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ACTUALIZADAMié, 28 Jun 2017 3pm

NO LOS QUIERO VER

nolosquieroverPor Salvo Vitale - 22 de Mayo de 2016
Están preparando el traje para la fiesta. Pasarán toda la noche lustrándose las plumas. Y mañana, uno tras otro, con una cara que definirla de bronce sería un eufemismo, correrán de un lado a otro de la península buscando los reflectores de la televisión, los micrófonos de los periodistas, para inundarnos con su nauseabunda retórica en twitter, facebook, y en todos los rincones de la red; ellos, todos ellos, los asesinos de Giovanni Falcone, de su mujer y de los tres agentes de su escolta, serán precisamente los que celebrarán su memoria. Firmándola. Afirmándola. Harán carreras para contarnos como luchar contra algo que ellos mismos protegen.

Explicarán cómo cuidar la inmensa herencia de un magistrado valiente; ellos, precisamente ellos que se robaron el testamento, que alteraron la firma, que produjeron una perenne falsedad ideológica que les permitió a sus partidos renovar la gloria de un eterno poder.  
Los veremos a todos en fila, ubicados como los santos. También habrá quienes osen derramar alguna lágrima cálida, bajo sello y firma de la hipocresía de Estado, de ese cobarde e indomable transformismo que la cizaña del cinismo y de la indiferencia ha construido a lo largo de las décadas, el humus natural del cual todas las mafias activas sacan provecho de sus acciones criminales.  
Mañana, no leeré los periódicos, no escucharé las noticias, no miraré los noticieros, y al máximo saltaré como un pájaro alegre de un me gusta al otro de facebook para comentar líneas empalagosas e hipócritas que inundarán la red con una disgustosa oleada de chata e hipócrita demagogia.
Mañana volverán a asesinar a Giovanni Falcone, a su mujer y a sus agentes de escolta. Y yo no quiero formar parte de ello. Es por ello que hablo hoy, con un día de antelación.
Lo siguen matando, día tras día, en la sociedad civil y en el Parlamento. Por ello quieren convertirlo en un museo, transformándolo en una especie de estampita para usar en cualquier buena ocasión. Porque no son ni más ni menos que ellos los eternos asesinos, ésta es la verdad, de lo contrario no nos encontraríamos, veinte años más tarde, en la misma e idéntica situación de aquel entonces.
Mañana, vestidos elegantemente, competirán por ver quién lo conmemora y llora más. Todos los funcionarios públicos de la República, incluso los del más pequeño y pobre municipio, todos los que cobraron coimas privilegiando el interés personal en perjuicio del bien público son quienes siguen asesinando día a día a Giovanni Falcone, a su mujer y a sus agentes de escolta. Aquellos que hicieron que su muerte fuera en vano y vacua.
Los empresarios que participan en las licitaciones sosteniendo que hay que pagar la coima si uno pretende sobrevivir en el mercado. Los directores editoriales responsables de las casas editoriales, de las sociedades de producción cinematográfica, televisiva y radiofónica, que reconocen y reciben como autores únicamente a personas que hayan sido presentadas, sugeridas, impulsadas, o impuestas por las secretarías de cada partido político que luego se ocuparán de darles unas buenas oficinas haciendo que les lluevan subvenciones estatales pagadas con nuestros impuestos. Ellos, sin excepciones, son los asesinos de Falcone, de su mujer y de sus tres agentes de escolta.
Yo no los quiero ver. No quiero ver sus caras hipócritas. Son asesinos todos aquellos que, sin excepciones, dicen “lo hacen todos ¿que quieres hacer?” Así como lo son todos aquellos que se atrincheran detrás del “y pero yo tengo una familia” y que fingen no saber que en italiano existe la siguiente frase “no, yo no hago estas cosas”.
Los asesinos son todos los ciudadanos italianos que en el silencio garantizado por la privacy, protegidos por el hecho de no tener testigos, en el secreto de la cabina electoral, ponen una cruz en un determinado símbolo, en un determinado nombre, porque saben que esa lista y esa persona, el día de mañana, una vez que hayan pasado las elecciones (y las hayan ganado) resolverán algún que otro problema personal, o le darán trabajo a un hijo suyo, o colocarán a una hermana suya. Son decenas de millones. Porque la mafia no es una sola persona, no es algo abstracto. La mafia es una idea de la existencia. La mafia es una interpretación de la vida y aquel que adhiere a ella es un mafioso. Aunque no lo sepa. Aunque no quiera decirlo. No deja de ser un mafioso. Toda la clase política de este país, intelectual, mediática, empresarial, participó del proceso de deslegitimación de Giovanni Falcone, aislándolo, difamándolo, mirando para el otro lado cuando sabían que estaban llegando los sicarios. Al igual que hicieron luego con Paolo Borsellino y con todos los que tuvieron el atrevimiento de armarse de coraje y combatir en contra de la mafia activa. Las mismas personas que en aquel entonces decidieron no mirar hoy en día se encuentran en primera fila conmemorando su desaparición. Todos ellos son los verdaderos asesinos. No los quiero ni ver ni escuchar.
Porque los jefes mafiosos son negociantes y no corren el riesgo de meterse en problemas corriendo el riesgo de arruinar sus negocios si no saben que cuentan con un territorio amigo que los sostiene. La mafia, de por si, no existe, existen los mafiosos. La mafia es la suma de los comportamientos individuales que determinan su existencia. Y nosotros somos un país con demasiados mafiosos. Lamentablemente no es un estereotipo, es la trágica realidad con la que todos nosotros tenemos que sacar cuentas. Porque estas son las verdaderas cuentas, no el spread, que es una invención abstracta.
Podéis adherir a cualquier ideología, podéis ser anárquicos o democráticos, conservadores o progresistas, amantes de Keynes, de Marx, o de la teoría de la Moneda Moderna. Nada cambiará si no cambiamos nuestro comportamiento individual, cotidiano, existencial, y no aceptemos lo que somos, para poder evolucionar y liberarnos de este cáncer.
Cada vez que un ciudadano italiano renuncia a ejercer su libre albedrío y renuncia a la ambición y al intento, aunque éste sea extremo y desesperado, de hacerse valer por sus méritos, por sus competencias técnicas, privilegiando el fácil y seguro camino de la mediación política y de la recomendación, para tomar el atajo del sistema del hampa, la caja registradora de la mafia anota un cobro. Porque sabe que mañana, ese ciudadano seguramente será un mafioso. Aunque no lo sepa. Es una puerta a la que todos irán a golpear, seguros de que será abierta inmediatamente. Ellos saben perfectamente que es así. Todos lo sabemos.
No quiero ver sus documentales de celebración interpretados por actores que han sido recomendados, producidos por empresas mafiosas y distribuidos para que nosotros los veamos por funcionarios mafiosos de traje y corbata. Para nada. Porque son todos asesinos de Giovanni Falcone, de su mujer y de sus tres agentes de escolta.
Mañana dedicaré la jornada a intentar purificarme espiritualmente, tratando de poner orden interiormente, para eliminar todo residuo de pensamiento con trasfondo mafioso que se arraiga en mi interior, al igual que en la mente de cada uno de los italianos, aunque no lo sepan. Porque el país es así. De lo contrario no estaríamos, después de veinte largos años, y una montaña de Gobiernos inútiles, en la misma e idéntica situación de aquel entonces.
http://www.antimafiaduemila.com/home/opinioni/236-societa/60438-non-li-voglio-vedere.html

Foto Portada: www.alqamah.it


 

 



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