claudio rojas clPor Claudio Rojas desde Chile-19 de noviembre

En Chile, un mes de movilizaciones sociales ininterrumpidas que marcan el retorno del sujeto social en la política chilena han cambiado completamente la situación. Ellas botaron al basurero la agenda de profundización neoliberal del presidente Sebastián Piñera.

Frente a las violaciones de derechos humanos del gobierno de Piñera, la movilización cuestiona la cultura de impunidad. La movilización continúa, indignada, por la represión y la ausencia de respuesta concreta del gobierno a las demandas de mejor calidad de vida y reducción de las desigualdades por 46 años de neoliberalismo.

La movilización continúa a pesar del Acuerdo en el Congreso. ¡Chile Despertó! Con el levantamiento de octubre, el pueblo ya se instaló como un actor insoslayable del proceso de cambios que se abrió en Chile.

La represión no amainó la movilización social. La masividad de las movilizaciones ciudadanas dejó al desnudo el sesgo ideológico y represivo de las fuerzas de “orden” acostumbradas a la impunidad. Piñera trató de intimidar, decretó el primer estado de emergencia en democracia. Intentó criminalizar la protesta. Su gobierno acumuló en un mes violaciones a la libertad de expresión y los derechos humanos, abundantemente denunciados, rompiendo record mundial de represión por balines.

Piñera claudicó, según la BBC, y aceptó la demanda del 87% de los chilenos por una Nueva Constitución. Volvió a prometer una agenda social robusta, sin agregar ninguna nueva medida a las ya formuladas.

Piñera, ya no respondió a las demandas sociales. La persistencia de la movilización social es coherente, es una oposición generalizada a políticas que han transformado Chile en un infierno neoliberal para las grandes mayorías haciendo de Chile uno de los países más desiguales del planeta. Hasta un observador del NYT ve que en “el caos (los chilenos) ven un ajuste de cuentas” y se expresa el desencanto porque no se ha cumplido la promesa de líderes políticos de izquierda y derecha “que el libre mercado conducirá a la prosperidad”.

Según el académico Carlos Ruiz, el costo de la estabilidad de los últimos 29 años es la desigualdad dándose la paradoja que la reducción de la pobreza se ha acompañado con el aumento de la desigualdad.

Las demandas concretas proponen terminar con los bajos sueldos, con los altos precios de servicios básicos; con las bajas pensiones de las AFP; con el alto costo de la educación; con mejorar la educación para todos; asegurar una salud decente para todos y bajar los altos precios de medicamentos; respetar los derechos de las naciones indígenas; terminar con las zonas de sacrificio, entre otras.

Una reivindicación sentida de los manifestantes es la exigencia de condonación del CAE. La profundización neoliberal estaba marcada una revisión de la reforma tributaria con la llamada reintegración, que favorecía los adinerados, bajo pretexto de favorecer el crecimiento económico.

Afectados por pensiones miserables, la movilización social y el movimiento No+AFP exige la eliminación pura y simple del sistema de capitalización individual en las privadas Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) y su remplazo por un sistema solidario.

A ello se agregan demandas para terminar con la precariedad del acceso a la salud y el crecimiento exponencial de las listas de espera de hasta de dos millones de personas. Se denuncia el alto costo de los medicamentos y se pide la generalización de las farmacias populares.

La protesta engloba la protesta por los efectos nocivos de la privatización de agua: la sequía y crisis como la de la compañía Essal en Osorno. Los manifestantes exigen terminar con el Código de Aguas, constitucionalizado desde 1981 (Artículo 19, numeral 24), que hace que Chile sea casi el único país donde se ha privatizado el agua. A ello se agrega la protesta por el escándalo ecológico de las zonas de sacrificio. Lugares donde se concentran gran cantidad de industrias contaminantes, (termoeléctricas, fundiciones de cobre, petroleras, etc.) del modelo extractivista, afectando poblaciones pobres o vulnerables (Ventanas, Quinteros, Puchuncaví, Tocopilla, Mejillones, Huasco y Coronel).

Las movilizaciones recogen emblemáticamente las banderas Mapuche y la necesidad del reconocimiento del carácter plurinacional de Chile. La conmemoración de un año del asesinato del comunero Mapuche Camilo Catrillanca, recordó en múltiples que no ha avanzado un ápice el respeto de los derechos de las naciones indígenas y que continúa la criminalización de demandas de los pueblos originarios.

Se agregan, en periodo de agotamiento del modelo exportador de globalización neoliberal, las alzas de precios de artículos de consumo. Desde los 30 pesos del metro, pasando por el alza de 9% de la electricidad, hasta de los Tag (televía) en las autopistas en manos de multinacionales extranjeras. Hasta los camioneros protestan todos los viernes contra un gobierno de derecha.

Ya la movilización terminó con la agenda de profundización neoliberal de Piñera y su coalición “Chile Vamos”.

Cómo el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución no incluye las demandas sociales existe un evidente temor que el retorno de la vieja práctica de los consensos de la mal llamada transición, postergue nuevamente las demandas sociales concretas. Lo concreto es que efectivamente traslada el proceso, a un escenario pletórico de letra chica, y debates complejos entre partidos a puertas cerradas, excluyendo los actores sociales.

Luego del acuerdo firmado hace unos días en el ex Congreso, múltiples dudas han comenzado a circular respecto del proceso que comenzará con un plebiscito consultivo en abril de 2020.

Es un intento evidente de desmovilización ciudadana si ese proceso no contempla una agenda verdaderamente robusta que responda a las demandas sociales y no como la agenda social de Piñera. Se propone postergar las movilizaciones por demandas sociales para facilitar la Nueva Constitución. Y es que el Acuerdo deja en suspenso lo que ocurra con la larga lista de demandas sociales, a las que no ha respondido la agenda social de Piñera.

Pareciera que Sebastián Piñera, cuya renuncia se seguirá exigiendo como condición sustantiva de la paz, busca la oportunidad histórica de revertir sus deplorables atentados en contra de los derechos humanos de la población con un itinerario político que lo conduzca a ponerle su rúbrica a una nueva Carta Magna y ser reconocido, así, por la posteridad. Como tantos otros viles gobernantes de nuestra historia que fueron capaces de eludir sus crímenes y despropósitos con algunos aciertos (la Constitución de 1925, por ejemplo). Lo que se explica en los múltiples monumentos que los honran en todas nuestras ciudades y pueblos y que con muchísima más razón podrían haber terminado derrumbados por la insurrección popular que vivimos.

Por ello el Acuerdo fue rechazado por las más de 200 organizaciones sociales, sindicales, de DDHH, medioambientales, pueblos originarios, entre otras de Unidad Social por hacerse “entre cuatro paredes y a espaldas de los movimientos sociales”. Hubo rechazo también por partidos que no firmaron el Acuerdo: Una diputada afirmó que “la gente no ganó nada”…“perdió ojos y vidas, son baleados y torturados, mientras unas cúpulas ilegítimas vuelven a traicionarlos para consagrar la impunidad de Piñera”.

Nunca antes hubo tanta desigualdad y exclusión en Chile. Nunca antes la tiranía económica ha cobrado tantas víctimas. Nunca antes la estafa y la mentira fue a tal punto propagada en chile que hoy es una marca registrada que identifica a los políticos. Nunca antes el Estado de la mano y cómplice del modelo se levantó así contra los ciudadanos. A tal punto que hoy hablamos del Estado contra el ciudadano. Nunca antes los gobiernos de turno desatendieron las justas demandas. Nunca antes los ciudadanos fueron tan humillados. Nunca antes hubo tal número de enfermedades terminales, nunca antes hubo tanta angustia y depresión al punto que Chile ha sido marcado por la OMS como uno de los países con altísimos índices de enfermedades mentales. Nunca antes tantos jóvenes se suicidaron acusados, perseguidos y arrinconado por este modelo sin piedad.

Nunca antes hubo tanta cólera acumulada. Nunca antes murieron más de mil niños a manos de una institución filicida llamada “Sename”.

¿Cómo no habría de ser un despertar violento?

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*Foto de Portada: Nicko, reportero de TV8