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01MarchadelsilencioDondeEstanPorqueelSilenciowwwElPaisComUyLA MARCHA DEL SILENCIO Y EL SENTIDO COMUN DE JOSE MUJICA

¿Y Los Derechos Humanos de los detenidos y desaparecidos en la dictadura uruguaya?

Por Jean Georges Almendras

El pasado lunes 20 de mayo, como rigurosamente  ocurre desde hace ya diecinueve  años, se llevo a cabo por la avenida 18 de Julio –la principal de la ciudad de Montevideo, capital del Uruguay-  la Marcha del Silencio, convocada por Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos y la Coordinadora de Apoyo. Este año su consigna se resumió en dos interrogantes perfectamente visibles en las pancartas de la cabecera de la columna humana de camino a la Plaza Libertad: “¿Dónde están?¿Por qué el silencio?”.
Esta manifestación pública ya forma parte de nuestra sociedad, porque pertenece a la sociedad, y felizmente  sigue siendo una bofetada para el Estado uruguayo, que aún en plena democracia continúa siendo inoperante y en absoluto diligente para dar  respuestas a las interrogantes que  formulan  los familiares de los detenidos desaparecidos.
 Y por más que en la marcha de este año se haya hecho presente el mismísimo presidente  de los  uruguayos José Mujica (para vaya uno a saber qué mensaje dar a la ciudadanía; y quiero creer que no se trate de una burda manipulación relacionada con el año electoral)  el panorama de pasividad o de silencio o de indiferencia del Estado, respecto a ese dolor que sale desde el alma de los familiares  de detenidos desaparecidos uruguayos, permanece –lamentablemente- intacto, incólume, es decir, para nada mitigado por la aplicación de la justicia. Y digo más: el Estado –a través de algunos de sus representantes-  a veces es ambiguo, tal como a veces se comporta, mismo el titular del Ejecutivo: nuestro presidente  José Mujica, apelando ante la prensa  a respuestas de tono popular y desafiante.  Y ya que el panorama es ese, y siendo que no soy ni blanco ni colorado, ni del partido independiente,  no tengo otra alternativa que pensar que el dolor de quienes llevaron adelante la marcha  debo  rescatarlo  principalmente  para marcar una protesta y  un clamoroso reclamo dirigido a los uruguayos, que  desde los sitiales del gobierno, parecen estar resueltos a  rendirle culto a la impunidad de los años de post dictadura y no a la justicia.

02UnacolumnahumandadedolorFotowwwPrensaenmarchaOrg Como el asunto es claro y no ofrece términos grises, o palabras a medias,  todo me lleva a pensar que verdaderamente  la impunidad  es una solapada política de Estado, o al menos da la impresión de ser  un notorio desvarío de quienes están sentados en la silla del poder, tanto a nivel del Ejecutivo, como a nivel del Parlamento.  Hasta no tengo otra alternativa en calificar como un desvarío mayúsculo el hecho de que en un gobierno de izquierda, en un gobierno de mayorías parlamentarias ,y en un gobierno presidido por un revolucionario que ha vivido la guerrilla y la represión, todavía  se sigan viviendo realidades nacionales que inevitablemente nos lleven a pensar –muy a disgusto y muy desilusionados-  que  el tema del castigo a los militares  es un tema  encarado a medias tintas, con ciertos aires de superficialidad, y hasta de complicidad con aquellos uniformados  y políticos de los partidos tradicionales que no desean otra cosa que rápidamente demos  vuelta la página y construyamos el Uruguay, pero eso sí, sin memoria y sin mirar para atrás.
Mientras caminaba por la Avenida 18 de julio, bajo la llovizna que nos deparó este 20 de mayo, y  rodeado de mis hijos, y de integrantes de la redacción Antimafia Dos Mil y de uruguayos portando las fotos de los seres queridos desaparecidos en dictadura, no deje de generarme interrogantes: ¿Es cierto que en el correr de los años pasados se han llevado a cabo investigaciones judiciales y que se han dispuesto procesamientos de militares y policías? Es cierto.  ¿Es cierto que estos procesados  han sido encarcelados, incluidos el Gral. Gregorio Alvarez, otros pares y hasta civiles, como Juan María Bordaberry, y hasta  el ex canciller Juan Carlos Blanco? Es cierto. ¿Es cierto que se han realizado excavaciones y  se han encontrado los restos de quienes en vida eran Ubagesner  Chávez (hallazgo de sus restos  en terrenos militares de la zona de Pando, en noviembre de 2005); Fernando Miranda (hallazgo de sus restos en terrenos militares del Batallón 13, en diciembre de 2005); Julio Castro (hallazgo de sus restos en terrenos militares del Batallón 14, en octubre de 2012); y de Ricardo Blanco Valiente (hallazgo de sus restos en terrenos militares del Batallón 14), cuatro hallazgos en total en el lapso de  seis años? Muy pocos hallazgos, pero es cierto. ¿Es igualmente cierto qué de ahí en más las excavaciones en predios militares se paralizaron por carecerse de informaciones para orientar las mismas y así eventualmente hallar los restos de otras personas? También es muy cierto. ¿Es un hecho que un manto de silencio cubrió todo lo inherente a las investigaciones  para hallarse más restos  e identificar en filas de militares y policías a los culpables de desapariciones forzadas, torturas o asesinatos? Es un hecho. ¿Es cierto que unas más de cincuenta investigaciones de casos  relacionados con violaciones de derechos humanos quedaron truncas una vez que la jueza penal de Montevideo,  Mariana Mota, en febrero del año 2012, fuera literalmente expulsada de la orbita penal por decisión de la Suprema Corte de Justicia, para derivarla a la orbita civil, en un episodio que generó movilizaciones y repudio generalizado en sectores sociales  ligados estrechamente con la lucha en contra de la impunidad? Más que cierto. ¿Y es cierto que el pase de la jueza Mota a la orbita civil, en medio de una tensa y agitada polémica a nivel judicial y dentro de la sociedad uruguaya fue dejando en claro que poco a poco se iba perdiendo  la independencia del Poder Judicial, que por aquellos días pareció identificarse más con el criterio de amparo de la arbitrariedades cometidas por la dictadura que con el criterio de denuncia y de juicio a los responsables? Es cierto. ¿Es cierto que cuando, con posterioridad al episodio Mota y habiéndose declarado por la Suprema Corte de Justicia, inconstitucional la ley interpretativa de la ley de caducidad, se llegó al punto de que esta decisión determinara que desde ese momento las causas judiciales abiertas, en las que no hay militares procesados por delitos cometidos en dictadura, fueran archivadas al entenderse que las mismas  prescribieron? Es  cierto. Y además  ¿es cierto que el Poder Ejecutivo, y en consecuencia su titular José Mujica Cordano (secundado por el Ministro de Defensa  Eleuterio Fernández Huidobro) se llamó al silencio sobre tan crucial y árido tema (tema  muy pendiente y profundamente posicionado en el alma de numerosos militantes de la izquierda uruguaya) para dar paso al solemne  respeto de la posición de las Fuerzas Armadas de no liberar más informaciones sobre los lugares donde se podrían hallar restos de detenidos desaparecidos? Es, tristemente cierto.

Caminando desde el cruce de las calles Jakson y Rivera hasta la Plaza Libertad, siempre bajo la lluvia y en una noche fría, esa noche del reciente 20 de mayo, la población se  preguntaba ¿Por qué el silencio?. ¿Plantearse esa interrogante, hoy por hoy,  es una incoherencia? ¿Es una contradicción? No me parece. ¿Y no resulta ser  un poco –bastante- contradictorio que el presidente Mujica (y su señora esposa) se haya hecho presente en la marcha para preguntarse a sí mismo  algo que él mismo parece ya haberse contestado, cada vez que sostenía que “el problema de los desaparecidos y los crímenes de lesa humanidad recién se va a ir solucionando el día en que todos los participantes estén muertos”? Sí, rotundamente sí, resulta muy contradictorio, y hasta posiblemente hipócrita o irrespetuoso, por más que al retirarse de la Marcha haya dicho lacónicamente a los periodistas, que había asistido allí “por la memoria de los uruguayos”.

03MujicaUnapresenciacuestionadaFotoAfusecWordPressCom ¿Esta acaso equivocado el integrante de Madres y Familiares, Ignacio Errandonea,  cuando el día de la Marcha,  al ser consultado por el periodista de La Diaria sobre qué demandaría Madres y Familiares al nuevo gobierno, haya  contestado : “hay que profundizar una voluntad política hacia la justicia. Por un lado abriendo archivos, que se hagan investigaciones previas, que se pongan investigadores  a investigar todo  esto. Los investigadores analizan archivos, los antropólogos revisan la tierra, pero tiene que haber un equipo, tiene que haber una investigación en la búsqueda de testimonios y de información. Eso está faltando. La Justicia debe ser habilitada para actuar, porque se está en un impasse entre la declaración de inconstitucionalidad de la ley que declaró imprescriptibles los delitos de lesa  humanidad y, por otro lado, la famosa muralla de la que habló el ministro de la Suprema Corte de Justicia Jorge Ruibal Pino contra los dictámenes que establezcan la continuidad de los procesos. El próximo gobierno debe profundizar la búsqueda y debe insistir en la verdad. La unidad creada en el Ministerio del Interior como auxiliar de la Justicia para investigar estos casos necesita más recursos y mayor instrumentación para poder actuar. Uno de los aspectos que hay que cambiar es que los militares hablen, hay que ir a buscarlos, hay que llegarles”? No, no está equivocado Ignacio Errandonea.  Está sobradamente acertado. Y acertado también está, cuando en la misma oportunidad, al periodista que le pide su opinión sobre la presencia de Mujica en la Marcha, le responde:”el presidente deja el mensaje de que hay un compromiso y una sensibilidad, y eso nunca lo hemos desconocido. Pero no entendemos que muchas veces haya falta de decisión, y parece contradictorio que asista a la marcha, se sea solidario, pero a la vez no se den las órdenes para que se desclasifiquen los archivos, para tener acceso a eso, y no se instrumenten los mecanismos para buscar la verdad en profundidad”.

¿Dentro de que contexto la sociedad uruguaya vivió esta Marcha del Silencio de mayo del 2014, en plena campaña electoral? Esta Marcha del Silencio se vivió dentro de un contexto de tradicional repudio a los atropellos de la bota militar y dentro de un clima de incertidumbre y de hipocresía política y militante. Porque en la Marcha transitaron juntos, bajo la lluvia, las almas dolidas de una dictadura infame y algunos de los representantes del gobierno que silencian con su pasividad de gobernantes o de representantes del pueblo –por conducta partidaria y quizás para no empañar la campaña electoral- lo que no debería silenciarse: los nombres y los apellidos de quienes, mancillando uniformes, atentaron contra la vida humana; y los lugares donde están enterrados los restos de los detenidos desaparecidos. ¿Para qué? ¿Para hacer justicia por mano propia? No. En absoluto. Simplemente para que la justicia se haga cargo de ellos y para que los antropólogos excaven y contribuyan con su tarea y sus hallazgos, a dar paz a los muertos y a los vivos. Y solo recién ahí podremos empezar a hablar de  decir que se están cicatrizando las heridas, heridas que también solo serán olvidadas cuando los responsables de todos los atropellos sean identificados y encerrados entre rejas. Como debería ser, si es que sinceramente hablamos de hacerse justicia.

Haciendo memoria recordemos que la primera marcha se realizó el día 20 de mayo de 1996. Se eligió la fecha en que se conmemoraban los 20 años de los asesinatos de los legisladores Zelmar Michelini (del Frente Amplio) y Héctor Gutiérrez Ruiz (del Partido Nacional) y de los jóvenes militantes del MLN Rosario Barredo y Willian Whitelaw, en la ciudad de Buenos Aires. Otras víctimas de la represión que se ejerció en el Río de la Plata.

¿Y cuál fue la consigna  de ese primer encuentro?  “Por verdad, memoria y nunca más, marchamos en silencio, en homenaje a las víctimas de la dictadura militar y en repudio a las violaciones de los derechos humanos”
Durante diecinueve veces. Durante diecinueve años. La marcha  ha sido un ejemplo de protesta  pacífica. Una protesta salida del alma y del sufrimiento, no de la especulación ni del sentimiento de venganza. Un reclamo, silencioso pero contundente. Sólido. Muy firme a las provocaciones de los uruguayos sedientos de impunidad. Una marcha con rostros y nombres propios, dirigida a quienes tienen en sus manos las posibilidades de hallar respuestas. ¿Y por qué estas respuestas parecen irse diluyendo con el tiempo, en un gobierno democrático y nada menos que de corriente izquierdista? ¿Y por que cada año que transcurre se hace la  misma pregunta?¿Donde están?¿Por qué el silencio? ¿Por qué? ¿Por qué cada año debo encarar la misma nota con la misma tónica, profundizando aún más cada interrogante? ¿Por qué?

 04EldolordemuchasmujeresmadreseseldolordetodaslasmadresporsushijosdesaparecidosendictaduraquenotienenrespuestaFotowwwElPaisComUy¿Qué oscuros caminos tiene la democracia uruguaya  de hoy en día todavía se da el lujo de guardar celosamente secretos de crímenes cometidos en dictadura?¿ Que extrañas decisiones de gobierno dan cabida a las alimañas que desean que la impunidad prevalezca sobre la verdad?¿ Qué oscuros personajes rodean al presidente Mujica para que este no llegue a advertir la trampa misma del destino, que lo coloca a él mismo, en un sitial  tan incómodo y a riesgo de situarlo como un inescrupuloso o un inmoral?  ¿Por qué nuestro presidente no logra darse cuenta que en definitiva, e inevitablemente,  la historia y la sociedad terminará  señalándolo a él como al único responsable,  de no haber abierto los caminos tendientes a hacerse justicia  ante tanto dolor esparcido en los años de la dictadura?¿ Por qué ese hombre que conoció los golpes de la represión en carne propia se pone a riesgo de ser indiferente y hasta de ser  cómplice de la impunidad reinante? ¿Por qué nuestro  presidente  no pone punto final de una vez por todas a todo este silencio detestable y bochornoso?¿Por qué nuestro  presidente parece estar sembrando silencio al no hacer nada para que los militares hablen sobre los muertos que dejaron sobre sus espaldas en los años en los cuales tenían poder sobre la vida de los uruguayos que osaban enfrentarlos y denunciarlos como violadores de normas y de instituciones?  
Los uruguayos del 2014, una vez más homenajearon a sus seres queridos caídos en el cumplimiento del deber por ser ciudadanos luchando por la libertad, cuando por los años 70, era avasallado el orden democrático y el estado de derecho, mancillándose las ideas y los surcos de libertad que se iban abriendo con las luchas sindicales, las luchas estudiantiles y la lucha armada, que aunque violenta, hubo de ser necesaria, para resistir a los dictadores, aún antes de que llegara el fatídico 27 de julio de 1973, porque –en contrario de los que muchos pregonan- la democracia ya estaba mal herida desde mucho antes de esa jornada, marcada por la historia como día oficial de la instauración de los dictadores.
Por estos días  estamos viviendo la campaña electoral, por las internas partidarias. Año de elecciones nacionales. Año de definiciones. Y creo no equivocarme al haber notado que nadie, absolutamente nadie, es decir ningún partido –y muchos menos el de gobierno- ha incluido el tema Derechos Humanos en la oferta dirigida a sus respectivas masas de votantes, en esa agresiva competencia diaria, en la que el marketing y las airadas oratorias  -con tinte demagógico-  sobran y se ven por todos lados ¿Por qué?¿Será acaso que hablar de derechos humanos, solo concierne a los dolidos en el alma y a nadie más?¿ Será que es un tema de poca importancia?¿ Será que es un tema que podría herir la sensibilidad de los sedientos de impunidad?¿ Será acaso un tema que podría herir la sensibilidad de los militares y del sistema político? Si efectivamente es así, ya veo que vamos por un camino bastante des norteado, y que me hace pensar, que como izquierda este gobierno hace más cosas de derecha que la derecha misma, al menos en lo que concierne al castigo de los culpables de muertes y desapariciones durante la dictadura. Decepcionante. Triste, muy  triste, y muy desesperanzador, sobre todo para los frenteamplistas de alma y  para los militantes de la izquierda uruguaya que todavía no  han logrado digerir algunas de las muchas posturas o actitudes de estos últimos diez años de gobierno. Pero tal parece que así están planteadas las cosas en el Uruguay de quienes dieron su vida en contra de los dictadores, sin imaginar que 40 años después, la impunidad que los hizo desaparecer, permanecería intacta para silenciar la verdad.
 No pocas veces el presidente de la república José Mujica ha apelado al sentido común como forma de entender ciertos temas del quehacer nacional. Me llama poderosamente la atención  que en el tema Derechos Humanos el sentido común del Presidente siga ausente, y con aviso.

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