Por Giorgio Bongiovanni – 31 de julio del 2019

Durante días, los medios italianos se han ocupado de la muerte del vice brigadier Mario Cerciello Rega, quien fue asesinado de once puñaladas el pasado 26 de julio, mientras estaba de servicio. Un asunto que, según declaró el procurador en funciones de Roma, Michele Prestipino, tiene una versión oficial que aún no ha aclarado todas las dudas y no son pocas las inconsistencias que surgen tanto antes como después de la muerte del militar.

En el centro del debate, sin embargo, no solo están las formas con que Cerciello Rega y su colega Andrea Varriale supuestamente intervinieron para la simple recuperación de un bolso, sino que, para volver a toda la historia aún más sombría y dramática, está la publicación de la impactante foto del estadounidense con los ojos vendados y esposado, difundida primero en el chat interno del Arma y luego enviada a los periódicos de medio planeta.

Fuentes de la investigación han explicado que Christian Gabriel Natale Hjort, arrestado junto con Finnegan Lee Elder de 19 años (quien admitió haber apuñalado y asesinado al vice brigadier de carabineros, ndr) habría tenido la bufanda en sus ojos "durante cuatro, cinco minutos como máximo" antes ser trasladado a otra habitación.

Pero no es segura la duración con que tuvo lugar dicho acto lo que disminuye o justifica un gesto que ciertamente es grave y deplorable y que no rinde homenaje a los valores que, por el contrario, son propios del arma de carabineros. También sobre esto la autoridad judicial italiana está llevando a cabo todas las investigaciones y no tenemos dudas de que se actuará contra los autores.

La indignación cruzó de inmediato el océano y llegó a los Estados Unidos. Los principales medios de comunicación han publicado la foto acompañada de titulares tales como "Chocante" (CNN), "Intolerable" (Washington Post), "Expuesto como un trofeo" (Bloomberg), "Intolerable, intolerable, intolerable" (Los Ángeles Times).

Incluso hay quienes, como Alan Dershowitz, maestro del derecho penal "liberal" estadounidense, llegaron a pedir la invalidación de todo el proceso penal. Otros han sugerido la solicitud de extradición por parte del gobierno de los Estados Unidos. No sólo hipótesis remotas sino infundadas a la luz de la evidencia adquirida, pero que sin embargo fueron puestas sobre la mesa. Lo que es seguro es que al ver el enojo de los medios estadounidenses por esta fotografía, uno se sorprende.

Los estadounidenses hoy gritan con razón ante el escándalo de la terrible foto, pero en el pasado más reciente siempre han mirado para otro lado cuando se aplicaron prácticas de tortura contra personas arrestadas en los Estados Unidos de América. Y aún hoy, en el más clásico de los "dos pesos, dos medidas", Estados Unidos prefiere recordar el caso Amanda Knox, condenada y luego absuelta junto con Raffaele Sollecito por la muerte de Meredith Kercher, en lugar de criticar cualquier forma de tortura en el mundo; tortura también perpetrada por su propio gobierno como lo demuestran las prisiones en Guantánamo, o casos como el de Abu Omar, el presunto terrorista capturado ilegalmente en Italia por los servicios secretos estadounidenses y transferido, incluso con nuestra complicidad, a las cárceles egipcias para torturarlo.

Y cuando hacen tales "traslados" recuerdan el peor racismo de Adolf Hitler. Así como Hitler creía que la raza aria era superior a las demás, los Estados Unidos de América creen que pueden actuar como mejor les parezca, torturando y matando impunemente y violando cualquier norma de derecho internacional.

Es así que emerge su hipocresía y su altivez, cuando frente a un criminal asesino que mató a uno de nuestros carabineros, se habla directamente de "sacrilegio" por una venda en los ojos. Lo repetimos, el gesto es ciertamente deplorable, pero también es cierto que se tiene el derecho de criticar solo después de que esas mismas críticas se hagan contra los crímenes cometidos por el propio gobierno de los Estados Unidos. También porque esa venda en el ojo no es comparable a la privación del sueño o a las descargas eléctricas en los genitales, prácticas a las que han sido sometidos varios prisioneros árabes, talibanes e islámicos detenidos en Guantánamo o en prisiones especiales de todo el mundo.

Esas críticas habríamos querido leerlas de parte de aquellos Estados Unidos, cada vez más al borde del fracaso ético, moral y económico y proyectado hacia la caída del imperio que promueve la violencia y la opresión, como en el pasado ha sucedido con otros grandes imperios como el romano, el otomano y los totalitarismos nazi-fascistas y comunistas.

La esperanza es que Estados Unidos pueda encontrar una manera de resurgir, liberándose de presidentes como Donald Trump, y que sepa cómo ir más allá de sus fronteras ofreciendo lo mejor de su talento. De lo contrario, solo podrá autodestruirse.

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Foto © Imagoeconomica