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Por Alejandro Díaz de Our Voice de Córdoba, Argentina-26 de abril de 2019

Mientras el poder central gasta miles de millones de dólares en armamentos, con la esperanza de que nunca sean usados, tres cuartas partes de la humanidad sufren privaciones incalificables. (…) Cualquiera que fuere el sentido que se asigne a este proceso cósmico que nadie puede negar, nada aparece como más radicalmente antinatural que esta acumulación de potencial destructivo. Da la impresión de que el poder central quisiera una estructura de dominio sumamente violenta e injusta, que cuesta incalculable sacrificio de vidas humanas, para invertir sus beneficios en la empresa más "antinatural" de la historia.”(En “Criminología: Aproximación desde un margen” de Eugenio Raúl Zaffaroni - 1988).

El abogado Zaffaroni, es Miembro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, integró la Corte Suprema de la Nación Argentina, es especialista en Derecho Penal y en Criminología. Y uno de los principales exponentes sobre Derechos Humanos.

Esta afirmación que ofrece Zaffaroni, la cual tiene ya más de 30 años, expresa muy bien, a mi criterio, la situación de Crisis Humanitaria y Ambiental que afronta el planeta. Hambre, guerra, contaminación e incultura son solo algunos de los principales tópicos desde donde se puede iniciar una análisis situacional.

¿Por qué analizarlo desde la criminología?

La idea presupone la existencia de una víctima y un victimario, uno padece la conducta, injusta, del otro. Hay en las consecuencias un origen, un plan, un diseño, un desarrollo, una ejecución. La situación de los pueblos de la periferia o del margen, como acostumbra nombrarlos Zaffaroni, es una consecuencia directa de lo que él denomina el Poder Central. Y en este sentido debemos cuestionarnos ¿Qué es, ese Poder Central?, o mejor aún ¿Quién es, ese Poder Central? Porque sería injusto responsabilizar, indiscriminadamente, a todo un pueblo, a toda una nación. Quizás el crimen de las sociedades del centro, que acunan las cabezas de estos grupos, sea la indiferencia o la extrema superficialidad de no cuestionar los orígenes de su abundancia o el verdadero sentido de sus esfuerzos. Hay en estos espacios medios, entre el Poder y la Miseria, pequeñas diferencias culturales y beneficios materiales que crean la ilusión de una normalidad. Pero en el número, la normalidad es la mayoría, y en ese sentido los extremos de la periferia los son, estas se parecen, y se repiten en las distintas latitudes, en los campos de refugiados, en las favelas, en las villas miserias, en los pasos fronterizos que dejan entrever los abismos. Pero por sobre todas las cosas en las miradas de decepción, de abandono, de olvido. Pero en definitiva son ellos, los “ciudadanos del centro”, también rehenes del Poder Central. Poder que se constituye en una sucesión exitosa de pasos a lo largo de la historia. Una serie de conductas que, organizadas, configuran un método.

Históricamente este Poder Central, se ha valido de la ciencia, de la técnica y del conocimiento, para crear herramientas de violencia y de adoctrinamiento. Las ideologías de razas, la construcción de amenazas, la dosificación del miedo, la exaltación fanática de los ismos, la creación de pobreza son maniobras desarrolladas en laboratorios de ideas, que permiten masificar la sujeción. ¿Qué motivo, real, podría tener un vecino de Ohio para odiar a un vecino de Kabul? ¿O un vecino de Buenos Aires en llamar terrorista a un vecino de La Patagonia? La consecuencia directa de esta manipulación es la deconstrucción social, la negación del otro que se manifiesta en una forma antisocial, y dentro del marco legal, en una forma criminal. Porque a pesar de la conducta, la ley se sostiene, pero es necesario, incluso imprescindible que se sostenga el Estado de Derecho en tiempo y plazo razonables para que el Pacto Social no desaparezca.

La hipótesis de un victimario nos obliga a identificarlo. La escuela de pensamiento Antimafia, reconoce como Sistema Criminal Integrado esta idea de Poder Central, y en este gesto da forma a un concepto un tanto abstracto. El Sistema Criminal Integrado, es un conjunto de individuos que ejecutan un patrón de conducta criminal basado en la intimidación, la sujeción y el ocultamiento. Ejecutado desde una estructura organizada permanente en el tiempo. Lo suficientemente flexible como para adaptarse a los cambios contextuales, y a la vez lo necesariamente rígida para sostener un centro de poder inapelable.

El legislador italiano, logra englobar estas conductas del anti-estado, dentro de la figura de “asociación criminal de tipo mafiosa” (art. 416 bis Código Penal italiano), donde se describen los hechos y características puntuales de este tipo de método delictivo. El articulo estipula el patrón de conducta necesario “…para adquirir de modo directo o indirecto la gestión o el control de actividades económicas, de concesiones, de autorizaciones, contratas y servicios públicos o para obtener beneficios o ventajas injustas para sí o para otros, o con el fin de impedir u obstaculizar el libre ejercicio del voto o de procurarse votos o procurárselos a otros en ocasión de consultas electorales.”

Pero más allá de ser una “receta” anticorrupción, el espíritu del artículo es detectar y perseguir estos Centros de Poder, desde un marco normativo, dentro de la criminología.

Tipificar la Mafia, es aceptar su existencia, su tradición, su historia como un hecho científico. Una organización de casi 200 años, que ha organizado atentados y masacres, corrompido e infiltrado las instituciones, condicionado los gobiernos y las democracias. Una organización que acuna personajes como “Toto” Riina, el capo histórico de Cosa Nostra, que además de ser un asesino serial despiadado, logró resistir un régimen carcelario durante 30 años sin colaborar con el proceso de verdad y justicia. Una personalidad comparable en este sentido a la de Miguel Osvaldo Etchecolatz, uno de los criminales de Lesa Humanidad de la última Dictadura Cívico-Militar-Eclesiástica de la Argentina. ¿A quiénes servían estos genocidas realmente? ¿Ante quienes juramentaron su silencio?

Otro de los personajes infames de esta historia fue José López Rega, el “Mayordomo de Perón”, nombrado Ministro de Bienestar Social, durante su última presidencia. Y ante la muerte del General Perón, asumió extraoficialmente el mando de todos los ministerios, hasta su prematura fuga, en 1975 como Embajador itinerante en España, donde ya en 1973 había sido condecorado con la “Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica”. Similar gesto tuvo Perón con Licio Gelli cuando lo condecoro con la “Orden del Libertador General San Martin”. La clase de servicios prestados, hoy son conocidos.

En 1986, López Rega, es acusado por Crímenes de Lesa Humanidad, murió en 1989 sin sentencia. Durante su gestión como Ministro, y estando aún en Democracia, López Rega organizó un “Grupo de Tareas” (un escuadrón de la muerte), llamado “La Triple A”, la Alianza Anticomunista Argentina, a la cual se le adjudican aproximadamente mil secuestros y desapariciones forzadas de personas. Además se lo acusa de ser uno de los principales instigadores de la “Masacre de Ezeiza”.

López Rega era miembro de la P2, la organización masónica (desviada) que comandaba Licio Gelli, una organización secreta, aún en proceso de investigación, vinculada estrechamente a las actividades del Plan Cóndor en America Latina. También eran miembros Alberto Vignes, Ministro de Relaciones Exteriores, y Emilio Eduardo Massera, Almirante de la Marina y miembro de la Triple Junta que usurpo el Gobierno Argentino.

Estas “Organizaciones Secretas”, de conducta criminal (no todas), minan la historia. Personajes y próceres que ocuparon, y ocupan, los más relevantes cargos han sido sus miembros. ¿Qué tipo de lealtad les era impuesta? ¿Podrían estos haberse des afiliado? ¿Habrán podido sostener sus propios preceptos morales en todo momento? ¿O habrán tenido que rendir la voluntad de su cargo a las consideraciones de la logia? ¿Cómo afecta esto la Democracia y la libre determinación de los Pueblos?

¿Por qué las Instituciones Judiciales no toman en serio la investigación de estas “Organizaciones Secretas”? Capaces de influenciar, en el menor de los casos, las peores masacres de la historia.

“En alguna medida – muy limitada por cierto – sus agentes admiten excesos o consecuencias no deseadas, aunque las consideren inevitables. Presentar al criminal de Estado como un sujeto que niega todos los valores dominantes y no siente ninguna culpa o vergüenza, lleva a la inverosímil y tranquilizadora imagen del psicópata. El crimen de Estado es un delito altamente organizado y jerarquizado, quizás la manifestación de criminalidad organizada por excelencia”. Eugenio Raúl Zaffaroni en “El crimen de Estado como objeto de la Criminología” en el Simposio de Criminología de Estocolmo, 2006.

¿Con la caída de las Dictaduras del Cono Sur se terminaron este tipo de Organizaciones? Como dije anteriormente, la Mafia (una organización criminal selecta, ya no tan secreta) tiene casi 200 años de historia ininterrumpida.

Cuando Magistrados honestos, como Roberto Scarpinato o Giuseppe Lombardo (miembros de las Fiscalías Antimafia italianas), afirman que estos grupos están comprando la deuda externa de los países del margen, ¿por qué aquí los tribunales nacionales no accionan las respectivas investigaciones?

La falta de atención y trascendencia que los representantes del Estado Argentino y otros particulares afines le dio al Seminario Ítalo-Argentino Antimafia es una forma de negación de estos fenómenos. Y la perpetuación de una conducta de ocultamiento para con los procesos de corrupción y las conductas criminales inherentes a este tipo de Organizaciones Criminales. Basta decir que la titular de la Secretaria de Ética Pública, Transparencia y Lucha contra la Corrupción de la Nación Argentina (llamada “Oficina Anticorrupción”), no solo negó dar respuestas ante las preguntas efectuadas durante el simposio por los periodistas presentes en la sala, sino que además, días más tarde, negó públicamente la participación de su oficina en las investigaciones en casos de corrupción del actual Gobierno de Mauricio Macri.

Estas Organizaciones Criminales sostienen su poder por la impunidad que poseen, no solo por la evasión de la Justicia, sino también por la construcción de un relato en ese sentido. Una invasión de ideas, fríamente formuladas por especialistas en el tema, difundidas hasta el hartazgo por especialistas en comunicación social, para naturalizar la conducta delictiva, justificar las formas inmorales y legitimar el poder de estas estructuras antinaturales.

“La verdadera técnica de Neutralización por Negación de la responsabilidad tiene lugar cuando los criminales de Estado afirman que sus hechos no fueron intencionales, sino simplemente inevitables.” (Zaffaroni 2006, óp.).

Fueron inevitables los aumentos, inevitables los ajustes, inevitable bajarle el sueldo a los jubilados, inevitable negarle el alimento a los niños, inevitable borrar la educación, inevitable reprimir a las comunidades aborígenes, inevitable el desmantelamiento institucional del Estado, inevitable pedirle perdón a Las Coronas Europeas por el “mal comportamiento”, inevitable la sumisión a la Banca Internacional, inevitable incrementar los presupuestos en “Seguridad” y llenar las calles de represores. ¿Me pregunto si también será inevitable la declaración de guerra a un país hermano?

¿Ante quienes rinden lealtad estos funcionarios que son capaces de soportar en público el ridículo, la incoherencia, de personificar la mentira constante, de ser catalogados de tontos, estúpidos, etc.?

La idea ingenua y simplista del crimen de Estado como producto psicopático no pasa de ser un vano intento de calmar la propia alarma ante la revelación de que alguien análogo a uno mismo puede cometer semejantes atrocidades. La tesis de que el criminal de Estado es diferente y enfermo es una reacción común frente a esta y otras formas de criminalidad grave y aberrante, explicable psicológicamente, pero inadmisible como válida en la ciencia social.” Y también, “La magnitud del crimen de Estado no permite que este se cometa solo salvando de mayores daños la propia imagen, sino que requiere mucho más: demanda que esta se exalte, llevando a los criminales a considerarse héroes o mártires. La integridad psíquica del criminal de Estado requiere semejante exaltación.”(En Zaffaroni 2006, óp.).

En definitiva, ¿son o se hacen? No idiotas, mafiosos.

Uno no sabía, uno no conocía los métodos y motivos de estas organizaciones selectas y secretas, pero los avances científicos y judiciales de las investigaciones de la Antimafia permiten un acceso a estos entramados. Hoy podemos seguir los indicios que nos guían a través de las masacres, los delitos excelentes, los crímenes de masas hasta los más altos puestos del poder. Hoy conocer los nombres de este Poder Central, de este Sistema Criminal Integrado está a nuestro alcance.

Solo debemos tener coraje.

 

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*Foto de Portada: La Voz.

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