MI PADRE, LA ELECCION DE UN HOMBRE LIBRE
ENTREVISTA A UMBERTO AMBROSOLI
De Lorenzo Baldo – 16 de noviembre 2009

Porto Sant’Elpidio (Italia). VI edición del Premio literario nacional “Paolo Volponi”. “Literatura y compromiso civil”. Encontramos a Umberto Ambrosoli, hijo del abogado Giorgio Ambrosoli (asesinado por la mafia por mandato del financiero Michele Sindona, el 12 de julio de 1979), en la presentación de su libro “Qualunque cosa succeda” (“Pase lo que pase”).

Umberto Ambrosoli tenía apenas ocho años cuando asesinaron a su padre. Ahora es un abogado milanés, de aspecto templado y sereno, pero así mismo determinado en sus convicciones sobre la fundamental importancia de la legalidad, como un único camino de evolución para una civilización. Un hombre arraigado en la certeza de que siempre es posible elegir de qué parte estar y nadie nos obliga a homologarnos a cosas que no compartimos.

Usted ha dicho recientemente “He comprendido poco a poco las razones de ese homicidio” agregando luego “mi padre todavía estaría solo: tanto hoy como hace 30 años. La sociedad continúa sin ver la legalidad como un valor”. ¿En estos años se ha dado razones (sobre el homicidio de su padre) que han preponderado sobre otras? ¿Y cómo ha llegado a dichas consideraciones?
Son las mismas consideraciones que ha apenas citado. En el delito de mi padre hay dos tipologías distintas de responsabilidades: por un lado la de quien ha querido un homicidio y es obvio que deba ser reconducido a un grupo extremadamente restringido de personas, con ellos se podría sumar a quienes lo han hecho posible, es decir a quien ha hecho de forma tal que Sindona individualizara en Giorgio Ambrosoli al único obstáculo, pero también tiene un nivel de responsabilidad totalmente distinto, que corresponde a la colectividad la cual no ve en el respeto de las reglas un valor para tutelar, sino un problema de otras personas, en cambio el problema es nuestro. Bajo este punto de vista la Italia de ese entonces no es muy distinta de la Italia de hoy. Hoy el ciudadano no ve la legalidad como un momento de unión y sin embargo la legalidad, es decir las reglas, son las que permiten la vida de una sociedad. Si a una civilización se le quitan las reglas, queda solo un conjunto de personas en una dimensión bárbara.
Percibir las reglas como un elemento que no sirve para el crecimiento de la colectividad y sobre todo eludir las reglas en la convicción de que sirva para el crecimiento y para la formación del individuo, es un problema que no es disímil del de entonces. De hecho nuestro país no brilla ciertamente por los valores éticos y por el sentido de justicia, incluso saliendo de una dimensión institucional, llegando a la del comercio, por ejemplo nuestro País tiene grandísimas dificultades para confrontarse a nivel internacional, incluso en lo que se refiere al respeto de las reglas no obstante Italia tenga también a los Giorgio Ambrosoli.

Giorgio Ambrosoli en una entrevista de hace 32 años había dicho: “A Sindona no lo considero una excepción. De Sindona probablemente queda todavía alguno dando vueltas: cambias el nombre, cambias la cara, pero la sustancia queda”. ¿Qué diferencia ve entre “los Sindona” de entonces y “los Sindona” de hoy?
Esa entrevista nos dice todavía hoy que el sistema no ha encontrado aún los modelos para mejorarse, de forma tal de poner tras las rejas a quien construye castillos de naipes, a quien engaña, a quien crea el poder a través de los instrumentos que se concretan en el daño hacia otra persona.
Incluso desde el punto de vista financiero leer íntegramente esa entrevista, que demuestra como los fenómenos de separación entre el mundo económico y el mundo financiero, es decir entre la producción de los bienes de servicio y la dimensión meramente financiera, crea desastres.

¿Cree que en el proceso por el homicidio de su padre hayan responsabilidades a nivel político-institucional, sobre las cuales no ha sido posible hacer plena luz?
No, es más creo que las razones que determinaron ese homicidio estén delante de los ojos de todos, desde hace muchísimos años. En el libro que escribí no hay nada nuevo, no hay nada que ayude a comprender el hecho histórico que no esté ya delante de nuestros ojos desde hace mucho tiempo. El problema es que no hacemos cuentas con ese homicidio, con el porqué, cómo y cuándo fue asesinado Giorgio Ambrosoli. Tomemos por ejemplo el paradigma de la logia P2, ¿se hicieron las cuentas con esa realidad? ¿A partir de qué contexto de investigación ha permitido el descubrimiento? No digo solo desde el punto de vista judicial, porque con gran esfuerzo nos hemos hecho una idea de qué cosa fuese la logia P2, ¿pero se han hecho las cuentas para establecer si era o no tolerable? Hoy asistimos a un fenómeno oportunista de subestimación del contenido de esa agregación. Pero salgamos del hoy, miremos hacia 1990, ¿estar inscripto en la P2 era o no una razón de exclusión de un determinado mundo? ¿E incluso antes, haber comprendido cual fuese el fin y el objetivo, sobre todo los métodos de la P2, ha sido válido para demarcar una línea de separación o no?

Por lo que respecta a Andreotti y al poder que administraba en esa época, ¿cómo valora su obrar, así como sus omisiones, lo que no han hecho, en el momento crucial de la liquidación del Banco Privado, antes y después del homicidio de su padre?
A mí me interesa muy poco de Andreotti, este es un libro dedicado a mis hijos, lo he hecho por ellos, que vivirán en una época en la cual Andreotti será muy probablemente un nombre en una plaza, o en algún monumento, profundizando la historia cualquiera se hará su propia idea. Comprenderá si existe un océano entre la imagen constitucional que investía mi padre y la de muchísimos otros nombres aunque sea con un rol y una responsabilidad mayores que él en la historia.

Le hago la misma pregunta con respecto al poder político, económico y religioso de la época. ¿Cómo evalúa las respectivas acciones y omisiones con respecto al caso que rodea a su padre, antes y después del homicidio?
Hay que evitar de poner todo en la misma bolsa, no nos olvidemos que el poder político de la época estaba representado por Andreotti, pero también por Ugo La Malfa. Estaba representado por quien estaba con Sindona y por quien estaba en su contra, y también por quien no tenía la capacidad de tomar una posición, de informarse, porque incluso esa es una forma de responsabilidad. Por cuanto se refiere al poder religioso, a lo sumo podemos hablar del poder económico ligado a la Iglesia, o del poder económico independiente de la Iglesia, pero incluso allí, son los hombres los que hacen las instituciones.
El IOR salió justamente con los huesos rotos del Banco Ambrosiano, y todavía antes de la Banca Privada Italiana. Y eso porque precisamente en ese período el IOR había decidido convertirse en un banco, con los mismos “escrúpulos morales” de todos los demás, es decir, extremadamente bajos. Pero desde entonces el sistema bancario ha mejorado mucho, no está solo y exclusivamente al servicio del poder, no es solo exclusivamente utilizado, o principalmente utilizado para la creación de una forma de poder alternativo. Incluso mirando el sistema económico-financiero y el bancario, nos damos cuenta de cómo las instituciones puedan crear barreras que nacen de la experiencia de aquellos años.
El acuerdo de Basilea I y el de Basilea II (las líneas de guía en cuanto a los requisitos patrimoniales de los bancos ndr.) nos dicen que en un mundo económico así interconectado a nivel internacional (donde es difícil observar una legislación y descuidar otra y donde algunos han tenido la capacidad de construir, entre las brechas dejadas por las legislaciones individuales), se ha creado una legislación uniforme, o por lo menos se ha intentado hacerlo.
Para esto sirven historias como ésta, para hacernos ver cuáles son los límites y, paradójicamente, podríamos decir que personas geniales como ciertamente lo era Michele Sindona, permiten verlo un poco antes de que el desastre sea sistemático.

¿Cómo ha analizado en estos años la muerte del asesino de su padre, William Aricò, ocurrida de una forma bastante singular?
Su muerte no fue singular, William Aricó era una persona que cometió una enorme cantidad de crímenes, que hizo una serie de confesiones a los investigadores americanos en la perspectiva de un acuerdo sobre su condena, un acuerdo al cual no se llegó, motivo por el cual Aricó trató de evadir, como ya lo había hecho otras veces en su vida, pero ésta vez no lo logró y murió al caer de la ventana desde la cual estaba por escapar. Usted podría hacer la misma pregunta en relación a Michele Sindona, ¿se mató o fue asesinado? Se mató, pero no porque yo tenga necesidad de decírmelo, sino porque hay numerosas verificaciones que clarifican en términos judiciales y no solo la evidencia del suicidio. El punto es que tenemos una continua necesidad de pensar siempre que hay algo más, tenemos necesidad de pensar que alguien sacó del medio a Aricó, tenemos necesidad de pensar siempre que hay algo más, necesitamos pensar que alguien mató a Aricó, necesitamos pensar que alguien haya matado a Sindona, porque así evitamos el enfrentamiento con esa realidad, así nos quedamos convencidos de tener que confrontarnos con algo que va más allá de las pruebas que tenemos, que va más allá de nuestra capacidad de observar. Y entonces por un lado construimos algo negativo, porque no es edificante luchar en contra de un enemigo invisible y por el otro lado evitamos asumir nuestras responsabilidades, o sea, de decir: “Yo puedo hacer algo, yo como un ciudadano individual puedo hacer algo. Y lo primero que puedo hacer es vivir en términos coherentes con los principios fundamentales de una convivencia y por lo tanto con el respeto de las reglas, con el respeto hacia el otro, que es el respeto de las reglas. Yo puedo decir a los demás: para mí estas cosas son importantes, y lo hago a través de mi vida, así construyo la legalidad”. El ejemplo es justamente esto: el epílogo del hecho dramático de mi padre es que una persona puede ser libre, puede ser ella misma, puede hacer las cosas que considera justas aunque le digan: “Te compramos” y dice que no, puede hacerlo aunque le digan “Estas solo” y él puede decir: “No me interesa”, puede hacerlo incluso si le dicen: “Tu vida termina”, porque tu quieres ser tú mismo. Nadie nos obliga a amoldarnos a algo que no compartimos y esto vale para todos los niveles de responsabilidad, para todos.

En su libro hay una dedicatoria a su madre: “Qué ha permitido que papá fuese él mismo hasta el final, qué ha sabido hacerme vivir – en todo – el enorme valor positivo de la historia de papá y de sus elecciones, que – siempre – va hacia adelante”. El rol de su madre es fundamental en la historia de Giorgio Ambrosoli. Según usted ¿cómo habrían podido cambiar las elecciones personales de su padre, y no solo estas, si su madre le hubiese avisado que había leído la carta que él le había escrito?
Pienso que mi padre habría comprendido que mi madre a un cierto punto, había captado el contenido sustancial de esa carta y que justamente con ese conocimiento se haya fortificado, porque ella no hizo nada para impedirle que fuera la persona que él deseaba ser. Y de serlo, no por una afirmación personal, sino justamente por el respeto del vínculo que tenía con ella. Se conocieron evidenciándose uno al otro determinados valores y los llevaron adelante, se conocieron pensando en traer al mundo una familia que creyese en esos valores y juntos dieron ese ejemplo.

¿Por lo tanto no habría cambiado nada?
Pienso justamente que no.

Lorenzo Baldo
Sant'Elpidio a Mare, 16 novembre 2009

 

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