanamientos nocturnos, la eliminación de las libertades anticipadas y la figura de la cadena perpetua, es indudablemente un marcado retroceso en lo que concierne a nuestros principios republicanos, y en cuanto a la vida nacional. ¿Acaso los miedos pueden justificar autoritarismos?

Señor senador Jorge Larrañaga el delito se encara bajo otros parámetros. Y los miedos ciudadanos no se maximizan con fines políticos, porque a la larga se está entrando en terrenos de una inmoralidad dolosa. Y eso, estoy seguro que usted lo sabe muy bien, no obstante igualmente apeló al ejercicio del autoritarismo, fiel a sus parámetros y a las estructuras de su ideología. Lamentable, pero cierto. Y así llevó adelante su campaña para juntar las firmas necesarias y así llevará adelante su campaña, hasta el mes de octubre, buscando dar por asegurados sus proyectos. Proyectos que pondrán sobre la parrilla y expuestos al fuego, las libertades y los derechos, y a los seres humanos. Proyectos de seguridad pública aferrados al despotismo. Y tan despóticos son, que mismo hoy, usted recientemente trazó una muy dura crítica a la Institución Nacional de Derechos Humanos por haberse manifestado opuesta a los postulados de su campaña.

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Señor senador Larrañaga, el delito y la criminalidad se la encara bajo otros parámetros. Y la Reforma de la Constitución no es la forma. Porque la Reforma que usted busca legitimar nos expone a la violencia que se genera de los autoritarismos que usted pregona y promete, como tabla de salvación de la vida de los uruguayos.

Señor senador Larrañaga, los modelos de autoritarismos regionales: Brasil, con Bolsonaro y Argentina con Mauricio Macri y Patricia Bullrich, que hacen del autoritarismo un culto a la muerte y a las represiones, especialmente cuando se criminaliza y se judicializa a los pueblos originarios (con el saldo de persecuciones, detenidos, heridos y muertos como Santiago Maldonado y Rafael Nahuel), y a quienes protagonizan movilizaciones sociales, no son un buen ejemplo. Y si sus ideas triunfan, los caminos de nuestra sociedad estarán empedrados de sangre, abusos, de y muertes, que se podrían evitar, siempre y cuando los líderes políticos como usted, no le hagan el juego a las ideas de la perversidad capitalista. Ideas que en el nombre de la protección de la calidad de vida y de la vida ciudadana, no hacen más que pisotear al ser humano, una vez más, en la historia de la humanidad.

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Señor senador Larrañaga, no veo en su propuesta ni una sola línea sobre los delitos de guante blanco ¿será que son menos dañinos? Le recuerdo que las tipificaciones delictuales impuestas a los hermanos Peirano, fueron mucho más dañinas que los delitos que cometen personas sin educación, sin contención y con antecedentes penales. Tampoco veo en su propuesta a los responsables de los delitos de guante blanco y a las corrupciones que cometieron y cometen los hombres de Estado, y los hombres del sistema político, muchas veces en connubio con elementos del crimen organizado regional o internacional, especialmente del mundo del narcotráfico. No veo en su propuesta mencionar los miedos de los pueblos en democracia que vivieron dictaduras y que ven con pavor cómo los torturadores y los represores y asesinos de uniforme verde oliva saborean la impunidad que los políticos como usted apañaron con leyes como la de Caducidad, y con discursos y acciones más cercanas a dar vuelta la página que a pedir justicia o a buscar a los desaparecidos. Solo veo en su discurso mediático mencionar los miedos de la ciudadanía cuando ve al delincuente cara a cara, pero no lo he escuchado ni he visto en su propuesta, mencionar los miedos de los hombres y de las mujeres (y de los jóvenes, principalmente) cuando son incrédulos oyendo las promesas del sistema político y viendo con pavor las deshonestidades de los funcionarios del Estado, y en el caso de los jóvenes, soportando represiones y manoseos, que no hacen otra cosa que hacer añicos sus esperanzas. Seguramente estos miedos no existen para usted, pero sí los otros. Y aunque estemos de acuerdo en que el gobierno no ha sabido llevar el tema de la delincuencia en nuestra sociedad, no estamos de acuerdo que para salir al cruce de ese problema, debamos sacar de la galera metodologías autoritarias, que nos transportan inmediatamente a los tiempos del fascismo descarado, como paso previo a los terrorismos de Estado solapados o encubiertos. En el nombre de la seguridad pública la puesta en práctica de métodos antidemocráticos y anti populares, como mascarón de proa, en un barco que navega considerando las realidades sociales que la circundan, con una visión equivocada, o con una visión por excelencia individualista y egoísta. Pensado en el bienestar de uno mismo y no en el bienestar del colectivo.

Por último, señor senador Larrañaga, los argumentos de nuestra contra campaña sobran y son múltiples. Usted solo se aferra a uno solo: el miedo humano. Por eso no se me hace honesta su propuesta, que me parece, se asemeja más a una manipulación para hacer prevalecer sus ideas y una ideología nefasta que da las espaldas a muchas realidades del ayer y del hoy, que a un recurso coherente y razonable para contribuir a la seguridad pública.

A la campaña “Vivir sin miedo” se le opone ahora una fuerte, enérgica y muy convincente contra campaña, de la mano de las organizaciones estudiantiles, gremiales, sociales, de DDHH..y de usted, lector, que estoy seguro, entiende que las libertades y los derechos del hombre (y del ciudadano) no debemos dejarnos arrebatar de nuestras manos, y de nuestra Constitución, por quienes con campañas inspiradas en los miedos (y sostenidas por la fuerza) no hacen otra cosa que abrir las puertas a regímenes (o leyes) dictatoriales que desafortunadamente se infiltran en democracia.

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*Foto de Portada: Gastón Britos focouy.com

*Foto 2: www.diariolarepública.com.uy  /Senador Jorge Larrañaga

*Foto 3: www.diarioeltelégrafo.com 

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