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georges almendras100x116¿Narcotráfico internacional con el sello de la `Ndrangheta italiana en el Uruguay?

Por Jean Georges Almendras-8 de enero de 2020

En crónica policial (ejercí esa especialidad cerca de 30 años, en diario y en televisión) acostumbrábamos a decir refiriéndonos al accionar de la Ley sobre quienes habían cometido delitos contra la integridad física de las personas (homicidios, secuestros extorsivos, asaltos a ciudadanos, comerciantes o instituciones bancarias o financieras con resultado de muerte, y narcotráfico) diciendo que todo el peso de la Ley caería sobre el o los victimarios. Apelábamos a los más duros calificativos. Hoy, que han cambiado los códigos y los tiempos, los valores y los términos, las actividades de los narcos internacionales en el Uruguay parecerían están inmunes, no solo a ese peso de la Ley, sino a los controles de la Ley. ¿Será que la Ley (y el Estado) en algunas de sus aristas ya forma parte del sistema criminal o que el sistema criminal ya forma parte del Estado? ¿Será que la honestidad del funcionario público uruguayo no es lo suficientemente protagonista y en consecuencia ha perdido terreno dentro del aparato estatal de control y represión del narcotráfico, y ha cedido terreno a la criminalidad? ¿Será que estamos ya copados por el flagelo mafioso del narcotráfico con sello extranjero? ¿Con el sello de la ´Ndrangheta, una de las organizaciones mafiosas italiana más poderosas y dedicadas al narcotráfico internacional? Manteniendo en ristre estas interrogantes no podemos mantener cerrados nuestros ojos siendo que los episodios de la crónica policial del Uruguay, relacionados estrechamente con el narcotráfico internacional, nos abrazan en impacto y en intensidad porque ya no hablamos de narcos traficando 50 kilos de cocaína (comercializada en el mercado local por una fragmentada caterva de narcos divididos en familias que se disputan en Montevideo los territorios de barrios suburbanos, alternando con sangrientos ajustes de cuentas ocasionados por sicarios que quitan vidas por 5.000 o 10.000 pesos o saturando los establecimientos carcelarios con la sustancia, comandando las ventas intramuros y extramuros desde sus lugares de encierro) sino que hablamos de narcos de alto poder económico, lo que es decir de narcos que forman parte de un negocio de alcances internacionales, de alcances monetarios inimaginables y de redes de corrupción impensables, dentro y fuera del territorio uruguayo. Todo un aparato del crimen instalado dentro de los límites territoriales de nuestro país, codeándose con las instituciones de gobierno afectadas al control y a la represión del narcotráfico, y quizás hasta con algunos hombres de gobierno, que en no pocas ocasiones se lanzan a la palestra mediática como los paladines de la lucha contra el gran narcotráfico internacional que opera en el mundo, y aquí también, buscando bajar las revoluciones del problema o minimizarlos. Y tanto es así que en los últimos diez años, por marcar un período, que no necesariamente sea el exacto, mientras las arengas contra el tráfico local e internacional se han hecho sentir en demasía por diarios, radios y televisión, siempre en términos recatados y en boca de jerarcas de la Policía Nacional y de Ministros del Interior y de Vice Ministros, cuando no de operadores de Aduanas , subterráneamente los tentáculos del narcotráfico (de alcance internacional y con presencia internacional, es decir con operadores made in Italia, por ejemplo, aunque también hay de carteles mexicanos y colombianos) se instalaron y se consolidaron a pasos agigantados, en el Uruguay. Y hoy, es tan alevoso y obsceno ( y tan explícito) este panorama que desde filas del gobierno saliente, les resultó y les resulta imposible tapar el sol con el dedo, por lo que no hubo más remedio que admitir lo grave de la situación, algunos rasgándose las vestiduras y otros con rostros de sorpresa, y expresiones de asombro buscando afanosamente ponerse en la mejor posición. La mejor posición posible porque la cuestión es que nadie pueda sospechar, de que haber llegado a esa situación significó y significa que hubo indiferencias, y que hubo funcionarios que miraron a un costado o se cosieron la boca, permitiendo que el cáncer mafioso tomase el Uruguay, desde los cuatro puntos cardinales.

Toneladas de cocaína ingresaron al Uruguay, durmieron en el Uruguay y salieron del Uruguay hacia Europa, de la mano de elementos de organizaciones criminales de otros lares que se fueron instalando bajo diferentes modalidades en nuestra sociedad, para preparar el terreno, la logística, los contactos y todo lo que resulte útil para los negocios que más rentabilidad dejan hoy en el mundo, porque estamos hablando de cifras elevadísimas en dólares y en euros.

La gravedad del problema estalló sin medias tintas hace muy pocos años cuando la sociedad uruguaya paulatinamente fue recibiendo las noticias, a través de los medios de comunicación, sobre las capturas de personajes de las mafias del narcotráfico mundial: uno del cartel de México, Los Cuinis (Gerardo González Valencia) instalado en el Uruguay desde hace ya un tiempo, y no creemos que haya sido para vender libros ni para vender garrapiñadas; y otro de la organización italiana de tipo mafioso denominada `Ndrangheta, (Rocco Morabito) igualmente instalado junto a su familia, creemos que tampoco haya sido para vender baratijas en las calles o para abrir una heladería. Ambos personajes, de vida social agradable, se presentaban en sociedad como empresarios prósperos y cultores de la legalidad.

Altos peces gordos de las mafias que dominan el mundo hicieron del Uruguay unos de sus terrenos más fértiles para sus actividades. Y así de esa manera el narcotráfico pesado se fue desarrollando entre nosotros. Y recién ahora, en el año electoral que ya fue, salieron a la superficie sonados casos de narcotráfico internacional. Casos escandalosos que son indicadores ineludibles (bien definidos) de que la marea criminal llegó hasta las arenas de la playa, arrasando con todo. Pero especialmente arrasando la democracia y el Estado de derecho.

Uno de los líderes de la oposición (que fue y es severo crítico del Frente Amplio, al punto de denominarlo “Fraude Amplio”) y que recientemente fue candidato a presidente asimilado a un partido ambientalista y animalista que no tuvo eco alguno en las últimas elecciones, es el mediático abogado penalista, Gustavo Salle. No hace pocos días Salle dijo públicamente (en un video subido a su cuenta de facebook) lo que en resumidas cuentas ya resulta obvio, dados los últimos acontecimientos. Las dichos de Salle tienen su estilo y su perfil inconfundibles. Pero aún así, su visión (o su parecer) no resulta ser descabellada.

”Resulta que en estas últimas horas nos enteramos por boca del futuro ministro de Defensa, el senador Javier García -que además fue presidente de la comisión de Defensa del parlamento- que nuestras fronteras en realidad no son porosas, como se decía por parte de la prensa y de los gobernantes; resulta que ahora el Dr. Javier García nos dice que toda nuestra frontera es un gran poro, vale decir, es un agujero sin ningún tipo de control. Esto es muy grave, porque esto implica muchas cosas muy negativas para la sociedad, pero fundamentalmente para nuestra descendencia, para nuestros niños. Primero que nada tenemos que decir que hay un presidente de la República que es absolutamente inepto en cuanto al cumplimiento de los cometidos esenciales que le impone la Constitución de la República. Esto lo venimos diciendo hace muchísimo tiempo, pero cuando nosotros concatenamos la omisión de la presidencia de la República con la constatación fáctica de que estamos viviendo en un narco-estado copado por los carteles que utilizan al Uruguay como polo logístico para la exportación de cocaína, ya las sospechas no son de ineptitud; nosotros tenemos todo el derecho del mundo a pensar que hay complicidad por parte del gobierno (del fraude amplio) en que el Uruguay se haya convertido en un polo estratégico del narcotráfico latinoamericano”

“Es muy grave que ahora nos enteremos por boca de un funcionario público que estaba en la comisión de Defensa y que va a ser el futuro ministro, que durante quince años de gobierno de esta mafia del fraude amplio se viabilizó la instalación de los carteles de la droga en el Uruguay para convertirlo en un narco-estado importante en toda la estructura de la distribución de la droga latinoamericana hacia los países del primer mundo. La clase política parece anestesiada, parece asumir este tipo de situaciones que en otro país, con otra conciencia cívica, con otro grado de instrucción cívica, sería catastrófico. Porque es un comportamiento no solamente negligente; vuelvo a insistir: a esta altura tenemos todos los elementos para sospechar que fue un comportamiento doloso; un comportamiento premeditado, es decir, que hubo intención por parte de este gobierno de facilitar la instalación de los carteles en el país”.

“Aquí alguien tiene que reaccionar, alguien le tiene que decir a los políticos a los senadores, a los diputados, a los gobernantes, que nos han entregado al narcotráfico, que no han cumplido con sus funciones, ni lo gobernantes – que vuelvo a repetir, su conducta tiene indicios de actividad criminal dolosa- ni la falsa oposición que ha sido inepta y omisa. Está absolutamente probado que quince años de gobierno de lo que yo ahora voy a llamar por su verdadero nombre: esta narco-banda del fraude amplio, hizo del territorio nacional un enclave de los carteles de la droga, un polo logístico de los carteles de la droga para distribuir la droga de América latina hacia los países del primer mundo. Esto es muy grave; yo veo que ni la población, ni la clase política, ni los medios de comunicación, reaccionan con la firmeza, la profundidad y la radicalidad que amerita este estado de situación que acaba de exponer el futuro ministro de Defensa. Estamos expuestos; los gobernantes y la falsa oposición nos han dejado absolutamente en estado de indefensión y vulnerabilidad frente a la criminalidad organizada de los carteles de la droga”.

Este es apenas un tramo de la extensa intervención del penalista Gustavo Salle. Tramo que resume sin pelos en la lengua el cúmulo de particularidades y circunstancias de responsabilidad política y gubernamental, que rodea al actual panorama del narcotráfico en el Uruguay.

Esto viene ocurriendo con naturalidad increíble, no solo porque el Uruguay ha sido elegido como ruta de salida de la cocaína, sino porque el negocio manejado por las grandes organizaciones mafiosas de la coca (como por ejemplo la italiana `Ndrangheta) ha crecido y se ha potenciado en el mercado europeo generando siderales ganancias, con el agravante (obviamente para nosotros) de que dicha organización incluyó al Uruguay en su escenario de operaciones, área de operaciones que también se extendió a la Argentina y al Brasil. Y esta intromisión de la mafia italiana en suelo oriental quizás podríamos situarla desde el momento mismo en que un personaje de la mafia calabresa, de la `Ndrangheta, Rocco Morabito, nacido el 13 de octubre de 1966, puso pies en polvorosa desde su tierra natal (huyendo de las autoridades italianas en el año 1994) para finalmente recalar en el Brasil y después en el Uruguay, donde con una identidad falsa (Francisco Capeletto) en el año 2002 pasó a integrar el vecindario de una zona lujosa del departamento de Maldonado, cercana a Punta del Este. Con su esposa y una hija, Rocco Morabito (conocido en Italia como “El Rey de la cocaína de Milán”) se asimiló a la rutina fernandina bajo la cobertura de un cómodo empresario dedicado a la venta de soja y a los negocios inmobiliarios, nacionalizado brasileño, de bajo perfil y de modales educados, con un muy buen relacionamiento social. ¿Parecía un mafioso? Nadie que lo conoció lo pensó con aires de El Padrino (y hasta un amigo mío, que trató con él fugazmente, me lo describió como un “tano” re piola y empeñado en cuidar de su familia, como cualquiera de nosotros). Pero ese “tano” era un hombre de mafia, y no precisamente un soldado, sino un capo, integrante de una familia mafiosa de los años sesenta.

Ya desde el momento de su fuga a Sudamérica, en los años noventa la Justicia italiana lo sentenció en ausencia por delitos graves, por tráfico de drogas y por asociación mafiosa. Rocco Morabito engrosó la nómina de delincuentes más buscados, hasta que un buen día su vida de respetable empresario puntaesteño se hizo trizas. Esto aconteció a comienzos del mes de setiembre del año 2017, después de una desavenencia conyugal que lo llevó a dejar su residencia y a poner proa a la ciudad de Montevideo donde fue finalmente detenido por Interpol en un hotel del centro de la capital uruguaya. Ocurre que ya desde hace algunos meses, por un error suyo al anotar a su hija en un instituto de enseñanza con su apellido verdadero fue detectado y literalmente ya estaba en la mira de las autoridades que decidieron darle la voz de alto el día en que se hospedó en el hotel céntrico (una circunstancia ideal para el procedimiento). Una vez que a Rocco Morabito se le puso las esposas, se le vino la noche y la extradición fue un fantasma que se le sentó a su lado, chicaneándola en todo lo que demandó su privación de libertad: primero por el delito de falsificación de identidad y segundo por la extradición, que prácticamente ya estaba sobre su cabeza. Pero dentro del esquema mafioso esa extradición nunca debía concretarse, y así efectivamente ocurrió porque en la noche del 24 de junio del 2019 Rocco Morabito, en el marco de un hecho escandaloso, huyó de Cárcel Central junto a otros tres extranjeros que aguardaban su respectiva extradición. Y mientras que a los pocos días de la fuga el terceto fue capturado progresivamente en diferentes puntos del país Rocco Morabito sigue prófugo hasta hoy, que escribimos estas líneas.

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El capo mafioso de la `Ndrangheta hoy se encuentra libre ¿Dónde? Se ignora, aunque se especula que pudo haber cruzado la frontera instalándose en el Brasil ¿Haciendo qué? Se ignora, y no creemos que esté dedicado a leer o de vacaciones ¿Estará operando subterráneamente en actividades del narcotráfico internacional, como seguramente lo hizo desde que puso sus pies en territorio brasileño hace más de 23 años, cuando huía de la justicia italiana? Es muy probable. No hay que olvidar que cuando se lo capturó en Montevideo se le incautaron un arma, dos automóviles numerosos celulares y se constató que asiduamente viajaba a la Argentina y se desplazaba en la región, pero nunca se le constataran delitos cometidos dentro del sub mundo del narcotráfico.

Hoy Rocco Morabito es un prófugo de la justicia italiana y de la justicia uruguaya. Y fue además, protagonista de una de las evasiones más escandalosas del sistema carcelario uruguayo, que visibilizó los múltiples niveles de corrupción que se alcanzaron en filas de los funcionarios públicos para facilitarle la fuga. Que conste que desde la cúpula misma del gobierno y del Ministerio del Interior, se sabía perfectamente quién era Morabito y qué significaba su recaptura para Italia, para el Uruguay y para la antimafia del mundo. Pero es claro que ese significado no fue contemplado convenientemente por ciertos personajes del Ministerio del Interior uruguayo. A Rocco Morabito lo dejaron ir antes de ser cruzado el atlántico escoltado por carabinieri. Su fuga fue una genial (y previsible) movida sobre el tablero de ajedrez.

Meses después –el 29 de noviembre del 2019- en Italia, sobrevinieron algunas respuestas a ésta movida de ajedrez: En un artículo de nuestra redacción italiana, nuestro colega Davide de Bari tituló: “Las manos del Clan Belloco en Calabria y en Sudamérica”. En su desarrollo agregó: "La familia Bellocco ya había internacionalizado sus actividades criminales gracias a una gran capacidad para relacionarse con otros clanes de la 'Ndrangheta, como los Morabito y los Mollica de Africo, con los que habían establecido una base sólida en el área rioplatense, entre Buenos Aires y Montevideo, desde donde coordinaron la compra y el envío de quintales de cocaína a Italia y Europa", estas son las palabras del fiscal general de la República de Reggio Calabria, Giovanni Bombardieri, para describir la operación que hoy condujo a la desarticulación del vértice superior de uno de los clanes más poderosos de la 'Ndrangheta”.

"La investigación – dijo el fiscal adjunto Gaetano Paci – comienza después de la incautación de 385 kilos de cocaína encontrados en la costa de Gioia Tauro. A partir de ese incidente, la Guardia de Finanzas reconstruyó la red de los Bellocco que durante mucho tiempo han sido sus referentes en Sudamérica, quienes también habrían desempeñado un papel en la fuga de Rocco Morabito, 'u tamunga', arrestado en Montevideo en espera de ser extraditado, que luego logró escapar de las cárceles uruguayas. Este episodio es sintomático de la fortaleza y confiabilidad de los Bellocco, quienes también lograron infiltrar a los 'cuellos blancos' de los Tribunales de Buenos Aires, logrando obtener información reservada sobre investigaciones en su contra". El clan Bellocco, con grandes recursos financieros, para importar cocaína ha identificado en América del Sur, particularmente en Argentina y Costa Rica, fuentes de suministro de grandes partidas de esa sustancia estupefaciente para enviar a Italia en forma oculta, por transporte naval, en bolsas especiales guardadas en el interior de contenedores”

“Las investigaciones revelaron que la familia Bellocco habría utilizado emisarios que realizaron varios viajes a América del Sur, para ver la droga y negociar con contactos locales para poder organizar los aspectos logísticos de la importación. Gracias a la colaboración entre la Guardia de Finanzas de Reggio Calabria y la Gendarmería Argentina, fue posible determinar que fue precisamente en Buenos Aires donde la asociación criminal calabresa pudo contar con la colaboración de algún 'cuello blanco' ítalo-argentino, perteneciente a la organización y dispuesto a facilitar la planificación del tráfico ilegal y la importación de grandes cantidades de cocaína. Además, uno de ellos, explotando su propio conocimiento, pudo obtener información confidencial sobre la investigación iniciada en un juzgado penal-económico de Buenos Aires, informando de inmediato a los asociados calabreses y proporcionándoles copias de algunos documentos de la investigación. "El área rioplatense, sobre el Río de la Plata, en la que se ubican casi frente a frente Buenos Aires y Montevideo, la capital de Uruguay – dijo el comandante regional de la Guardia de Finanzas, general Fabio Contini – se ha convertido en un área en la cual varios grupos de la 'Ndrangheta han coordinado las relaciones con los narcos de Colombia, Bolivia y otros países centroamericanos. Además, si desde el lado argentino las instituciones financieras del país han establecido una legislación efectiva contra el lavado de dinero y colaboran con nuestras fuerzas de policía, en Uruguay, la legislación actual no ofrece la misma posibilidad, dejando huecos más grandes a las actividades de la mafia".

“El emisario en América del Sur del clan Bellocco no se limitó a la mera función de intermediario en la esfera del tráfico ilícito, sino que también hizo todo lo posible para resolver cuestiones extremadamente importantes que afectaban a la familia de la 'Ndrangheta de los Morabito de Africo (RC). A tales fines, resulta emblemática la relación del emisario con algunos miembros del clan Morabito para enviar al territorio uruguayo una gran suma de dinero, alrededor de 50.000 euros, con el objetivo de liberar a Rocco Morabito arrestado después de una fuga significativa y que luego escapó. La misma organización, diversificando sus negocios, también se dedicó al cultivo de drogas de tipo cannabis mediante el uso de algunos invernaderos ubicados en la Toscana para luego ocuparse, a través de una densa red de distribuidores, de comercializarla en todo el país”.

Mientras el pueblo uruguayo duerme quien está despierto es el crimen organizado de la cocaína internacional. Y despiertos también están los hombres de “poder” uruguayos. ¿Qué suerte de hombres de poder? Pus el poder de quienes con su silencio o con su participación subterránea, en medio de una “resplandeciente” democracia hacen parte de las multimillonarias maniobras para que toneladas y toneladas de cocaína ingresen a territorio uruguayo, prolijamente acondicionadas en bolsas, para ser luego derivadas, también en bolsas, más allá del Atlántico para ser recibidas con los brazos abiertos por los grupos mafiosos que sabrán perfectamente qué hacer para que esos ladrillos de la sustancia (una de las más codiciadas del mundo occidental) se transformen en contante y sonante.

Pero desasnémonos un poco: Uruguay, desde hace ya algún tiempo no está siendo exento a que sobre sus tierras y sobre su democracia caiga ese pesado operativo narco con la fuerza destructora de un huracán. No es el peso de la Ley que cae sobre la criminalidad. Es a la inversa: es el peso mafioso que cae sobre la Ley y sobre la democracia, y sobre el Estado. Y hoy en día suponer que los Estados son una garantía de honestidad, sería verdaderamente una suposición demasiado inocente y benévola, y pecaríamos de excelsos cándidos.

Si alguien supone que los narcos llevan la droga de un país a otro (desde el punto de origen donde ha sido producida y procesada laboratorio mediante) como si se tratase de un burdo contrabando de azúcar o fideos, o cigarrillos, está suponiendo muy, pero muy mal. Hablando de cocaína y hablando de narcos, solo hay que suponer que se trata de un aparato logístico y de corrupción, al más alto nivel. Y al más alto nivel significa que para mover toneladas significa que los controles y los caminos deben estar liberados; y que los ojos de los hombres con “poder”, como ser de los funcionarios públicos, deben mirar hacia otro lado y deben obedecer ciertas pautas y ciertas indicaciones, porque el narcotráfico internacional no solo corrompe a personas aisladas sino fundamentalmente a personas ubicadas en puestos de poder político o de las fuerzas de seguridad, o de poder empresarial, o lisa y llanamente de poder gubernamental. Incluso de un poder gubernamental mediáticamente embanderado contra los narcos, pero ligado a ellos subterráneamente, conviviendo con todos y con cada uno de los ciudadanos, que obviamente lo ven como el paladín de la justicia, cuando en realidad es un villano metido en el barro hasta el fondo, pero con la gran cobertura de ser un anti narco a carta cabal, lo que no es cierto,

¿En Uruguay esto ocurre? Pudo y puede estar ocurriendo perfectamente. Aplicando el sentido común, para hallar respuestas, bastaría con ver los acontecimientos de los últimos años, que fueron titulares de diarios, y portadas de noticieros de televisión y de informativos radiales. Que conste que ahora solamente estamos refiriéndonos sobre el narcotráfico de alcances internacionales, porque si estuviésemos encarando alrededor del narcotráfico local, la historia además de ser otra muy distinta, nos obligaría a plantearla de diferente modo, aunque en algunos de sus facetas los paralelismos no estarían nada ausentes, porque en definitiva todo lo que circunda a la cocaína, siempre desata las mismas maldades, ganancias, corrupción, violencia y muerte.

El ritmo de la vida ciudadana y del funcionario público dentro de la legalidad es uno, y el ritmo de la vida en la ilegalidad, cuando de narcotráfico se trata, es otro. Los unos hacen de la democracia y de sus instituciones un culto al estado de Derecho, pero los otros, lo que hacen es lo contrario: la corroen y la erosionan, subterráneamente, y casi siempre mostrándose como lo que en realidad no son. Pero el objetivo criminal apunta siempre en un solo sentido: construir el narco-Estado

En el Uruguay, no han sido pocos los indicadores, de que de narcos estamos hasta el cuello. Y no solamente se han instalado italianos, como Morabito, sino además otros personajes. Uno de ellos fue un líder del temido cartel mexicano Los Cuinis. Estamos hablando específicamente de Gerardo González Valencia, hermano del capo del cartel Los Cuinis, Abigael González Valencia; según la DEA, es uno de los carteles más poderosos en México, con conexiones para el narcotráfico con Europa, Canadá y Asia. Gerardo González Valencia se encuentra recluido en dependencia de la Guardia Republicana de Montevideo y será extraditado a los Estados Unidos no bien se obtengan las debidas autorizaciones. Fue detenido en abril del 2016 en la playa de estacionamiento de un reconocido colegio privado del barrio Carrasco de Montevideo, cuando fue a buscar a sus hijos. Vivía en el Uruguay con su esposa desde el año 2005, y en apariencia era un empresario ejemplar. Obviamente estaba requerido por los Estados Unidos. Acá en el Uruguay fue procesado por lavado de activos, estimándose a nivel de la justicia actuante que el dinero que portaba procedía del narcotráfico.

Con el correr del tiempo a estos personajes se fueron sumando como indicadores los hechos, es decir las recurrentes y voluminosas incautaciones de cocaína en otros países que involucraban al Uruguay y las incautaciones de esa droga dentro del territorio uruguayo.

Si bien en el 2018 se incautaron en el Uruguay 754 kilos de cocaína, el 2019 significó todo un récord nefasto, porque se totalizó la friolera de 12 toneladas de cocaína: droga que ingresó al Uruguay y que luego de estar allí en tránsito, en avión o en barco fue exportada a Europa, directamente o a través del África.

Uruguay es una de las rutas más codiciadas, seguramente porque las “facilidades comerciales” que ofrece a los narcos son en extremo favorables. Repasemos estos episodios del año que se fue: A mediados de abril personal de la Aduana de Hamburgo, Alemania incautó casi media tonelada de cocaína ubicada en una carga de arroz procedente del Uruguay y con destino a Sierra Leona, para luego ser comercializada en Europa (ruta hoy por hoy de preferencia por las mafias de la coca); el 25 de mayo un avión privado fue detenido en Francia incautándose 600 kilos de cocaína, procedente de Uruguay; en el mes de junio, en el puerto de Hamburgo, Alemania sobrevino uno de los primeros cimbronazos para el Uruguay, la incautación de cuatro toneladas y media de cocaína procedente del puerto montevideano en una carga de soja; a principios de agosto (y cuando el escándalo comenzaba recién a apaciguarse) en una casa del balneario Parque del Plata de incautaron 854 kilos de cocaína, aparentemente para consumo local, aunque a nivel de las autoridades no se descarta que el fin era exportarla fuera de fronteras; poco tiempo después, el 20 de noviembre, se incautaron en el puerto de Montevideo tres toneladas de cocaína con destino al África, dentro de un contenedor conteniendo arroz paraguayo; pero los días 26 y 27 de noviembre, el escándalo llegó a su máximo nivel, cuando se encontraron en dos contenedores del puerto de Montevideo, cerca de cuatro toneladas y media de cocaína, y al día siguiente en un establecimiento agrícola del departamento de Soriano, casi una tonelada y media, totalizándose seis toneladas de cocaína en un cargamento de pasta de soja, destinadas a una terminal portuaria de África, para ser luego derivadas a Europa. En todos los casos los imputados fueron empresarios y trabajadores que rotundamente negaron su vinculación con el narcotráfico. ¿Responsables dentro de la línea de seguridad y de controles de camiones, de cargamentos de soja o de arroz, o en filas de los funcionarios públicos en puestos claves? No se definieron, hasta el momento.

Es un hecho que las producciones de cocaína en Bolivia y Colombia están en aumento considerable y que los narcos deben urgentemente mover sus neuronas para que esa droga sufra la metamorfosis necesaria para que las ganancias sean cada vez mayores. Desde Colombia y desde Bolivia, los ladrillos de cocaína se distribuyen al mundo europeo a través de los puertos de los países elegidos: Montevideo, en Uruguay; Zárate y Buenos Aires, en Argentina y Santos en Brasil; y obviamente para que esos alijos lleguen a los puertos deben pasar por el territorio paraguayo, en camiones o por aviones de menor porte, desde donde se arrojan bolsas de la sustancia blanca, sobre campos de hacendados uruguayos que se hacen la América con una solo partida.

Pavoroso circuito que insinúa una logística de proporciones, mixturada y particularmente sustentada en una poderosa red de corrupciones que involucran a campesinos, peones de estancias, propietarios de ellas, empresarios que se someten al narcotráfico porque en su mayoría están superados en deudas, inspectores de contenedores venales, funcionarios corruptos afectados a los controles portuarios y aéreos, y hasta elementos corruptos de las fuerzas de seguridad. Toda una infraestructura al servicio del crimen.

Pero por sobre todo y lo que más preocupa, es que seguramente toda esa movida sugiere suculentos pagos de peajes a los hombres del “poder” político (y quizás del gobierno) que nunca faltan y que en definitiva (con su contaminación aún entre bambalinas y dentro del closet) no hacen otra cosa que colocar, con cada alijo y con cada embarque sin denunciar, la piedra fundamental para la creación (y la consolidación) del narco Estado uruguayo.

Porque a eso vamos, de seguir así, si ya no lo estamos ¿Con el sello de la ´Ndrangheta? ¿Con el sello de los carteles mexicanos?. Ya poco importa, porque lo que importa es que al igual que otros países de la región estamos de narcotráfico hasta el cuello. Y eso es muy grave

“Desde 2009 no existe un plan de combate al narcotráfico” fueron las recientes palabras públicas del Fiscal de Corte Jorge Díaz. Palabras que estremecen y que no lo halagan por cierto, porque si el panorama era ya conocido ¿qué se hizo para revertirlo? o mejor dicho ¿qué no se hizo para revertirlo?

Años atrás, o en años cercanos (o posteriores) a ese 2009 que señala Díaz (como una fecha que marca el inicio de la indiferencia estatal para encarar el problema) el narcotráfico local en el Uruguay ya tuvo sus casos emblemáticos ( como el operativo “Campanita”), y sus personajes narcos emblemáticos como el “Lilo” Martínez, Omar Clavijo Cedrés, Washington Rissotto “El Bocha”, que fueron asesinados en circunstancias propias del negocio, porque la violencia y la muerte son las reglas del juego. O quizás, también, porque conocían muy bien el negocio y conocían muy bien a quienes estaban involucrados, como ellos, en el negocio (razón más que suficiente para silenciarlos rápidamente).

Esos años pesados, de sangre y fuego, y de narcos locales con corrupciones también a todos los niveles, eran la antesala del hoy. Eso está claro como el agua. Su legado fue terrible. Pero no menos terrible será el legado que el panorama actual dejará para el futuro. Esto también está, terriblemente claro como el agua.

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*Foto de Portada: www.subrayado.com.uy 

*Foto de Rocco Morabito: UNICOM Ministerio del Interior

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