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ESE SILENCIO QUE DA MIEDO
De Silvia Cordella
Piergiorgio Morosini |
Don Luigi Merola |
Habrán sido las polémicas sobre la agresión al organizador Leo Nodari y las comprensibles tomas de posición de los chicos las agendas rojas, pero el grito estruendoso de éste verano en Palermo de no dejar solos a los magistrados más expuestos de la Fiscalía de Palermo, ésta vez no estaba. Estuvieron las tres lúcidas intervenciones basadas en experiencias profesionales y de vida importante desde Nápoles a Palermo. “Ha servido el sacrificio de una jovencita”, dijo don Merola “Annalisa Durante, para reclamar las cámaras televisivas de los medios de comunicación sobre Nápoles”. Solo después han llegado a Forcella las ayudas para abrir los centros juveniles, quitándoles la mano de obra a las bandas mafiosas. “Cada uno tiene que hacer su parte incluso la Iglesia tiene que hacer la suya”. Cuando Don Merola llegó al barrio de Forcella, al atravesar la puerta de la parroquia, donde habría tenido que dar la misa, notó los horarios de cierre y se reveló. |
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“Yo espero que de lo que está hablando hoy Massimo Ciancimino no sea verdad”. “Si nosotros leemos el resto del “papello” (de Riina), están los puntos en los que se reclaman reformas, que con el correr del tiempo han sido propuestas”. Por ejemplo “¿Sabían que en 1999 fue depositado un proyecto de ley para la revisión de los procedimientos, que si hubiese sido aprobado habría llevado a la revisión del maxiproceso?”.
Después de los terribles atentados del 92’ y 93’, Cosa Nostra ha golpeado la mesa con el puño muchas veces. Lo hizo con la proclama de Bagarella pidiendo a los políticos que están sentados en el parlamento, que respeten los acuerdos hechos y lo hizo nuevamente con la pancarta contra el 41 bis “Berlusconi se olvida de Sicilia”. Cosa Nostra tenía una prenda que el Estado probablemente ha cumplido solo por la mitad. Pero la criminalidad ya había obtenido el reconocimiento de su poder, con la repartición de los lucrativos contratos, con exponentes de la finanza italiana. “En los años 80’ y 90’ grupos empresariales del Norte, como en el caso de la empresa Calcestruzzi del Gruppo Ferruzzi - Gardini, (Raul Gardini se suicidó hace diez años), compartieron grandes negociados con grupos mafiosos”. Esta empresa benefició la participación económica de Provenzano y eso era solo la punta del iceberg de un sistema de sobornos difundido en todo el país y del cual los jueces Falcone y Borsellino se estaban ocupando antes de morir. “Por esto – ha remarcado Morosini – es importante atacar los delitos financieros y los que son contra la administración pública”. Se necesitan nuevos recursos, especializados contra los crímenes de la nueva economía. El seguimiento de los rastros del dinero ilícito, lavado a través de una miríada de sociedades en el exterior, es prácticamente imposible. Los tiempos han cambiado de frente a un “fenómeno de fragilidad nacional” sin precedentes. La palabra de rigor es entonces: conocimiento. El silencio es la muerte del alma, el freno que inmoviliza las conciencias. El silencio es la primera causa de muerte de la democracia. Es por esto que la omertá (la ley del silencio) ha sido para la criminalidad organizada la condición ideal sobre la cual construir su dominio.
“¿Qué país es aquel en el cual sabemos todo acerca de los tantos delitos de Galasco, Cogne, Perugia… (delitos de crónica negra) y no sabe prácticamente nada sobre las investigaciones y los procesos en curso en el cual se impugnan acuerdos de alto nivel entre exponentes del Estado y exponentes de Cosa Nostra?” Esta es una de las reflexiones de Nino Di Matteo, uno de los titulares de la investigación sobre la negociación que ésta mañana, junto a don Merola, el juez Morosini y otros han sido premiados por su compromiso antimafia. “El País tiene derecho a saber” ha dicho. “Nosotros en este momento tendríamos que estar sometidos a un control despiadado por parte de la opinión pública”. La gente “debería estar informada de forma seria, analítica y correcta”. “Nuestros despachos se están ocupando de hechos delicados y el país tiene derecho a saber si nos estamos ocupando bien, de manera profunda, o si como dicen algunos, nos estamos ocupando de ello por una lucha política instrumental”. “Los ciudadanos tienen derecho a saber y si fuera el caso de criticarnos, pero lo que da más miedo es el silencio”. Un silencio que por diecisiete largos años desde el atentado del 92’ ha creado un muro de goma, detrás del cual están escondidos los acuerdos y los chantajes que han señalado el pasaje entre la primera y la segunda República. El país no puede aceptar verdades parciales sobre éste capítulo, pero éste año algo ha cambiado. Se están abriendo grietas de verdades importantes “incluso gracias a quien ha decidido hablar”, “a pocos magistrados que no se han resignado a considerar la lucha contra la mafia como una cuestión de represión de baja criminalidad”. “Y gracias a la renovada batalla de los familiares de las víctimas y me refiero a Salvatore Borsellino” que con fuerza está despertando las conciencias para pedir que se eche luz sobre los mandantes externos del asesinato de su hermano.
Un compromiso que todos nosotros sentimos hacia los jueces de Palermo, que con sacrificio y dedicación han encontrado la muerte, para transmitir a la sociedad los valores de la honestidad y libertad sobre los cuales debería sostenerse una sana democracia.
Silvia Cordella (de Antimafia Duemila)
7 noviembre de 2009